“Divide et impera” (Divide y reinarás) decíahace más de dos mil años el célebre político romano Julio César, máxima que reproduce el filósofo florentino Nicolás Maquiavelo en su obra El príncipe cuya contundencia ha clarificado a lo largo de la historia la anatomía y el espíritu descarnados del poder.

Este apotegma se repitió con estoica persistencia en Nuestra América desde los tiempos de la conquista con el nombre de balcanización,siendo la estrategia que ha dominado los destinos de nuestro continente y que los imperialismos, en distintos momentos, urdieron para mantener sometidos a nuestros pueblos. Ahora retorna con fuerza ante la escalada de la derecha en la regióny el avance imperialista de EE.UU. que busca recuperar lo que considera como su patio trasero.

Desarmar los instrumentos que garantizan la integración y la soberanía de toda la región es el objetivo de EE.UU. y para ello necesita de la colaboración de las oligarquías nativas que, como en los últimos dos siglos, son los que aseguran desde adentro la ejecución de estaestrategia imperialista y el cambio en el escenario político sopla una vez más a favor Washington.

¿Acaso el golpe de Estado consumado en Brasil el pasado 31 de agosto no es prueba suficiente de esta injerencia sobre nuestra región? ¿Cabe alguna duda de que la destitución de la presidenta Dilma Rousseffes un peligro real para nuestra soberanía? Esto no hace más que mostrar hasta donde son capaces de llegar los intereses corporativos.

En este sentido, la experiencia histórica más reciente nos lleva a los 90, decenio en el que se produce laarticulación entre las corporaciones multinacionales que favoreció una concentración económica tan descomunal como alevosa,generandouna profunda desigualdad y marcada asimetría entre el norte y el sur.

En esto se había convertido América Latina: en una región fragmentada social y geopolíticamente;en una plataforma exclusiva para los grandes negocios de las clases dominantes y la primacía de la burocracia política de los distintos países que operaban como mecanismo de legitimación de estos infames negociados. Se recreó la teoría de la dependencia, está vez desde el neoliberalismo. Esta plataforma de libre mercado, como la rubricaron en los ´90, fue resignificada por los movimientos sociales a fuerza de lucha y resistencia popular. Lograron revertir las agujas delreloj de la balcanización y fundar un nuevo tiempo con la integración y la unidad como vectores de la Patria Grande que vio su lustro más trascendente con la asunción del comandante Hugo Chávez en 1999. Un momento bisagra para la integración regional y continental en todas sus formas.

Hubo un cambio de signo y una esperanza revitalizadaque ha tenido donde sostenerse. Gobiernos populares que fueron y son todavía las columnas que sostienen este proceso integrador frente al fantasma de la balcanización que acecha con semblante renovado, pero con la persistencia de siempre. Un proceso que en este último tiempo comenzó a mostrar fisuras por los distintos reveces políticos que sufrieron los principales países de la región.Ergo, la unidad se hizo palpable pero ahora resiste el intento de recolonización estadounidense y que ante laspresentesvicisitudes retorna con un nuevo impulso, pero con los mismos objetivos que han signado su derrotero en todo el sur del Río Grande en lo queva de su historia.

La plataforma de la Patria Grande se levantó sobre las cenizas del neoliberalismo y el ALCA,referencias insoslayables de la balcanización en el último tiempo, ha garantizado la plena soberanía de nuestras naciones al unísono del cambio de época que se preanunciaba con el arribo de Chávez a Miraflores y el “No” al tratado de libre comercio encabezado por George W. Bush en noviembre 2005.Y es en elactual contexto donde nuestros pueblos ponen a prueba su espíritu de lucha, esencial para defender lo más sagrado que es la soberanía.

* Ensayista. Miembro del Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales “Felipe Varela”, de Argentina.