Por Emmanuel Ganora

Es la mañana del jueves. Gabriel Boric, diputado por Magallanes, sale a uno de los patios de la Cámara a fumar un cigarro. Minutos antes, su par UDI Osvaldo Urrutia había pedido la palabra en el hemiciclo para denunciar al legislador autonomista por el banderazo que -en complicidad con el legislador RD Giorgio Jackson- había realizado en la mañana del martes.

El parlamentario gremialista denunció a los diputados por ingresar “de contrabando” un símbolo patrio que -acusó- “ultrajaron” con consignas del movimiento estudiantil. Y pidió que la Comisión de Etica investigara el hecho y aplicara las sanciones correspondientes. “Desconozco si poner una bandera reivindicando el derecho de la educación viola una norma. Si nos quieren pasar a la Comisión de Etica, nos vemos ahí. No tengo problema”, comentó Boric ese día.

La performance ocurrió a horas de que el Ejecutivo ingresara su proyecto de educación superior, en el que establece las bases para un sistema de gratuidad parcial. La iniciativa cuenta con el rechazo del movimiento estudiantil, rectores de universidades y de diputados como Jackson y Boric.

La Presidenta Bachelet prometió gratuidad en la educación. Ahora, el ministro de Hacienda se cuestiona si es factible la gratuidad universal. ¿Hubo engaño en la campaña?

Hay un comportamiento muy errático en el gobierno, porque no tenían unidad política. Lo que significó la candidatura de Bachelet es que era la única persona que podía llevarlos al gobierno de vuelta. La unidad fue en torno a una perspectiva de volver al poder, más que en torno a la convicción de un programa transformador.

El ministro de Hacienda apuntaba a los recursos limitados. ¿Es posible la gratuidad universal en un país en vías de desarrollo?

Se puede avanzar más decididamente en gratuidad universal, porque hoy los recursos existen, el problema es dónde están . Nosotros partimos nuestra propuesta desde el momento en que se presentó la reforma tributaria, en donde no se tocó el IVA ni la gran minería chilena  y se terminó dependiendo de un modelo de desarrollo basado en picar cerros. Ahí no hay una voluntad de cambio del gobierno. Nosotros creemos que esos recursos están, pero requieren de transformaciones más profundas en esos ámbitos. Incluso con los recursos que hay hoy creemos que podría haber una mayor decisión del gobierno. Partieron diciendo que la gratuidad universal se concretaría de aquí a seis años, y hoy están hablando de cerca de 30. Esa es una irresponsabilidad del gobierno de no hacerse cargo de lo que ellos mismos comprometen.

¿Por qué habría que financiar la educación de la gente con más recursos?

La educación no es gratis, la pregunta es quién la financia. Nosotros decimos que es el Estado, y para allegar esos recursos al Estado, debe haber un costo de los más ricos. Nosotros creíamos que eso se hacía mediante una reforma tributaria más incisiva. Estoy abierto a discutir la gradualidad en función de la realidad, pero el gobierno no tiene convicción respecto de las virtudes de la gratuidad universal. ¿Por qué habría que pagarles la educación a los chicos del Grange, por ejemplo? Es evidente que una matrícula como la del Grange no puede ser financiada por el Estado, pero el hecho de que exista la posibilidad de que estudiantes puedan segregarse del resto de la sociedad y estudiar aparte de la realidad del país, termina generando una fisura social que reventará en un determinado tiempo. No se trata de igualar hacia abajo, sin embargo, incluso la discusión sobre la gradualidad está fuera de foco en el gobierno.

Los opositores a la gratuidad universal indican que si los recursos son escasos, hay que priorizar por los que más necesitan.

Siempre hay un costo alternativo del uso de los recursos. El hecho de que la educación tenga el potencial de ser un aglutinador social me parece que es una de las principales prioridades que debe asumir el país, porque finalmente de ahí derivan los problemas que tenemos en Chile. ¿Eso significa que no tenemos que gastar en salud o en mejorar el sistema de pensiones? No. Desde ese punto de vista, las prioridades están mal puestas, porque tampoco se está haciendo una reforma sustantiva en salud, más allá de la infraestructura, o se esté pensando en cambiar el sistema de pensiones.

¿Entonces?

La pregunta es dónde están yendo las lucas. Las lucas están en una administración de un modelo que está mal endémicamente. Generalmente, los presupuestos son de arrastre,  de una administración a otra, y no hay mucha voluntad de cambiarlo, porque eso genera costos. El gran empresariado genera presiones a través de canales que no son visibles ni democráticos para la mayoría de la sociedad. La discusión sobre el modelo de desarrollo es necesaria para poder solventar los problemas de recursos que tenemos ahora.

¿Está dispuesto a discutir una gratuidad de aquí al 2030?

No, pues, porque eso es patear la pelota al córner y sacarla de la cancha. Estamos dispuestos a conversar la gradualidad, pero sin poner en cuestión el espíritu de la reforma. Desde el mundo social es claro: gratuidad universal.

Los proyectos del gobierno suelen moderarse en su trámite legislativo, y esta iniciativa ya partió moderada a juicio del movimiento estudiantil. ¿En qué terminará?

Son las contradicciones que se han expresado por no molestar mucho a nadie. El gobierno prefirió no incomodar al mundo empresarial y a los que ven un negocio en la educación. Nosotros no vamos a caer en eso. Desgraciadamente, el gobierno al final empuja una reforma que no cumple con las expectativas de quienes venimos dando esta lucha desde hace más de 10 años. En ese sentido, no podemos apoyar cualquier cosa. No porque una reforma se llame reforma va a ser necesariamente buena. Tenemos que discutir la dirección de la misma. Y la que se presentó constituye un perfeccionamiento de un modelo de mercado, más que un cambio en la estructura de este sistema para consagrar el derecho a la educación.

¿Hay una autocrítica por no haber incidido en esta reforma?

Lo que se presenta no depende necesariamente de nosotros. ¿Se podría haber hecho más? Seguramente. Pero no me cabe ninguna duda de que el movimiento social ha hecho todos los esfuerzos por incidir, no solamente quedarse al margen criticando, pero desgraciadamente no fueron escuchados. Lo mismo les pasó a los rectores.

Mientras, el rechazo social al movimiento estudiantil sube. Según la encuesta Adimark, de un 14% de desaprobación que tenía en 2011, ahora se alzó a un 31%.

El apoyo a las demandas del movimiento estudiantil sigue siendo sustantivo en esta encuesta, más del 60%. Los procesos sociales no se pueden medir con una foto estática, uno tiene que ver la foto panorámica. El movimiento estudiantil también tiene que cuestionarse permanentemente respecto de si sus formas de movilización se condicen con los objetivos políticos declarados que tiene el movimiento estudiantil. En los últimos meses, el movimiento ha hecho esfuerzos por desmarcarse de la violencia. Pero sigue habiendo un apoyo sustantivo al movimiento estudiantil.

¿Incidió en este rechazo la muerte de Eduardo Lara en Valparaíso? ¿Y los destrozos en la Gratitud Nacional en junio?

La muerte del trabajador en Valparaíso es condenable, inaceptable y no puede haber ningún espacio de duda de que hay un problema al que debe ponerse coto. Sin duda que eso incide, y eso ha sido recogido en el proceso de reflexión y autocrítica que ha tenido el movimiento estudiantil.

La Tercera