Con la Alianza del Pacífico como punta de lanza de una ofensiva que va ganando influencia en la región; y con el Mercosur (ampliado con la membresía de Venezuela) como primera víctima de su estrategia geopolítica, el imperialismo estadounidense y sus aliados han sacado partido de los cambios en el mapa político suramericano para desmontar el proyecto de integración múltiple y diversa nuestramericana

La integración regional nuestroamericana, que durante los primeros tres lustros del siglo XXI fue obra de creación heroica de los gobiernos que identificamos como progresistas y nacional-populares, en tanto abrió un espacio inédito de innovación en las formas y los valores que orientan las relaciones comerciales, tecnológicas, sociales, educativas y culturales en América Latina, y que al mismo tiempo sirvió como escudo político ante maniobras desestabilizadoras e intentos de golpes de Estado, enfrenta sus horas más difíciles.

Como lo explica el analista cubano Francisco López Segrera en su libro América Latina: crisis del posneoliberalismo y ascenso de la nueva derecha, publicado recientemente en el sitio web de CLACSO, el ascenso de la nueva derecha en Argentina (2015) y Brasil (2016), lo mismo que el cambio en la correlación de fuerzas en Venezuela, luego de las elecciones legislativas del 2015, constituyen el mayor peligro para la integración regional, en un panorama económico global en el que la lenta recuperación de la crisis capitalista iniciada en 2008 y la baja en los precios del petróleo y las materias primas constriñen el margen de maniobra de los gobiernos latinoamericanos.

Así, nos encontraríamos en medio de lo que López Segrega define como “la coyuntura esperada por EE.UU. para romper su aislamiento en América Latina y el Caribe y restablecer su hegemonía en la región. Esto se hace obvio con la visita del Presidente Obama a Argentina y su apoyo al proyecto neoliberal del gobierno de Macri, mientras contempló impasible el golpe de Brasil. La victoria de Macri en Argentina y el golpe en Brasil, crean condiciones para quebrar el poderoso eje de integración entre los gobiernos de Brasil y Argentina y reconstituir un eje neoliberal en América del Sur, como durante los gobiernos de Cardoso y Menem” (pp. 109-110).

En ese contexto, el intelectual cubano considera que la llamada nueva derecha, con apoyo de los partidos mediático y judicial, se beneficia de “un momento histórico en que la geopolítica imperial de EE.UU. – de quien son aliados – ha repriorizado la región, al ver la inestabilidad de sus fuentes de petróleo en el Próximo Oriente, por la imperiosa necesidad que tiene de las materias primas de nuestra región y debido a que Rusia, China y la UE le disputan y arrebatan cada vez partes mayores de sus espacios económicos en la región” (p. 79).

Con la Alianza del Pacífico como punta de lanza de una ofensiva que va ganando influencia en la región (Costa Rica, Panamá y Uruguay avanzan en su incorporación formal al bloque fundado por México, Colombia, Chile y Perú; mientras que El Salvador, Honduras, Guatemala, República Dominicana, Haití, Trinidad y Tobago, Ecuador, Paraguay y Argentina participan en calidad de observadores); y con el Mercosur (ampliado con la membresía de Venezuela) como primera víctima de su estrategia geopolítica, el imperialismo estadounidense y sus aliados han sacado partido de los cambios en el mapa político suramericano -algunos como resultado de la expresión del pueblo en las urnas, y otros como descarnada consecuencia del golpismo de nuevo patrón- para desmontar el proyecto de integración múltiple y diversa que, desde la derrota del ALCA en Mar del Plata en 2005, se logró articular en torno a un conjunto de nuevas organizaciones como el ALBA, Petrocaribe, la UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

¿Podrán lograr su cometido los imperialistas de allá y de acá? ¿Acabarán, sin mayor resistencia, con la obra de quince años de integración latinoamericana, que supo recuperar lo mejor del pensamiento bolivariano y martiano y trató de llevarlo a la práctica en las relaciones entre nuestros pueblos? ¿Tendremos capacidad de respuesta, en las actuales condiciones que enfrentan los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador –polo generador de las transformaciones de este siglo XXI- para salvar esa otra integración por la que tanto se trabajó estos años?

En el ajedrez geopolítico de América Latina, hoy, aunque no estamos derrotados, la partida no luce a nuestro favor.

(*) Académico e investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos y del Centro de Investigación y Docencia en Educación, de la Universidad Nacional de Costa Rica.