–Señor Silvio Rodríguez, ¿ve usted riesgos para la revolución por el cambio en la relación Cuba-Estados Unidos?

–Prefiero los nuevos riesgos que la viciosa hostilidad de medio siglo. Por otra parte, la revolución nunca ha dejado de estar en riesgo. Siempre ha peleado por su derecho a existir, por la validez de su alternativa. Vivir es riesgoso en varias direcciones, aún más si partimos de que en este mundo debe haber justicia social, precepto inaugural de la revolución”, expresó en entrevista con La Jornada el autor de Playa Girón, quien publicó un nuevo disco, titulado Amoríos, distribuido desde principios de agosto en tiendas.

En gira de conciertos, que ha tocado países como España, Silvio se dio tiempo para responder las siguientes preguntas:

–¿Qué es un maestro de escuela para usted? En México hay un conflicto por una reforma educativa que impulsa el Estado y que ya ha dejado incluso muertos

–Es una pena que por un tema fundamental como la enseñanza corra la sangre. Quien no respeta a los maestros es un pobre diablo que no se considera ni a sí mismo. En todas las memorias pervive aquel maestro que un día nos encendió una luz, o varias. ¿Cómo se puede disparar contra eso?

Larga espera

–Fue larga la espera para un nuevo disco, desde 2010. Esto es poner fin a la sequía. ¿No es así, señor Silvio Rodríguez?

–En realidad no era tanta la sequía como el silencio editorial. En estos años he estado trabajando en varios proyectos discográficos a la vez. Un par de ellos los tenía pendientes desde hace décadas y otros tres son más recientes, entre los que se encontraba Amoríos. Cada vez me cuesta más trabajo publicar, al revés de cómo quería al principio, y es que ahora, cuando escucho lo que hago, siempre pienso que puede estar mejor.

–Amoríos es resultado de un largo proceso. ¿Cómo se compacta el tiempo, la vida, en un cedé?

–Son canciones que tenía pendientes, que siempre tuve claro que debía exponer, pero que por una u otra razón no lograba concretar. Así que antes que nada ha sido un alivio, además de un gusto por haber incursoniado en sonoridades no sólo nuevas dentro de mi discografía, sino en general poco usadas.

–Extrañamos al Unicornio azul. ¿Cómo advierte el poder de la palabra al escribir una canción, usted que es poeta?

–A veces me veo más como artesano, sobre todo en casos como Unicornio, que tenía tantas terminaciones agudas. Con ese pie forzado, un tanto pobre en nuestro idioma, la verdad es que yo lo he extrañado poco. Aún así, últimamente los caprichos de la imaginación musical me han vuelto a llevar a líos parecidos.

–Por favor, ¿podría hablar un poco sobre el concepto de amor en Amoríos? Kant decía que del amor no hay concepto, tan sólo experiencia.

–Seguramente Kant pudo haber escrito Amoríos mejor que yo, porque se trata de eso mismo, de experiencias amorosas que significaron lo suficiente como para cantarlas. En ese sentido puede que el nombre del disco sea un poco injusto, ya que no fueron encuentros tan intrascendentes.

–¿Amorío refiere un amor pasajero, casi de secreto o una aventura?

–Según definiciones, amoríos se les llama a relaciones pasajeras, lo que además sugiere que no fueran profundas; sin embargo, todos sabemos que hay brevedades que nos pueden dejar marcas muy hondas.

–Usted fue distinguido por la Unesco como Artista por la Paz. En tanto que tal, ¿cómo advierte el mundo en ese tema que obsesionó a Tolstoi? ¿Escucharemos siempre vigente canciones como Playa Girón?

–Lamentablemente la paz sigue siendo una quimera en muchos sitios. Pero también sigue siendo algo por lo que vale la pena arriesgarse, y ya lo creo que también con canciones. Precisamente en Amoríos hay un tema sobre la paz: En cuál de esos planetas.

–¿Cuándo viene a cantar a México?

–Tan pronto pueda, aunque siempre llevo a México conmigo; es parte de mi formación cultural.

Jornada