Tres Guarani-Kaiowás fueron heridos durante un atentado en la noche del lunes (11), en la Tierra Indígena Dourados-Amambaipeguá I, municipio de Caarapó, Mato Grosso del Sur – región centro-oeste de Brasil. La ciudad está localizada a 273 km de la capital del estado, Campo Grande. Un adulto de 32 años y dos adolescentes, uno de 15 y otro de 17, fueron heridos, mientras hacían danzas rituales. La sospecha es que estancieros de la región fueron los responsables de los atentados.

El joven de 17 años está en estado grave, con una bala alojada en el tórax. Él esta siendo atendido en un Puesto de Salud dentro de la reserva y no corre riesgo de muerte.

Las víctimas aun aguardan condiciones de seguridad para que sean llevadas para un hospital, en el municipio Caarapó. Ministerio Público, Fuerzas Armadas, Fuerzas Nacionales de Seguridad y líderes indígenas están reunidos para organizar el traslado al hospital e intentar identificar a los autores de los tiros.

El 14 de junio, hace casi un mes, el indígena de la etnia Kaiowá, Cloudione Souza, 26 años, fue asesinado en el mismo local. Los tiros dejaron diez heridos, incluso un niño, según los relatos de indígenas.

Acuerdo

En la semana pasada, el sindicato ruralista de la región, los indígenas y el Ministerio Público firmaron un acuerdo de paz, en que los ruralistas se comprometieron a no usar más violencia, así como los Kaiowás a no realizar las “retomadas”, que es como se denomina a las ocupaciones de tierras tradicionales.

El acuerdo fue realizado después de atentados en junio. Una semana después, los Kaiowás fueron nuevamente atacados, aunque no hubo heridos.

A pesar de estar cumpliendo el acuerdo, los guardias fueron sorprendidos por la acción truculenta. “Ellos venían bien despacio. Al frente, el tractor con los faroles encendidos. Atrás, las camionetas, con las luces apagadas. Ahí, ellos comenzaron a gritar ‘¡salgan de ahí, vagos!’, y venían en nuestra dirección”, relató C., uno de los supervivientes del ataque del lunes a los integrantes del Consejo Indigenista Misionero (Cimi).

“Ahí apagó las luces del tractor, y encendió las de las camionetas. Fue ahí que dos hombres dentro del tractor aparecieron y comenzaron a disparar, y otros de las camionetas también salieron disparando, y salimos corriendo todos”, continua comentando otro indígena, R., también herido por los tiros.

Motivo del conflicto

La tensión en la región ocurre porque los Kaiowá están intentando retomar las tierras tradicionales, de donde fueron removidos para ser colocados en una pequeña área.

“La reserva es un cuadrito, bien superficial. Tiene tres mil hectáreas para cerca de cinco, siete mil personas. Es un espacio muy pequeño, confinado. Desde que fueron desplazados de sus tierras tradicionales, en la década del ’20, ellos han luchado para regresar para los territorios tradicionales. En el 2007, un Término de Ajuste de Conducta (TAC) del Ministerio Público forzó a la Funai [Fundación Nacional del Indígena] a reconocer esas remociones”, explicó Matias Rempel, misionero del Cimi, que está en el local.

“Finalmente, en el 2016, el informe fue concluido y la Funai publica el reconocimientos de 55 mil hectáreas. Lo que dá esa tensión es que los productores se reúnen para exigir la revocación porque eso fue publicado por el gobierno Dilma, como se fuese un contra golpe a ella. Una locura de ellos”, afirma. Desde el 2012, ocurrieron 10 “retomadas”, una de ellas después del atentado de julio.

Desde el primer atentado en el mes pasado, las Fuerzas Nacionales de Seguridad están en el local para garantizar la seguridad. Los Guaraní-Kayowás reclaman, sin embargo, que ellos no atendieron el llamado alrededor de las 21h, cuando percibieron señales de la trampa. Los agentes de seguridad sólo llegaron cerca de las 23h, después de los tiroteos, y no habrían providenciado el traslado de los heridos.

El Ministerio de Justicia fue consultado sobre la actuación de las Fuerzas Nacionales de Seguridad, pero hasta la publicación de esta nota no obtuvimos respuesta alguna.

Brasil de Fato