A la ministra de Educación se le coló una universidad donde no debía. Luego, hizo lo mismo una rectora que cometió el desatino de intentar hacer su trabajo. Y solo faltó que el gobierno la mandara relegada a algún rincón apartado del país.

A la cultura de la Nueva Mayoría parece que se le coló el sistema de AFP si se considera que recién ahora están cayendo en cuenta que ese robo cotidiano no era para entregar pensiones, sino que un cogoteo en descampado, con alevosía, premeditación y ensañamiento. En rigor, una venganza que los poderosos dejan caer a diario sobre los trabajadores por haber tenido la osadía de haber desafiado sus prebendas históricas alguna vez.

Pero a propósito de colados, y si nos detenemos a observar lo que sucede en este país desde hace no mucho tiempo, caemos en cuenta que los advenedizos son muchos más de lo que parece. A la presidenta Bachelet, sin ir más lejos, se le coló por el costado menos previsible la evidencia de que su segundo gobierno no pasó de ser una irresponsabilidad adjudicable a su poca capacidad de predicción política. Rasgo del que abusó esa nueva camada que quiso auparse en el poder sobre su casi olvidada evaluación ciudadana que alguna vez anduvo por los cielos. Peor aún. Haciendo abuso de su condición de oportunista consumado, el ex presidente Ricardo Lagos se le cuela a la presidenta y desde El Mercurio le entrega la extremaunción y le advierte que de lo que queda de su gobierno, todo es un fracaso. Como se sabe, en las aves carroñeras el olor a cadáver siempre será un estímulo.

Para continuar con el recuento, las noticias que se cuelan en algunos oportunistas medios de comunicación avisan que el Partido por la Democracia traía entre sus más conspicuos militantes nada menos que a SQM, empresa que cotizaba un no despreciable aporte militante que servía para financiar a la actual alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, la que, era que no, niega tajantemente el prodigio. La empresa se habría colado sin que nadie se diera cuenta.

Al Partido Comunista se le coló la Concertación y ese prodigio permitió una lavada de cara que terminó con una denominación que buscaba embolinar perdices, con esta coalición rebautizada como Nueva Mayoría. Ha pagado un alto costo por esa desprolijidad histórica. Sin ir más lejos quedó fuera ni más ni menos que de la más grande movilización de trabajadores que están exigiendo el fin de las AFP. Y sus dirigentes sociales siguen siendo cuestionados porque parecen más funcionarios de gobierno que dirigentes de los trabajadores.

El caso es que, para simplificar, al sistema se le coló el peso de la realidad que ejerce necesariamente un modelo basado en el enriquecimiento de unos pocos por la vía de empobrecimiento de todo el resto.

Ya no hay día sin que no conozcamos hechos escandalosos, delitos y conductas éticamente reprochables cometidos por quienes se supone deben ejercer sus funciones con altos estándares de probidad en la función pública.

Y esa descomposición cuyos malos olores dominan todo el ámbito, no muestra trazas de terminar.

Y si el sistema necesita cirugía mayor, estas operaciones no contemplan el desmantelamiento del neoliberalismo, que es lo que se requiere para salvar lo poco que queda de país.

De haber operaciones de salvataje en curso, estas buscarán salir jugando aunque para el efecto de defender la obra y legado del modelo, haya que hacer algunas concesiones de gran calado, como puede ser la modificación del sistema de pensiones que aumente los montos a los jubilados, pero que no elimine por completo el ánima que lo mueve.

Los que mandan saben de sobra que los errores se pagan. Y saben también que ante emergencias de gran alcance, a veces es necesario sacrificar la carga. El barco siempre es más valioso. Así, no es descartable que el mapa de la política tenga algunas modificaciones en el mediano plazo y que hayan enroques y descuelgues de un lado y de otro. Porque si algo saben los que mandan, es que cualquier cosa es aceptable, menos quedarse de brazos cruzados ante la posibilidad de que por algún milagro inexplicable, aquellos sectores políticos que podrían hacer mucho más de lo que hacen, en algún momento se les ocurra pensar con menos egoísmo y dejando de lado tonteras y falsas consignas, decidan colarse hasta donde los poderosos han hechos sus fortunas y obtenido sus prebendas para corretearlos de la historia, hasta que no queden señas de ninguno.

(*) Escritor y periodista chileno. Estudió Física y Matemáticas en la Universidad Técnica, es asesor del Colegio de Profesores, autor de “El Coa y el Lenguaje de la Calle.