Así como la victoria en 1998 de Hugo Chávez en Venezuela abrió un nuevo momento histórico, parece que hoy asistimos, después de casi 20 años, al tránsito hacia otra etapa, en la que la gente se inclina preferentemente hacia opciones que se encuentran en el lado opuesto del espectro ideológico.

Los síntomas que expresan esta nueva situación se dan no solo en nuestro subcontinente sino en todo el mundo. Hace apenas dos días en los Estados Unidos, por ejemplo, el Partido Republicano eligió en su convención nacional al impresentable de Donald Trump, candidato que se encuentra a solo cuatro puntos de su rival demócrata Hilary Clinton en la carrera hacia la Casa Blanca, y que en su discurso de aceptación de la nominación encadenó no solo incongruencias, falsedades y mentiras, sino también amenazas de enrumbar a su país por un rumbo fascistoide que harían de su país una amenaza mayor de la que ya es para la paz mundial.

Mientras tanto, en Francia, Jean-Marie Le Pen y su partido de extrema derecha se perfilan como probables ganadores de las próximas elecciones presidenciales y en España, a pesar de todo lo avanzado por Podemos, vuelve a ganar el Partido Popular en segunda ronda de elecciones.

A ello debemos apuntar el gran avance del electoral del Partido de la Libertad en Austria, en donde había perdido las elecciones recientemente por un mínimo de votos que, sin embargo, deberán repetirse próximamente y en las que tienen enormes posibilidades de acceder al poder.

Existe, por lo tanto, un marcado desliz de la balanza hacia opciones de derecha como salida a inquietudes muy variadas, pero que pueden resumirse en una sensación de amenaza, real o no, del estatus de vida, sobre todo de las clases medias, y de pérdida de confianza en políticos tradicionales.

En América Latina, las perspectivas para los países con gobiernos nacional progresistas parecen igualmente poco halagüeñas en el corto y mediano plazo. En principio, aparentemente asistimos a un período de tránsito hacia un período de restauración neoliberal ferozmente beligerante con visos de revancha, tal como hemos podido apreciar en Argentina y Brasil, cuyos gobiernos no encuentran parangón en nuestros días más que con lo que, eventualmente, podría ser un gobierno de Trump en los Estados Unidos.

En este contexto, se avizoran difíciles momentos para Cuba. En primer lugar, ya Raúl Castro evidenció, en discurso pronunciado ante la Asamblea Nacional del Poder Popular el 8 de julio pasado, las dificultades económicas por las que ha travesado la isla en el primer semestre de este año, ante los problemas de Venezuela para hacer efectivo su apoyo solidario dado el momento de apremio económico por el que atraviesa.

A eso debe agregarse el nuevo momento histórico que se abre por el restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos que, por un lado, abrió inicialmente expectativas de mejoramiento de la situación económica para la gente y, por otro, llevó a un nuevo nivel la batalla cultural. En esa nueva situación, la Revolución se enfrenta a un contrincante avezado como ninguno en la promoción de su modo de vida como arma para ganar corazones y conciencias.

Lo que los cubanos han llamado desde hace años “la batalla de ideas” adquiere hoy una dimensión fundamental. Van a ella con la necesidad de modernizar su arsenal ante el formidable reto que se les presenta, y cuando Fidel, quien otrora con su liderazgo supo no solo instruir y direccionar sino, también, convencer y consensuar, se encuentra en las postrimerías de su vida política.

¿Estamos en tránsito hacia un nuevo momento histórico que hace solo unos seis o siete años era impensable en medio del auge de los gobiernos nacional progresistas en América Latina? ¿Se viene encima la restauración del modelo neoliberal en su expresión más descarnada? ¿Volverá Cuba a navegar en solitario en medio de un mar embravecido que la amenace permanentemente?

(*) Rafael Cuevas Molina. Escritor, filósofo, pintor, investigador y profesor universitario nacido en Guatemala. Ha publicado tres novelas y cuentos y poemas en revistas.
Es catedrático e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela) de la Universidad de Costa Rica y presidente AUNA-Costa Rica.