Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La soberanía respecto de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y sus espacios marítimos circundantes es un tema de interés de todos los argentinos, cualquiera sea su filiación política. Es un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino, definido en la propia Constitución. Por esta razón, el gobierno nacional debe mantener informada a la oposición acerca de lo sustancial en el manejo del tema.

La cuestión, por lo demás, se rige por la Declaración Conjunta suscripta en Madrid por ambas partes el 19 de octubre de 1989. Especialmente por su párrafo 2°, que establece que nada, en ninguna reunión entre las partes, puede ser interpretado como un cambio de posición de la República Argentina acerca de la soberanía o jurisdicción territorial y marítima sobre las islas mencionadas y sus mares circundantes. Lo mismo se ha establecido respecto de la posición del Reino Unido en este tema.

El 12 y 13 del actual, el ministro británico de Estado para Europa y las Américas, Alan Duncan, mantuvo reuniones en Buenos Aires con las autoridades nacionales con motivo de haber participado en el Foro de Inversiones y Negocios organizado por el gobierno argentino. Se reunió primero con nuestra canciller y luego, con el vicecanciller argentino, con quien revisó la agenda bilateral. Esta reunión fue informada por nuestra Cancillería mediante un comunicado conjunto que “describe principios y relata intenciones.”.

Ha quedado establecido que ambos países buscarán ampliar la relación bilateral en torno a una agenda positiva, para lo cual se establecerá un mecanismo de diálogo, pensamiento y reflexión estratégica, con reuniones anuales programadas al efecto. Y, entre otros temas, el comunicado menciona específicamente el del Atlántico Sur, respecto del cual se decidió establecer un diálogo para mejorar la cooperación en todos los asuntos de interés recíproco, aunque naturalmente sujeto a la fórmula de soberanía de la Declaración Conjunta de 1989.

De ese diálogo se espera que se puedan remover los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las islas Malvinas, incluyendo lo vinculado al comercio, la pesca, la navegación y los hidrocarburos. Lo dicho no supone haber decidido ya cómo se resolverán los temas específicos, en tanto se esperan negociaciones complejas para arribar a soluciones sensatas para ambas partes.

En lo inmediato, se decidió establecer conexiones aéreas adicionales, aunque sujetas a que los detalles específicos sean definidos también por ambas partes. Se agregó el apoyo al proceso de identificación de ADN de los soldados argentinos no identificados que están sepultados en el cementerio de Darwin, con el apoyo del Comité Internacional de la Cruz Roja, destacando que, para las dos partes, los deseos de las familias involucradas son de la mayor importancia.

Como era previsible, atento a la cuestión pendiente que es nuestro reclamo de soberanía, la información suministrada por la Cancillería desató un huracán de objeciones y críticas. Entre ellas, las de diputados opositores -y de algunos del oficialismo, como Elisa Carrió-, quienes anteayer cuestionaron en duros términos el comunicado oficial en presencia del vicecanciller Carlos Foradori. Este funcionario exaltó la “estrategia del diálogo” y dijo que aquel escrito es “sólo una hoja de ruta”.

El hecho de que el reclamo de soberanía sea de una enorme sensibilidad y un punto esencial en la relación bilateral no implica que haya que transformar en un pantano todos y cada uno de los demás capítulos de nuestro diálogo con Gran Bretaña. La historia reciente sugiere que, en rigor, esa actitud negativa no ha logrado sino postergar y dificultar cualquier posible avance en dirección a una solución del gran tema pendiente. La rigidez extrema está lejos de ser la mejor o la única alternativa cuando de buscar soluciones se trata.

Por el momento, sólo existe la intención de encontrar capítulos que puedan conformar, con las reservas del caso, una agenda positiva, que en lugar de alejarnos nos acerque. Es posible que de esa manera en algún momento, dentro de una relación madura, la Argentina pueda finalmente dialogar y avanzar sobre el demorado tema de la soberanía respecto de los territorios en el Atlántico Sur que nos fueron arrebatados.

Corresponde a nuestras autoridades establecer los mecanismos de diálogo con los responsables de los partidos de oposición y destacar el insoslayable rol del Congreso en cuestiones de política exterior. Este delicado tema no debe ser usado con fines políticos, sino pensando en que la recuperación de la soberanía es un objetivo común, cuya importancia y seriedad no deben nunca banalizarse.

El Reino Unido, después de la desacertada decisión del llamado “Brexit”, ha ingresado en un proceso de pérdida de poder y debilitamiento progresivo, que no puede perderse de vista. No se puede tampoco soslayar el importante impacto que la cuestión adquiere en relación con nuestra soberanía.

La Nación