El desafío económico de la izquierda latinoamericana, en esta hora, es no dejarse tentar por las sirenas neoliberales, que no están en nado sincronizado sino dando patadas de ahogadas.

En forma abierta se habla en los medios occidentales de la muerte del neoliberalismo (ver por ejemplo el artículo ‘The death of neoliberalism and the crisis in western politics’, de M. Jacques, publicado en The Guardian). La razón principal de esta muerte es la creciente desigualdad, que resulta insostenible.

En 1980, una miniserie de televisión se presentó en Estados Unidos y fue asimilada por miles de pequeños empresarios y ejecutivos de empresas, que la recibieron como la catequización capitalista. La serie Free to Choose (Libre para elegir) marcó el inicio de una nueva etapa económica: el neoliberalismo. Los títulos de los 10 episodios sugieren su objetivo: El poder del mercado, La tiranía del control, Anatomía de la crisis, De la cuna a la tumba, Creados iguales, Lo malo de nuestras escuelas, ¿Quién protege al consumidor?, ¿Quién protege al trabajador?, ¿Cómo curar la inflación? y ¿Cómo permanecer libre? En 1990 se añadieron dos títulos: Libertad y prosperidad, y El fracaso del socialismo.

La serie de televisión y el libro previo (Libertad de elegir), que es casi su guión, fueron realizados por Milton y Rose Friedman, un matrimonio de economistas. La serie es la vulgarización de las teorías de Milton Friedman, Nobel de Economía 1976, asesor económico de Pinochet y de Reagan. Él sostenía que el gobierno no debe meterse en cuestiones económicas, excepto en casos extremos de supervivencia nacional. Friedman creía que lo mejor de un país aflora cuando hay libre mercado y lo peor aparece con la intervención estatal.

Nació así el neoliberalismo, corriente que propugna la liberalización total de la economía, apoya el libre comercio, exige la reducción del gasto público y rechaza la intervención del Estado en la economía. La economía neoliberal carece de restricciones. En este sistema se dice que la distribución social viene luego del crecimiento económico. Todo se deja en manos del mercado (Dios), mientras el Estado debe ser humilde y pequeño. El neoliberalismo va más allá del mercado y busca la privatización de todas las esferas de la vida.

Si en los países ricos la aplicación de esta corriente fracasó, como lo demostró la crisis de 2008, tras 30 años de dominio en la mayor parte del mundo, en Latinoamérica fue desastrosa su ejecución.

Frente a ese modelo obsoleto que la derecha sigue maquillando, más como servicio funerario, la izquierda debe ofrecer una opción realista. Esta es una economía al servicio del ser humano y el respeto a la naturaleza, con regulaciones, y con gran espacio a la corresponsabilidad social. Eso implica reducir la pobreza y combatir la desigualdad. En contraste con el neoliberalismo que endiosaba al mercado, la izquierda sabe que el mercado es un buen servidor, pero un pésimo amo.

Esta opción que ofrece la izquierda puede dar un paso adelante, si incluye a la naturaleza en la primera prioridad. Así aparece el concepto ampliado de pago de la deuda social y ambiental (esta última no debe confundirse con la deuda ecológica que deben pagar los países ricos a los pobres, por haber lesionado el ambiente).

(*) Fander Falconí Benítez, es un economista, académico y político ecuatoriano.