Aristarco Aquino es zapoteco. Lo sigue siendo. Nació en el municipio de Yalalag. Estudió para maestro de primaria en las normales rurales de Reyes Mantecón, Oaxaca, y Mactumatzá, Chiapas, e historia en la Normal Superior de México. Fue secretario general de la sección 22 de Oaxaca entre 1989 y 1992.

El profesor Aquino es un crítico consistente e informado de la reforma educativa. Su repudio viene del profundo conocimiento que tiene de la educación básica en su estado, producto de su experiencia práctica y del estudio. Sin embargo, según Aurelio Nuño y diversos articulistas, su rechazo proviene de que defiende canonjías y privilegios.

Aristarco nació en 1951, en el seno de una familia campesina e indígena. Su padre se dedicaba por temporadas a labrar el campo y al comercio de café. Lo perdió cuando tenía un año y ocho meses. Creció hablando zapoteco. Aprendió español hasta los seis años, al entrar a la escuela primaria.

El maestro Aquino estudió en la secundaria Benito Juárez de Yalalag, caracterizada por una muy peculiar mística. Fundada en 1959 por esfuerzo de los ciudadanos del municipio, los profesores que daban clases allí no recibían pago alguno. Su trabajo era un servicio a la comunidad y un honor del que disfrutaban.

Aristarco Aquino comenzó su carrera profesional en la normal rural Moisés Sáenz, de Reyes Mantecón, pero tuvo que concluirlos en Chiapas, cuando el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz cerró por la fuerza 15 de las 29 existentes. Allí se formó con la convicción de que como profesor, además de desarrollar actividades docentes, debía cooperar con la comunidad.

La primera escuela donde dio clases, en 1970, era unitaria y se ubicaba en Santa María Tonaguía, única comunidad mixe perteneciente a un distrito zapoteco. Para llegar debía caminar seis horas desde la cabecera de la zona. Allí tuvo que aprender más primeros auxilios y hacerla de enfermero. Era, además, promotor cultural y deportivo, asesor y redactor de los documentos de la localidad. Cuando llegaban enviados de dependencias gubernamentales a visitar a la comunidad le tocaba servir de intérprete.

Aristarco estuvo 20 años frente a grupo, dando clases de primaria y siete horas en una secundaria para trabajadores en la ciudad de Oaxaca. Como dirigente sindical nunca consiguió una hora más de clases ni ventajas laborales de ningún tipo.

El profesor zapoteco comenzó a participar sindicalmente en 1977, como parte de un grupo que se movilizó en contra de la afiliación forzosa de los maestros a Vanguardia Revolucionaria. Desde entonces luchó activamente contra el charrismo sindical. Fue pionero en la labor organizativa que permitió que en mayo de 1980 estallara el movimiento democratizador en Oaxaca.

Aristarco combinó el trabajo en las aulas con el compromiso con las comunidades y la lucha sindical, buscando democratizar la vida gremial, la escolar y el país. Su compromiso ha estado siempre con un proyecto claramente diferenciado de las actitudes charriles, sin desligarse nunca de la relación con los padres de familia. En el magisterio oaxaqueño, la consulta permanente a las bases, la transparencia y la rendición de cuentas se convirtieron en prácticas sindicales comunes. Aristarco las promovió con convicción.

Preocupado por la educación alternativa, impulsó, antes de ser dirigente seccional, talleres pedagógicos en Tlacolula. Allí, los maestros de base reflexionaron y analizaron su materia de trabajo. Como secretario general de la sección 22 promovió un congreso estatal de educación alternativa en 1990 y la publicación de una revista de análisis educativo.

Fiel a sus raíces zapotecas, siempre vinculado a procesos de organización indígena de base, diputado local por el PRD entre finales de 1992 y 1995, jugó un importante papel en la aprobación de la reforma legal que reconoció el nombramiento de autoridades municipales por usos y costumbres. En 1995 y 1996 fue invitado del EZLN a la mesa de derechos y cultura indígena, en San Andrés.

Al terminar su periodo como legislador regresó a laborar en la implementación de un programa de formación permanente para maestros de educación básica. Así profundizó su comprensión de la problemática educativa, al tiempo que desempeñaba distintas funciones: coordinador de un centro de maestros, coordinador general, coordinador operativo y asesor permanente. Ahora está en la fase final de jubilación, con un salario de 19 mil pesos mensuales.

Aristarco Aquino es incorruptible. Cuando Elba Esther Gordillo lo llevó a Los Pinos a una entrevista con el presidente Carlos Salinas, lo presentó con el mandatario diciendo: “No es de los nuestros, pero con él se puede hablar. Y nunca le va a pedir porque nunca pide nada para él”.

Pero el profesor Aquino no es el único dirigente magisterial de la CNTE con esa ética y esa trayectoria. Centenares de maestros y maestras han ocupado cargos de responsabilidad sindical y regresado a trabajar sin haber obtenido privilegio alguno. Por supuesto, hay algunos casos (muy pocos) que no lo han hecho. Pero, en cambio, muchos de quienes los acusan de corruptos (sin ofrecer una sola prueba) han recibido todo tipo de favores gubernamentales.

El profesor Aquino siente mucha indignación con el actual panorama educativo. “La ligereza –asegura– con que el secretario de Educación quiere hablar de cosas de las que no sabe y no conoce da pena.” Añade: “Por mi experiencia, he conocido varias reformas. Algunas dejaron algo bueno, pero todas en general fracasaron, porque siempre fueron impuestas. Pero ninguna puede compararse a la de ahora. Esta es la peor”.

Como parte de la comisión negociadora de la sección 22 que resolvió el conflicto de 1980 y como secretario general, al maestro zapoteco que no perdió su lengua le tocó conocer a algunos secretarios de Educación. “Recuerdo –dice– a Fernando Solana Morales. Hay un abismo entre el perfil y la calidad de un funcionario como él, con respecto al actual secretario de Educación. La primera señal de que las cosas se quieren resolver sería la renuncia de Aurelio Nuño. Es un estorbo, una provocación permanente, un obstáculo a cualquier cosa que se quiera lograr”.

*Escritor y periodista mexicano, coordinador de la sección de Opinión del diario La Jornada.