“No estuve de prestada en el sillón de la Casa Rosada”

Por Pedro Brieger, director de NODAL

La ex presidenta Cristina Fernández convocó a varios medios de comunicación internacionales a su casa en El Calafate, al sur de la Argentina. En el encuentro, además de NODAL, estaban la cadena Al Jazeera de Qatar, el diario La Jornada de México, la cadena Telesur con sede en Caracas, la agencia de noticias Reuters del Reino Unido y la agencia rusa Sputnik.

El 9 de diciembre de 2015 la ex presidenta Cristina Fernández estuvo por última vez en la Casa Rosada, la sede del gobierno argentino. A diferencia de muchos gobernantes latinoamericanos que han abandonado sus cargos desprestigiados y vapuleados, y que se han retirado a hurtadillas por la puerta trasera, “Cristina” -como la llaman los argentinos- organizó una inédita fiesta popular frente a la Casa Rosada, en la conocida Plaza de Mayo. Miles de personas estuvieron allí para despedirla en un acto que no tiene precedentes, ya que no es común que un mandatario, minutos antes de dejar el cargo, organice un acto multitudinario en su apoyo. En la noche del 9 de diciembre se pudo palpar una mezcla de tristeza y devoción por esa mujer que presidió la Argentina entre 2007 y 2015, después de que lo hiciera su marido Néstor Kirchner, que accedió al poder en 2003 como emergente de la profunda crisis del año 2001 producto de años de políticas de cuño neoliberal.

El Calafate, donde vive la ex presidenta, es un pequeño pueblo de unos 20 mil habitantes sobre el Lago Argentino en la provincia de Santa Cruz, en el sur del país, a más de 300 Km. de Río Gallegos, la capital provincial. A simple vista, y por la escasa vegetación que se observa la región del Calafate es inhóspita. Sin embargo, navegando por el lago se llega a una de las maravillas más espectaculares que tiene la naturaleza, el imponente glaciar Perito Moreno, una gigantesca masa de hielo de varios kilómetros de longitud y cuyo frente alcanza más de 50 metros de altura.

La casa de la ex presidenta está lejos de ser la mansión de una persona acaudalada que se oculta detrás de pesados muros, como muchos poderosos suelen tener para evitar las miradas indiscretas. Por el contrario, la pequeña tranquera permite que se vea perfectamente la casa, y la baja empalizada de troncos tampoco es un obstáculo para que cualquiera se asome y trate de distinguir la figura de la ex presidenta mientras camina por los jardines o vea los perros corriendo sin control. Es más, en la puerta de entrada suelen encontrarse personas que miran hacia el interior de la casa y que apenas son observados por la discreta y mínima custodia policial. Un rasgo distintivo de la propiedad es el hermoso parque lleno de árboles y un espacio para los rosales que Cristina Fernández cuida con sus propias manos y se encarga de explicar –antes de comenzar la entrevista- que se ocupa de ellos y son de diferentes variedades y colores.

La última vez que me encontré con la ex presidenta fue en el año 2008, invitado para sumarme en el avión presidencial a una gira que abarcó la ciudad de Washington por un encuentro del G20 y luego continuó, cruzando el Atlántico y el Mediterráneo, para recalar en Túnez, Argelia, Egipto y Libia, cuando nadie podía imaginar que tres de los cuatro mandatarios visitados serían derrocados por revueltas populares, aunque en el caso de Libia con una fuerte intervención extranjera, que la ex presidenta no dejó de recordar ahora durante nuestro diálogo.

El encuentro formal entre los seis periodistas y la presidenta se realizó en un quincho cerrado inaugurado recientemente con escasos muebles, donde sobresale una chimenea de leños apagados y un canasto repleto de piñas silvestres.

Durante dos horas Cristina Fernández, vestida con pantalón, remera y una ruana que la envolvía, habló con soltura y distendida de geopolítica internacional y los cambios que se dan en la Argentina y la región como si aún estuviera en el poder.

Una vez apagadas las luces y los micrófonos y luego de las sesiones de fotos de rigor nos ofreció masitas y chocolates para continuar la conversación de manera distendida. Vale la pena resaltar que el buen humor de la ex presidenta tampoco se alteró cuando le preguntaron sobre los casos de corrupción de funcionarios ligados a su gobierno o sobre las causas judiciales en su contra. De manera enfática y para que cualquiera pudiera entender su mensaje subrayó que “no van a encontrar ningún Kirchner en Panamá”. Cuando se le preguntó si le temía a la cárcel manifestó sin medias tintas “en absoluto”, porque “ser peronista en este país no fue gratis”, recordando la historia de persecuciones que sufrió el movimiento peronista del que forma parte desde joven.

Si bien la idea de la entrevista no era realizar un balance de su gestión, fue muy tentador preguntarle por los años que gobernó tomando en cuenta que hace siete meses dejó el cargo y hasta nuestro encuentro no había realizado declaraciones en un ámbito relajado y distendido.

Cristina Fernández habló de casi todos los temas que cualquier persona, y no sólo un periodista- desearía escuchar. Se refirió al gobierno del presidente Mauricio Macri y de su giro radical en casi todos los aspectos de la vida económica, social y diplomática. Se explayó sobre la historia argentina que la “apasiona” y de su admiración por Manuel Belgrano; de los cambios en el contexto latinoamericano, de Brasil, del rol de Estados Unidos, de las experiencias destituyentes de los gobiernos progresistas, de la deuda externa, de la crisis de los bancos, de los fondos buitres, de la dirigente social Milagro Sala como “presa política”. Habló de los aumentos de precios que afectan a todos porque “las facturas de gas las tienen que pagar los k y los antik” y de las medidas del nuevo gobierno al que trató con dureza pero con respeto y no se privó de criticar al presidente Macri que tiempo atrás reprobó el uso del gas que hacen los argentinos. Al respecto, la ex presidenta afirmó “nunca me enojé porque un argentino prendiera una estufa de gas o el aire acondicionado”.

Para un periodista una larga conversación con un presidente en el cargo o cumplido su mandato siempre tiene un atractivo especial. Uno también es consciente de que no se pueden abarcar todos los temas y varios quedan en el tintero. Cristina Fernández es una estadista que no está retirada y como ella misma recalcó “no estuve de prestada en el sillón de la Casa Rosada.” Sus palabras importan porque su figura trasciende la Argentina y América Latina.

Acceda a leer la entrevista completa aquí

Video completo del encuentro 


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