Centroamérica continúa siendo una región postrada gobernada por políticos ineptos y venales. Ante esta situación, no es casual que la migración hacia los Estados Unidos se mantenga, que crezca la violencia y se deteriore el medio ambiente.

En Costa Rica se publica cada cuatro años el Estado de la región, resultado de un esfuerzo conjunto de las cuatro universidades públicas del país agrupadas en el Consejo Nacional de Rectores (CONARE); se trata de un sistema de seguimiento y análisis del desarrollo humano sostenible en Centroamérica, que busca ayudar a las sociedades del istmo a conocer mejor su realidad, con base en información rigurosa, actualizada, objetiva, relevante y completa.

El quinto informe fue presentado el pasado 3 de agosto, y lo que nos muestra es una Centroamérica que sigue marcando el paso en la mayoría de indicadores fundamentales, sin lograr avanzar hacia mejores niveles y calidad de vida de sus habitantes.

Muestra una región que avanza económica y socialmente, pero a pasos lentos para alcanzar los promedios latinoamericanos y con avances especialmente pequeños si se comparan con los países desarrollados. La desigualdad en los ingresos, las necesidades básicas insatisfechas (presentes en, al menos, un 59% de la población), la incapacidad de los Estados para brindar eficientemente servicios básicos y el uso insostenible de los recursos naturales siguen siendo retos pendientes.

Centroamérica cuenta en la actualidad con 45.6 millones de habitantes que cada vez más viven en ciudades pues el crecimiento urbano casi se triplicó en cuatro décadas. Panamá, por ejemplo, aumentó su tamaño en un 323%, y San José, Costa Rica en un 157% entre 1975 y el 2014.

Por otra parte, la región será una de las más afectadas por el calentamiento global. Se prevé que la aridez afecte a 20 provincias o departamentos para el 2020. Para el final de siglo 68 presentarán problemas de este tipo.

Con excepción de Costa Rica, el salario mínimo agrícola es insuficiente para adquirir la canasta básica alimentaria, y la desnutrición crónica entre menores de cinco años de edad fue de un 28,4%; la desigualdad creció en Guatemala, Honduras y Costa Rica. En un país como Guatemala, la pobreza llega al 62,5% y en Nicaragua alcanza el 77%.

En este contexto, se sigue invirtiendo en armas y modernización de los ejércitos; Guatemala y El Salvador aumentaron su contingente militar en más de un 50% en seis años. En Honduras, esa tasa de crecimiento entre el 2004 y el 2014 fue de un 149%, mientras que los jóvenes viven una tasa de desempleo del 11%, que los lleva, junto con su deseo de huir de la violencia, a ver en la inmigración una solución. El 8% de la población vive fuera de su país.

Más de la mitad de los jóvenes entre 15 y 24 años están fuera del sistema educativo. Entre ellos, un tercio trabaja en puestos de baja calidad. Un 23% ni estudia ni trabaja. Si Centroamérica mantiene sus tasas de crecimiento de cobertura educativa, tardaría 37 años para alcanzar la cobertura educativa que presenta América Latina y 58,3 años para registrar la cobertura de los países de la OCDE.

El panorama no es alentador. Centroamérica continúa siendo una región postrada gobernada por políticos ineptos y venales. Ante esta situación, no es casual que la migración hacia los Estados Unidos se mantenga, que crezca la violencia y se deteriore el medio ambiente.

(*) Rafael Cuevas Molina. Escritor, filósofo, pintor, investigador y profesor universitario nacido en Guatemala. Ha publicado tres novelas y cuentos y poemas en revistas.
Es catedrático e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos (Idela) de la Universidad de Costa Rica y presidente AUNA-Costa Rica.