En América Latina tenemos una historia común, pero sabemos que nuestro futuro será mejor si actuamos conjuntamente para enfrentar los retos compartidos que se presentan en un entorno global incierto.

En la Alianza del Pacífico trabajamos por la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, sobre la base de los acuerdos comerciales existentes entre los países miembros y mediante la cooperación en el interior y el exterior de nuestro acuerdo.

Nos coordinamos para potenciar un mayor crecimiento, desarrollo económico y competitividad de las economías de los países integrantes de la alianza, con miras a lograr mayor bienestar, superar la desigualdad e impulsar la inclusión social de sus habitantes.

Entre nuestras naciones existen coincidencias fundamentales en materia económica, lo que facilita los entendimientos. Tenemos perspectivas de crecimiento alentadoras en la región. De acuerdo con el FMI, el PIB real del bloque crecerá a una tasa anual promedio de 4,1 %, mayor que América Latina en su conjunto (3,1 %); juntos constituimos la octava economía a nivel mundial. Entendemos la importancia de enfrentar unidos la dinámica de la economía internacional y sus incertidumbres. Sabemos que Asia es un referente indispensable para la dinamización del comercio y las inversiones; por ello buscamos un acercamiento a esa región.

La Alianza del Pacífico cumple lo que se propone. Con orgullo y satisfacción destacamos hoy, tras cinco años de su creación, los logros alcanzados en ámbitos tan fundamentales como liberalización arancelaria, acumulación de origen, facilitación de comercio y cooperación aduanera, junto a beneficiosos entendimientos en las áreas de servicios e inversiones.

La reciente entrada en vigor del Protocolo Comercial que desgrava el 92 % de los bienes comerciados entre los cuatro países, con la meta de que en el 2030 todos los productos circulen libremente, es solo un ejemplo de los pasos que damos para avanzar hacia la libre circulación de bienes y servicios.

Sobre estas bases se abren nuevas oportunidades para exportadores e inversionistas, con el consecuente incremento de los vínculos económicos intrarregionales y el impacto positivo en el empleo.

La economía mundial, no exenta de dificultades, se estructura en macrorregiones. El mundo negocia en bloques, hecho que se muestra en variados acuerdos plurilaterales ya existentes o en curso, como el Transpacific Partnership Agreement (TPP), los esquemas de integración asiáticos y el proyecto de libre comercio Europa–Estados Unidos. La integración de nuestros países es muchísimo más que una estrategia recomendable: es indispensable y no hacerlo equivale a marginarse de la dinámica económica global.

Eliminando fronteras en el comercio, con libre movimiento de capital y personas, la Alianza del Pacífico habrá de consolidarse en un instrumento complementario a los esfuerzos internos para responder al objetivo principal: aumentar el crecimiento, mejorar el empleo y reducir la pobreza y la desigualdad.

La Alianza del Pacífico trasciende sus propias fronteras e impulsa un diálogo entre los países del Atlántico y el Pacífico, entre la AP y el Mercosur, Asean y Apec, con el fin de incrementar los flujos de comercio y posicionar a la región en su conjunto ante la economía global.

Del mismo modo, un firme compromiso con el libre comercio genera amplio interés de la comunidad internacional. A la fecha, cuarenta y nueve países de distintas latitudes valoran nuestra iniciativa y entregan una auspiciosa señal a nuestro proyecto de integración. Se trata de países observadores y también países que han manifestado el deseo de incorporarse e incluso promover acciones puntuales de cooperación. El porvenir del mundo es el entendimiento y la colaboración económica, política, social y cultural. Para Chile, Colombia, México y Perú, el futuro es la integración.

*Columna escrita conjuntamente por los presidentes Michelle Bachelet, de Chile; Juan Manuel Santos, de Colombia; Enrique Peña Nieto, de México, y Ollanta Humala, de Perú.

El Tiempo