Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

No son infundados los temores de los dirigentes sindicales, pues hay motivos para sostener que la quiebra de Enatex no sea una excepción sino el inicio de una ola de crisis similares

Apesar de que ya desde hace mucho tiempo fueron acumulándose los antecedentes relativos al inminente colapso de Enatex, y fue muy anunciada la decisión gubernamental de proceder a su cierre, no ha dejado de sorprender lo vigorosa que ha sido la reacción de los trabajadores que fueron despedidos de esa empresa. Y más aún, la decisión de los principales dirigentes de la COB que han decidido recuperar su independencia sindical para salir en defensa de sus afiliados.

Visto aisladamente, podría parecer desproporcionado el conflicto social que ha desencadenado, más aún si se considera que los lazos de dependencia que fueron tejiéndose entre el Gobierno del MAS y las élites sindicales parecían de una solidez indisoluble. Pero, el caso dista mucho de ser aislado y hay muchos motivos para temer que la quiebra de Enatex no sea más que el inicio de una ola de crisis similares, que ya se avizora tanto en el sector público como en el privado.

En ese contexto, no resultan infundados los temores de los dirigentes sindicales. Tienen, entre sus más sólidos fundamentos las declaraciones de las principales autoridades del área económica, según las que mantener las operaciones de las empresas estatales deficitarias es incompatible con la preservación de la salud de la economía nacional, por lo que su cierre sería inevitable.

Tan importante afirmación ha sido hecha en más de una oportunidad y de una manera categórica por funcionarios jerárquicos del Ministerio de Economía y Finanzas. Y por si aún hubiera algún lugar a dudas, el Vicepresidente del Estado ha señalado hace pocos días el rumbo a seguir y el criterio que guiará los actos gubernamentales en el caso Enatex y otros similares. “Toda empresa del Estado tiene que generar ganancias, es neoliberal tener empresas públicas que generen pérdidas, es socialista y revolucionario tener empresas públicas que generan ganancias”, ha dicho, desahuciando así cualquier condescendencia.

Más allá de las disquisiciones teóricas y doctrinarias a las que tal afirmación se presta, lo importante desde el punto de vista práctico es que tan peculiar manera de entender la causa antineoliberal y socialista tiene muy previsibles consecuencias políticas y sociales. Una de ellas, la más obvia, es el distanciamiento del movimiento sindical, principalmente del fabril, de la línea gubernamental.

No podía ser de otro modo pues, como lo indican todos los datos disponibles, son muchas las empresas públicas cuyo destino no puede ser diferente del de Enatex, a no ser que el Gobierno, ante la presión social, opte por dar un viraje y asuma las pérdidas, aún sabiendo que ésa sería la vía más expedita hacia el colapso de la economía nacional.

No es de fácil solución el dilema en el que se ha puesto a sí mismo el Gobierno al sobreestimar su propia capacidad para administrar empresas públicas, por una parte, y al subestimar al movimiento sindical organizado, por la otra. Por eso, como en muchos otros temas, sólo cabe esperar que una dosis de autocrítica y humildad ayude a nuestros gobernantes a reconocer sus limitaciones, única forma de enmendar los errores cometidos y buscar soluciones estructurales y no parches momentáneos.

Los Tiempos