Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Quizá pueda entenderse que en determinadas ramas del movimiento obrero industrial, como la del neumático, el autopartismo u otras haya amplia mayoría de varones. Esto explicaría que en la conducción de estos sindicatos prevalezca la composición de varones. Sin embargo, incluso en los sindicatos donde las mujeres son muchas más numéricamente, como la docencia, la salud, la alimentación o el gremio textil -por dar algunos ejemplos-, nos volvemos a encontrar con algo que parece una regla más que una excepción: los varones también componen las direcciones sindicales.

Recientemente, el Ministerio de Trabajo realizó un estudio sobre “La Participación Femenina en las Comisiones Directivas de las Organizaciones Sindicales”. De los veinticinco sindicatos que fueron analizados, son cinco nada más los que no tienen mujeres en su cúpula. Pero, contradictoriamente, las mujeres no están presentes en las Secretarías Generales o Adjuntas, sino en los cargos de Secretaria de la Mujer, Secretaría de Acción Social y/o Turismo y Tesorería. Esto ocurre sin importar la proporción de mujeres que conforman la masa de trabajadores de dichas entidades. Es decir, evidenciando una marcada división referente a la pertenencia de género.

“Las mujeres ocupan en promedio el 18% de los cargos en el conjunto de los 25 sindicatos analizados”, explica el informe. El menor porcentaje de participación, con un cuatro por ciento, lo tiene el SMATA, Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor, ya que sólo una de veintitrés secretarías está a cargo de una mujer. Y el mayor es el STIA, Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación, con un cuarenta por ciento de participación femenina. Cuatro de sus diez secretarías se hallan a cargo de mujeres.

En Argentina, la participación de las mujeres en el mundo laboral alcanzó un promedio de 41,5% en los últimos diez años. Sin embargo, esto no se reflejó en el avance de sus derechos laborales. Al mismo tiempo, como señalamos, persiste una contradicción abierta entre la feminización del trabajo y la escasa participación de las mujeres en los sindicatos y en sus órganos de decisión.

Hay quienes sostienen, aún hoy, que lo único que impide a las mujeres la participación en los sindicatos es su propio “desinterés”. Otros dicen que los varones “tienen más tiempo” para participar de la vida política y sindical. Esta idea evidencia que son las mujeres quienes, además del trabajo en las fábricas, se ocupan de ese trabajo “invisibilizado” que es el del hogar, las tareas “domésticas”, el cuidado de hijos e hijas y de los familiares ancianos o enfermos, expresándose en ellos una doble o hasta triple jornada laboral que recae casi con exclusividad sobre sus espaldas. Sin embargo, una mirada atenta permite ver que también cada vez más mujeres se organizan y ponen en pie Comisiones de mujeres en sus lugares de trabajo, buscando que sus derechos sean reconocidos y aspirando a conquistar una mayor participación en la vida política y sindical.

“La venda de los ojos”

Esta lucha de las mujeres en las fábricas y lugares de trabajo, la encarna por ejemplo la Comisión de Mujeres de la gráfica Madygraf, ex Donnelley, que quebró y puso a producir bajo control obrero hace ya dos años.

“La Comisión de Mujeres surge en el 2011 cuando la patronal despide a 20 compañeros. Estas mujeres, se conocieron en la puerta de la fábrica cuando fueron a acompañar a sus maridos que estaban despedidos. Así iban intercambiando sobre las problemáticas de la fábrica, la situación que padecían sus compañeros día a día. Los apoyaban desde afuera. Entre todas, se fueron instruyendo y lograron ser una organización de mujeres que lucha no sólo contra los innumerables ataques de distintas patronales, apoyando las luchas que vienen surgiendo, sino también aprendiendo sobre sus propios derechos”, contó Lucrecia Borge a La Izquierda Diario.

Lucrecia, integrante de esa Comisión -que hoy reúne a decenas de mujeres-, agregó que “las chicas ya estaban organizadas, ya tenían un plan de lucha. Antes de que la fábrica cierre, ellas ya habían salido por los barrios a contar la situación, ya habían planeado bolsones de alimento, que hizo que cuando la patronal dio su golpe más duro, a las compañeras no las hizo tambalear. Salieron más fuertes que nunca. Y sirvieron todas esas fortalezas que habían construido durante todo ese tiempo para sostener a las nuevas, como yo, que recién llegaba a raíz del quiebre de la fábrica, de la misma manera que ellas hace unos años atrás, a la puerta de esa fábrica… Pero yo me encontré con una carpa, con un montón de mujeres fuertes que me dijeron ‘vamos a pelearla, vamos a salir adelante, no vamos a bajar los brazos’. Y así fue.”

“Ojalá existan más comisiones de mujeres en los trabajos, que haya más juegotecas para los niños. A mí me sacó la venda de los ojos, me hizo ver que no soy la ama de casa, la esposa, sino que conocí un montón de gente y me di cuenta que existe la organización y que así se enfrentan los distintos ataques que sufrimos por la patronal o por ser mujeres”, finalizó Lucrecia.

