Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En este mes de junio la Cuestión Malvinas y el proceso de integración regional ocupan el lugar central de los análisis que contiene el Boletín mensual de Iniciativa Sur. El itinerario que el gobierno nacional sigue en ambas temáticas resulta preocupante. Pasados los primeros seis meses de la nueva gestión los retrocesos resultan evidentes.

El gobierno de Mauricio Macri está trasponiendo peligrosamente los límites que demarcan una política exterior representativa de la defensa autónoma de los intereses nacionales de otra que implica la subordinación a los centros de poder político, económico y financiero internacional. El argumento de la reinserción de la Argentina en el mundo ha dado lugar a un categórico giro en la política exterior que, en términos concretos, implica pérdida de autonomía y alineamiento con la política de Estados Unidos y sus aliados, entre ellos con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. En el contexto regional tal giro implica la constitución de esquemas de alianza con quienes alientan, desde Brasil hasta la Alianza del Pacífico, la adscripción al neoliberalismo y la consiguiente derechización de la política regional.

La Cuestión Malvinas ha sido desplazada por el gobierno del presidente Macri a una zona periférica. La canciller Susana Malcorra, en su paso por la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados para exponer los lineamientos de la política que lleva adelante, definió la política exterior argentina y sus prioridades usando la figura de los círculos concéntricos que, partiendo de nuestro país, se proyectan desde nuestra región y continente hacia el resto del mundo. Habló sobre la situación de la integración regional, la relación con Estados Unidos y Europa, la vinculación con otras regiones más lejanas… Malvinas apareció en su exposición al referirse al círculo concéntrico en el que el gobierno ubica al Reino Unido, allá, en la vieja Europa.

Después de escuchar a la canciller pude manifestarle que me parecía interesante su perspectiva de los círculos concéntricos pero que consideraba que debía tenerse en cuenta que en el primer círculo concéntrico, y por lo tanto con el más alto nivel de prioridad, debe ubicarse a Malvinas ya que una importante porción de nuestro territorio está ocupada por una potencia extranjera, existe una disputa de soberanía formalmente reconocida por Naciones Unidas y esa potencia extranjera viola el derecho internacional mediante acciones unilaterales que implican militarización y explotación de recursos naturales. Mientras parte del territorio nacional esté usurpado, Malvinas será una prioridad de la política exterior y una causa nacional que demandará una política de Estado.

El silencio del gobierno ante las violaciones británicas del derecho internacional, la desjerarquización del área específica de la Cancillería que tiene a cargo la Cuestión Malvinas (pasó de Secretaría de Estado a Subsecretaría), la asimetría en las posiciones y declaraciones de las partes en los encuentros bilaterales mantenidos por el presidente y la canciller con sus pares británicos que denotaron la minimización de la reivindicación por las autoridades argentinas frente a posiciones de carácter explícito y contundente por el lado británico, fueron algunos de los tópicos que sostuve ante la Canciller. Otros colegas participantes de la reunión hicieron similares observaciones, especialmente en lo referido a las acciones de exploración hidrocarburíferas recientes, de las que se desconocen protestas y denuncias del gobierno argentino.

La ingeniera Malcorra explicó que el gobierno propone un “cambio de tono en el diálogo con el Reino Unido” y que la política oficial se enmarca en la Cláusula Primera de las Disposiciones Transitorias de la Constitución Nacional. Lo que ocurre, en realidad, es que el cambio de tono argentino consiste sistemáticamente en callar o minimizar. No pasa lo mismo con los británicos que han sostenido el tono filoso y lacónico de sus expresiones reivindicatorias de la votación a la que denominan referéndum por la que se consultó a los habitantes británicos de las islas la obviedad de si querían seguir siendo británicos.

En este contexto, la política de callar y omitir que ha inaugurado el macrismo se aproxima cada vez más a la riesgosa situación de otorgar y ceder. El periódico Perfil en uno de sus frecuentes movimientos pendulares, que por momentos lo ponen en el lugar de la crítica abierta al oficialismo, describió la situación con un título más que elocuente: “Londres muestra los dientes por Malvinas pese a la ‘buena onda’ de Cameron y Macri”.

En este escenario no podemos dejar de preguntarnos cuál es el interés que mueve al gobierno nacional y las ventajas que espera obtener en la ejecución de esta versión siglo XXI de la política del paraguas de soberanía. Es difícil saberlo por ahora, aunque la cuestión de la explotación de los recursos naturales en el Atlántico Sur y la concreción de inversiones británicas en la Argentina podría estar en el centro de la agenda. Tras la reunión de Malcorra con su par británico Phillips Hammond la Cancillería informó que “ambos Cancilleres expresaron las posiciones de sus países respecto a la Cuestión Malvinas y coincidieron en que el desacuerdo en este tema no debe obstaculizar el desarrollo de una agenda positiva más amplia. Manifestaron la necesidad de identificar posibles áreas de cooperación en el Atlántico Sur, tales como la explotación de recursos naturales y conectividad entre el continente y las islas….”.

Habrá que estar atentos a las implicancias que tal cooperación podría tener. Debe tenerse presente que está vigente una estricta legislación argentina en materia hidrocarburífera que establece sanciones administrativas y penales a quienes realicen tareas de exploración y explotación en la plataforma continental argentina, incluida Malvinas, sin la autorización del gobierno nacional.

