Imágenes satelitales demuestran que la minería ilegal sigue avanzando dentro de la Reserva Nacional de Tambopata, en Madre de Dios. Ya han sido destruidas 353 hectáreas, un área equivalente a 484 campos de fútbol.

Las fotografías cedidas en exclusiva a El Comercio por el proyecto MAAP, a cargo de la Asociación para la Conservación de la Cuenca Amazónica (ACCA) y la Amazon Conservation Association (ACA), muestran que el avance ha sido lento pero sostenido. Entre fines del 2015 y mayo de este año se habían perdido 288 hectáreas de bosque. Desde inicios de junio hasta fines de julio se deforestaron otras 65 hectáreas.

A fines del 2015, El Comercio advirtió de la presencia de cerca de 2 mil mineros ilegales en la zona de amortiguamiento. Luego, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) detectó maquinarias en el río Malinowski, donde comienza la reserva.

El jefe del Sernanp, Pedro Gamboa, explica que el avance de los mineros aumentó en junio y julio porque el puesto de vigilancia Azul instalado en la reserva no cuenta con efectivos de la Marina. Este puesto fue reforzado en abril con 15 marinos que iban a participar en las operaciones de interdicción de forma permanente. Sin embargo, debido a la falta de recursos, tuvieron que dejar el puesto en junio. “En abril y mayo tuvimos avances importantes con los marinos, pero ahora solo han quedado los guardaparques”, alerta Gamboa.

—Daño irreversible—

El territorio de Tambopata representa el 5,9% del total de reservas del país y es una de las áreas que tiene mayor biodiversidad. El daño que la minería ilegal deja es irreversible. Además de la deforestación, las maquinarias destruyen hábitats.

“Se elimina toda la estructura viva del suelo, lo cual imposibilita el crecimiento de vegetación. Se han modificado cursos del río y alterado los hábitats naturales de especies de peces migratorios”, precisa Sidney Novoa, técnico de la ACCA.

Desde Sernanp reconocen que la tarea es difícil, pero creen que al menos con presencia policial y militar se podría evitar que la minería ilegal gane terreno.

El Comercio