La Iglesia católica pide a los feligreses ‘‘no desentenderse del matrimonio gay, pues sí afecta a la sociedad en su conjunto’’. Lo anterior fue la conclusión de una serie de cinco artículos publicados en el semanario Desde la Fe.

En dichos artículos, publicados en los últimos cinco números semanales de ese medio, la institución eclesiástica argumentó su postura en contra del matrimonio igualitario aludiendo a los daños sicológicos, físicos, de salud y espirituales en las parejas y en los hijos naturales o adoptivos de esas parejas.

En la segunda entrega expuso: ‘‘El ano del hombre no está diseñado para recibir, sólo para expeler. Su membrana es delicada, se desgarra con facilidad y carece de protección contra agentes externos y pudieran afectarlo. El miembro que penetra el ano lo lastima severamente pudiendo causar sangrados e infecciones’’.

La Iglesia católica, que se ha opuesto a que en los libros de texto gratuitos se incluya información sobre el sexo, especificó que el cuerpo de la mujer ‘‘tiene una cavidad especialmente preparada para la relación sexual, que se lubrica para facilitar la penetración, resiste la fricción, segrega sustancias que protegen al cuerpo femenino de posibles infecciones presentes en el semen’’. Advirtió que el sexo lésbico puede generar contagios de enfermedades de transmisión sexual y daños por el uso de objetos que sustituyen al miembro masculino.

Aseguró que no está en contra de los homosexuales, a quienes mira ‘‘con compasiva comprensión y se preocupa por ellos’’, por tanto los exhortó a ‘‘esforzarse por vivir en continencia y castidad, fortalecidos por la ayuda sacramental’’.

En mayo pasado, el presidente Enrique Peña Nieto presentó a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión la iniciativa de reforma al artículo 4 de la Constitución y al Código Civil Federal para reconocer al matrimonio igualitario como derecho humano.

En la última entrega de los citados artículos se insiste en que legalizar y promover el matrimonio gay ‘‘atenta contra el verdadero matrimonio, la familia y la Iglesia; (se pretende) crear un nuevo orden social, sin leyes morales’’.

En las anteriores entregas apuntó que los matrimonios gays ‘‘no tienen estabilidad emocional’’ y los niños criados en dichos hogares ‘‘tienen un promedio más bajo en niveles de ingresos económicos, mala conducta, padecen más problemas de salud física y mental, son más inestables en sus relaciones de pareja, tienen mayores niveles de desempleo, adicciones, necesidad de asistencia pública y participación en crímenes’’.

Sostuvo que los homosexuales son los principales transmisores de enfermedades sexuales. ‘‘Los angloparlantes llaman a los heterosexuales straight, es decir, rectos, término aceptado por los propios homosexuales, que implica que la homosexualidad es una desviación.’’

Expuso que ‘‘una parte importante de las personas homosexuales reconoce tener adicción al sexo e inclinación hacia un estilo de vida promiscuo’’, y refirió que la Iglesia católica fue una de las primeras en abrir las puertas de sus centros de salud a los enfermos de sida. ‘‘Hoy es la institución que más hace por (esos enfermos) a nivel mundial’’.

Advirtió finalmente que se mantendrá ‘‘firme en su rechazo’’ al matrimonio entre personas del mismo sexo. ‘‘Si el Estado cediera a la presión de influyentes políticos y empresarios mentirosos y legalizara su desviación hacia la mentira, la Iglesia no lo aprobará, exigirá que se diga la verdad, aunque no sea la opción políticamente correcta o popular, porque Dios ordena no mentirás’’.

La Jornada