Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La crisis económica que afecta a Venezuela repercute en su aliado político y socio comercial Cuba, que puso en marcha un plan de contingencia para afrontar tiempos difíciles por efecto de la caída de los precios del petróleo, combustible suministrado por el Gobierno de Nicolás Maduro.

El régimen castrista ya temía que algo así estaba por llegar. Los temores se confirmaron el 8 de julio, cuando el presidente cubano, Raúl Castro, anticipó en un discurso que habría dificultades que obligarán a un recorte de gastos y ahorro de energía.

Las medidas ya se aplican en las oficinas y empresas del Estado: el horario de trabajo es más corto y está restringido el uso de gasolina y de aire acondicionado. Para este segundo semestre del año, habrá una reducción del 28 por ciento en el gasto de combustible, sin afectar el consumo en los hogares y garantizando las necesidades de sectores clave como el turismo.

También se prevé continuar con el apoyo a las industrias del níquel y el azúcar; aunque los precios de exportación de estos productos tradicionales han caído. La misma suerte corre el petróleo refinado.

La Habana y Caracas tienen acuerdos firmados a principios de la pasada década para la venta de petróleo a precios preferenciales y a cambio unos 25 mil profesionales en salud cubanos trabajan en Venezuela. La isla caribeña produce unos 25 millones de barriles anuales con los que cubre el 40 por ciento de la demanda local, y el resto es importado.

Sin embargo, las entregas se fueron a pique. Expertos en el tema consideran que en lo que va del año Cuba recibió cerca de 53.500 barriles de petróleo crudo al día, es decir un 40 por ciento menos que la cantidad registrada en 2015.

La crisis de Venezuela mostró una faceta distinta el pasado 9 de julio, cuando miles de venezolanos cruzaron la frontera con Colombia para comprar alimentos y medicinas que no hallan en su país.

Analistas financieros señalan que la economía de la isla caribeña creció apenas un uno por ciento en los primeros seis meses de 2016; es decir, la mitad de lo que se había proyectado. Ese porcentaje ni se asoma al 4.7 por ciento del mismo periodo de 2015.

A pesar de ese panorama poco alentador, el Gobierno cubano considera que el país está lejos de afrontar un serio problema económico como el que se presentó a principios de los años 90, después de la caída del bloque socialista. En ese tiempo, los llamados “apagones” llegaron a durar hasta ocho horas.

El presidente Castro apoya su optimismo en las condiciones que se encuentra hoy Cuba, y dice que su régimen está preparado para actuar y promete que no serán afectadas las conquistas sociales del pueblo.

Los retrasos en los pagos a los acreedores tampoco es algo que, por ahora, le preocupe demasiado al Mandatario porque ellos —dijo— comprenden la situación, y se comprometió a cumplir con las obligaciones, porque tiene la firme intención de restablecer la credibilidad de la economía cubana ante el mundo.

Si el apoyo de Venezuela se contrae, existe otra tabla de salvación que podría llegar a paliar los efectos de la crisis: Estados Unidos.

Washington y La Habana comenzaron hace año y medio un proceso de reconciliación que incluye un acercamiento diplomático, que debería también dar réditos económicos; aunque el tema del bloqueo económico es todavía una piedra en el zapato. Este asunto llegará a manos del nuevo Gobierno de Estados Unidos que será elegido en noviembre de este año.

Los acuerdos bilaterales avanzan de a poco. El turismo estadounidense tiene un nuevo destino en la isla caribeña y seguramente seguirá creciendo mucho más cuando sean reanudados los vuelos comerciales en septiembre próximo.

Opinión