Entre los inquietantes interrogantes que se abren de las sorprendentes omisiones del gobierno argentino surgen los siguientes: ¿Es imaginable que el gobierno argentino pueda otorgar autorizaciones a las empresas hoy habilitadas por el gobierno británico para evitarles las sanciones que prevé la legislación nacional? ¿Puede la Argentina, sin poner en riesgo la reivindicación de soberanía cooperar en materias que hoy aborda la legislación nacional desde un criterio de soberanía de los recursos naturales existentes en el área de Malvinas? ¿Qué beneficios económicos podría obtener la Argentina de tal situación? ¿Sería compatible con la reivindicación de soberanía argentina un acuerdo para la eventual explotación de los recursos? De lo dicho y actuado por el gobierno no se desprenden respuestas a tales interrogantes.

Por lo pronto, la cuestión de la candidatura de Susana Malcorra a la Secretaría General de Naciones Unidas se ha colado en la relación bilateral con el Reino Unido y, por tanto en la Cuestión Malvinas. Desde el lado británico hay sectores que expresan preocupación por la situación: The Telegraph, por ejemplo, ha calificado como un dilema para el gobierno británico a la candidatura de Malcorra. En el Consejo de Seguridad el Reino Unido coincide habitualmente en sus posiciones con el principal patrocinante de Malcorra, Estados Unidos. El periódico británico deja traslucir el estado de inquietud y desconfianza que representa la posibilidad de que la Secretaría General sea ocupada por alguien de nacionalidad argentina.

Del lado argentino predomina el recato, aunque sobrevuela una inquietante sospecha: ¿podría estar operando como moneda de cambio de la candidatura de Malcorra al más codiciado sitial internacional el más sensible tema de la política exterior nacional? El cambio de tono que preconiza el gobierno podría tener que ver, entre otras motivaciones, con esta situación. Afirmarlo en este momento sería imprudente e impopular ya que jugar contra la pretensión de que una argentina ocupe el lugar que nunca antes una mujer ni un argentino ocuparon resultaría políticamente incorrecto. De todos modos habrá que prestar especial atención a esta situación que puede condicionar fuertemente a futuro nuestra reivindicación de soberanía.

El próximo jueves 23 de junio tal vez tengamos alguna impresión más clara de las verdaderas intenciones y motivaciones del gobierno argentino. Ese día el Comité de Descolonización de Naciones Unidas tratará la Cuestión Malvinas y allí estará haciendo uso de la palabra la canciller Malcorra. Es de esperar que no arriesgue demasiado en su discurso: la amenaza del veto del Reino Unido a su candidatura en el Consejo de Seguridad estará presente cual espada de Damocles sobre su cabeza. Ese mismo día será el referéndum por el Brexit que viene convulsionando a la política británica. Y también es el día que la Presidencia de la Cámara de Diputados ha elegido para constituir el Grupo Parlamentario de Amistad con el Reino Unido, un gesto más del cambio de tono del complaciente oficialismo argentino.

La cuestión regional se encuentra también en un momento crítico. El golpe de Estado en Brasil ha consolidado un contexto de derechización de la política en América Latina y revivido la amenaza contra la democracia en los países de la región.

El gobierno del presidente Macri no solo se apuró el reconocimiento del gobierno de Michel Temer, sino que además recibió a su canciller con expresiones de amistad y apoyo. José Serra, viejo contrincante electoral de Lula y Dilma y uno de los senadores implicados en el golpe, llegó a la Argentina como jefe de Itamaraty para expresar su adhesión a la política de flexibilización del Mercosur, ratificando que las políticas neoliberales y de libre comercio van de la mano en la agenda que hoy une a Macri y a Temer.

El macrismo muestra una de sus peores rostros ante la crisis política, institucional y económica en Brasil. A sus conocidas posiciones pro mercado y pro empresarias suma ahora su impronta pro golpista. Y resulta especialmente preocupante que el pro golpismo haya sido expresado de manera explícita en la Cámara de Diputados para bloquear el debate y la votación de una resolución de condena al golpe. Fueron diputados radicales, ayer alfonsinistas y hoy macristas, los que obturaron la discusión sobre el estado de la democracia en Brasil. Algo impensado años atrás.

Las posiciones abiertamente neoliberales del gobierno provisional brasileño dejan el camino allanado para que el macrismo avance con sus iniciativas en favor del libre comercio. La integración de la Argentina como miembro observador de la Alianza del Pacífico, que se concretará en los próximos días en la cumbre de Chile, constituye un primer paso hacia una más abierta adscripción a los múltiples TLC que se ofrecen a la Argentina.

Mercosur pretende ser convertido en una plataforma del libre comercio en la región y el gobierno argentino se perfila como el más firme promotor de ese tipo de acuerdos. Para quienes nos sentimos comprometidos con la defensa del trabajo, la producción y de un modelo de integración regional que promueva la consolidación de un mercado nacional y regional fuerte y dinámico, la nueva situación marca la necesidad de dar el paso desde posiciones de advertencia y denuncia de los riesgos que conllevan los TLC a la resistencia a ese tipo de acuerdos y asociaciones. Una vez más, serán las fuerzas populares las que resistan el embate del capitalismo salvaje que empuja a los países de la región hacia el libre comercio. Desde Iniciativa Sur nos sentimos comprometidos con esa resistencia y con el sostenimiento de un modelo de desarrollo productivo.

Guillermo Carmona. Diputado Nacional de Mendoza por el Frente para la Victoria.

Iniciativa Sur