Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El autoritario presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, acaba de anunciar su candidatura a una nueva reelección presidencial con vistas a los comicios del 6 de noviembre próximo. Como novedad ha anunciado que su esposa, la omnipresente Rosario Murillo, será esta vez su candidata a vicepresidente.

A los 70 años, Ortega trata de eternizarse en la conducción de su país. Busca su segunda reelección consecutiva, acompañado de su esposa, quien según el propio Ortega ejerce actualmente el 50% del poder en Nicaragua, como si su país fuera una suerte de bien ganancial.

Ortega ya había gobernado Nicaragua, entre 1985 a 1990. Retornó a la presidencia en 2007 y fue reelegido en 2011. Aspira ahora, después de dos mandatos consecutivos y uno alternado, obtener su cuarto mandato. En 2011 pudo ser candidato con una cuestionada maniobra judicial y tras comicios plagados de irregularidades.

Nicaragua elegirá en noviembre no sólo su próximo presidente, sino 90 parlamentarios y 20 diputados ante el llamado Parlacen.

Lamentablemente, la principal coalición opositora, recientemente afectada por fallos judiciales que la descabezaron, ha decidido no participar en los próximos comicios, a los que califica -no sin razón de verdadera farsa. Lo cierto es que entre la Corte Suprema de Justicia y el Consejo Supremo Electoral, instituciones claramente sumisas a Daniel Ortega, se ha imposibilitado a los principales candidatos de la oposición poder competir el próximo 6 de noviembre.

Casi todos los partidos que siguen ahora en carrera son pequeños y no representan peligro alguno para las ambiciones políticas del actual presidente.

Ortega imposibilita la alternancia y consolida un proyecto totalitario del que se beneficia política y económicamente. Empresas de su familia tienen el monopolio de las exportaciones a Venezuela y de las importaciones desde Venezuela, controlando así la mayor vinculación comercial de su país.

La Nación