Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Los niños van a seguir muriendo en Puno. El frío les va a quemar las mejillas y van a romper en un llanto que no suena, porque la garganta está herida y la indiferencia agrava el dolor. Uno se queda petrificado, sin ganas de caminar, sientes miedo, respiras despacio, por primera vez adquiere sentido esa frase que decimos con tanta facilidad: me muero de frío. Acá la gente se muere, a los que gobiernan les interesa un carajo. No son peruanos. No son muchos. No influyen. No votan. No hablan. No existen. No le importan a nadie. Que sigan muriendo, total no son mis hijos.

La piel se lacera. Los pulmones se llenan de agua. Expulsas sangre. Las articulaciones parecen explotar. Los más pequeños van cerrando los ojos con breves quejidos en una despedida tan larga como injusta. No hay un hospital decente. La ayuda se pierde miserablemente en el camino. El Estado no existe, los hombres y mujeres que tienen la obligación de salvar a los compatriotas que les entregaron el sagrado mandato están demasiado preocupados en su futuro político, en los almuerzos para la prensa, en las absurdas e insultantes vanidades del poder, en verse llenos de soledad en la inauguración de un triste busto. Repita las mismas frases con cualquiera de nuestros presidentes. Repita con cualquiera de nuestros líderes padres de la patria que no es de todos, de ese país que le dicen Perú, que en realidad se llama Lima, que a la vez se llama Miraflores.

Aldo Miyashiro. Es un actor, guionista, dramaturgo y presentador peruano.

Que el 28 de julio el mensaje llegue al presidente electo, que se comprometa a que estos niños que son nuestros no seguirán muriendo.

La República