Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Todas conocemos las estadísticas. Que 4 de cada 10 mujeres en el Perú han sido agredidas por sus parejas; que la mayoría de violaciones se dan en su hogar o en un lugar que las víctimas consideraban seguro; que las mujeres violadas suelen ser menores de edad; que la norma es que las agresiones queden impunes, todo eso lo sabemos. Lo hemos escuchado antes mil y una veces, quizá tantas que nos habíamos vuelto inmunes.

Pero algo ha cambiado en las últimas semanas: nuestras historias se rehúsan a ser números y cifras convenientemente anónimas que podemos descartar y olvidar. Lady Guillén, golpeada por un hombre y revictimizada por un Poder Judicial cómplice, no es una estadística. Arlette Contreras, arrastrada por el suelo mientras intentaba huir de su agresor, que hoy engalana la portada de una revista, no es una estadística. María Elena Chumbimune, asesinada por un compañero de universidad que ya había sido denunciado por otro intento de violación y asesinato hacía cinco meses, no es una estadística. Zuleimy Sánchez, una joven trans de 14 años que murió tras recibir 4 balazos, no es una estadística. Nosotras no somos una estadística.

La violencia contra la mujer en el Perú es un problema estructural, epidémico y trágicamente normalizado. Pero esto no solo puede y debe cambiar, sino que está cambiando. En las últimas semanas, Ni Una Menos, una marcha que nació de forma espontánea desde la sociedad civil y simultáneamente desde diversos espacios, ha logrado poner el asunto de la violencia contra la mujer en el eje de la discusión nacional. Quienes nos sentimos convocadas por este llamado de acción frente a la violencia machista venimos de distintos lugares, experiencias de vida y formas de organización, pero nos reconocemos en un grito común de indignación y en una voluntad compartida de acción en un contexto que ya no estamos dispuestas a tolerar más.

Y a los hombres que preguntan cómo pueden sumarse a Ni Una Menos, un consejo: las mujeres estamos conversando, organizándonos y actuando. Si quieres ayudar, habla con otros hombres, cuestiona los principios sobre los que eriges tu masculinidad y, sobre todo, hazte a un lado y escucha. Hemos sido silenciadas por demasiado tiempo y tenemos mucho que decir. Estás cordialmente invitado a escucharnos.

Cuando volvamos a casa este sábado con los pies cansados después de caminar y la voz agotada de tanto gritar, recordemos que nuestro camino recién está comenzando. Recordemos, también, a las que abrieron el camino para que este 13 de agosto demos, juntas, un nuevo paso.

La República