Estas mujeres, igual que muchas otras, también se organizan en sus lugares de trabajo junto a sus compañeros varones, con el objetivo de recuperar los sindicatos que hoy están en manos de la burocracia sindical, de figuras que nadie vio trabajar jamás y que poco tienen que ver con sus condiciones de vidas. Así es el caso también de las mujeres que se organizan en el Astillero Río Santiago.

“Nosotras nos presentamos a delegadas de género en el Astillero Río Santiago y lo primero que denunciamos fue el problema del cupo femenino. Siendo nosotras casi cuatrocientas mujeres, teníamos que tener ocho delegadas, cuando en realidad se elige un delegado cada cincuenta. No dan los números. En la fábrica somos tres mil quinientos trabajadores. Así que ya por empezar es absolutamente antidemocrático”, explicó para La Izquierda Diario Nora Buich, integrante de la Comisión de Mujeres del Astillero Río Santiago, y agregó que “además, con todos los problemas que tenemos las mujeres dentro del Astillero, creemos que apelar solamente a ocho delegadas no alcanzaba. Nosotras veníamos organizadas en la comisión de mujeres autoconvocadas a raíz de la agresión a una compañera por parte de un jefe. Fuimos tres las que nos presentamos como candidatas”.

Muchas veces las diferencias están también entre las trabajadoras que son contratadas por empresas que tercerizan los servicios. Es el caso de Rocío, trabajadora aeronáutica de la empresa Falcon, que también nos contó su experiencia. “Yo empecé a trabajar en el 2011en una empresa que se llamaba Has, de asistencia y servicio al pasajero. Después en el 2013 hubo un traspaso a la empresa Falcon. Hasta el momento no funcionaba una Comisión de mujeres. La primera Comisión de mujer la iniciamos después de haber ganado las elecciones de la Comisión Interna”, cuenta Rocío, y agrega que “soy la primera delegada mujer luchadora, porque hubo antes delegadas mujeres pero estaban con la burocracia y entonces no organizaban a las mujeres ni les interesaba formar ninguna Comisión de mujer ni nada”.

Rocío también destaca que “las condiciones de las chicas trabajando en los aeropuertos son un desastre. Sin ir más lejos somos ciento veinte mujeres donde trabajo y todas somos un problema para la empresa, porque dice que generamos pérdidas y no ganancias, por el sólo hecho de ser mujeres, porque nos embarazamos, porque tenemos hijos, por el período de lactancia, y después tenés que cuidar a tus hijos. Por ser madre te castigan, esa es la realidad”.

Yo me postulé con la lista Bordó y ganamos por el hecho de que ya las chicas están cansadas de tanto maltrato, ni siquiera nos dan uniforme de mujer, nos quieren obligar a ponernos uniforme de hombres y estamos rebeladas en contra de eso, o sea, ni siquiera te respetan tu género. El tema de postularme inició con la experiencia en la lucha por el traspaso y continuó con el apoyo de todas mis compañeras pidiendo que haya una mujer que las represente”.

Con respecto a la participación de las mujeres en los sindicatos, Rocío dice: “Vivimos en una sociedad machista, entonces no veo que en los sindicatos nos den el lugar de mujeres actuantes y pensantes. Casi ningún sindicato tiene mujeres que puedan opinar sobre los problemas reales, te tienen aisladas en lugares chiquitos que no tienen mucho desempeño. Como pasa en la mayoría de los trabajos no solamente en los sindicalizados, tenés que plantarte muy fuerte para que te den tu lugar y te respeten”.

Estos son algunos testimonios de obreras que pertenecen a la agrupación de mujeres Pan y Rosas y se organizan junto a sus compañeros varones en distintas agrupaciones que impulsa el sindicalismo clasista y combativo. Trabajadoras que construyen día a día una corriente política que se propone recuperar los sindicatos de manos de la burocracia sindical, que pelean contra la doble opresión que viven por ser mujeres y trabajadoras, por una sociedad sin explotadores ni explotados. Que se abren paso, para que sus voces se escuchen dentro de los sindicatos.

Ellas vienen siendo parte de movilizaciones como la de #NiUnaMenos, demostrando que si ellas y sus compañeros trabajadores se lo proponen, la voz de las mujeres por sus derechos puede convertirse en una gran lucha en común por poner a esas organizaciones al servicio de sus intereses y no al servicio de los patrones. Por eso muchas de esas mujeres ya han comenzado a organizarse para convocar a todas sus compañeras a participar del próximo Encuentro Nacional de Mujeres, que se desarrollará en octubre en la localidad de Rosario. Una gran instancia de deliberación de donde esperan volver con fuerzas renovadas para luchar; y conquistar sus reivindicaciones y derechos.

*Estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras. Militante del PTS. Argentina.

La Izquierda Diario