El expresidente de Haití Jean-Bertrand Aristide ha dado el salto a primera línea para la campaña de las elecciones presidenciales del mes que viene, lo que ha hecho pensar a muchos que la figura más divisiva de la accidentada política haitiana se posiciona para recuperar poder si gana su partido.

El regreso de Aristide a la campaña pública en apoyo de una aliada ha motivado a sus simpatizantes en barrios pobres, que ven al exsacerdote de barrio pobre como una figura casi mesiánica que luchó por los marginados del país.

Aristide pasó siete años en el exilio en Sudáfrica tras su derrocamiento en 2004. Fue recibido por multitudes entusiastas a su regreso a Haití en 2011, pero hasta este año se había mantenido en un discreto segundo plano.

Un candidato necesita superar el 50% de los votos para ganar directamente en la votación del mes que viene. Eso es improbable con tantos candidatos. Los analistas creen que Narcisse, gracias en parte a Aristide y los que siguen siendo fieles a su partido, tiene una posibilidad de convertirse en uno de los dos finalistas. Narcisse fue cuarta en la primera ronda del año pasado, anulada más tarde entre acusaciones fraude.

En una entrevista con Associated Press, Narcisse dijo que agradece la ayuda de Aristide en su campaña y que le consideraría como un valioso asesor si gana, aunque no está interesado en un puesto en el gobierno.

“Estoy muy contenta de que esté aquí. Es un líder carismático”, dijo. “La población le escucha. Hay una relación de amor entre los haitianos y él”.

Narcisse no es la única candidata con lazos con el expresidente.

En esta imagen del 21 de septiembre de 2016, un hombre coloca un cartel electoral con la imagen del derrocado expresidente de Haití Jean Bertrand-Aristide junto al candidato a la presidencia Maryse Narcisse, mientras ambos hacen campaña en la zona de Puerto Príncipe, Haití. Fuente: AP
También se presenta Jude Celestin, con el apoyo de Rene Preval, un ex protegido de Aristide que sirvió como presidente en 1996-2001 y de nuevo entre 2006 y 2011. Otras personas que estuvieron muy vinculadas al movimiento Lavalas, como Mosie Jean-Charles y Jean Henry Ceant, son ahora candidatos a la presidencia por otras plataformas que han creado.

Aunque es fácil encontrar simpatizantes fieles a Lavalas en los barrios que fueron bastiones de Aristide, en torno a un tercio de la población haitiana tiene menos de 15 años y sólo conoce su imagen por los carteles o retratos vendidos en las aceras. También hay votantes en esos barrios pobres que lo ven como una figura decepcionante del pasado.

Ravix Fadius, un fontanero con tres hijos que se mudó hace poco a la choza de su madre porque no encuentra empleo estable, dijo que Aristide es sólo otro político haitiano que puso varias veces sus intereses por delante de los del pueblo.

“Aristide y Lavalas tuvieron sus oportunidades de mejorar las cosas y no lo hicieron”, dijo a las afueras de la barriada costera de Cite Soleil, en Puerto Príncipe, donde la gente vive en filas de endebles cabañas. “Uno no puede construir una alcantarilla y decir que es un pueblo”.

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