Aunque la Organización de las Naciones Unidas nació en medio de la II Guerra Mundial, apenas se firmó la paz tuvo que encargarse de cientos de miles de refugiados, unos en peligro de inanición y otros que intentaban salir de Europa. Hoy también hay un problema de refugiados, pero esta vez quieren entrar a Europa.

La guerra en Siria ha agravado la situación, pero la mayoría de la migración ha venido de África. La 71ª Asamblea General ha empezado, con la presencia de casi 100 jefes de Estado y el tema principal de la reunión es la grave situación de refugiados y migrantes.

No obstante, hay otras cuestiones que copan la atención: el proceso de paz en Colombia, el discurso del saliente presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y las alusiones (no las acciones) para enfrentar las injusticias globales y el mayor problema civilizatorio: el cambio climático.

Según la misma ONU existen en este momento más de 20 millones de refugiados (más que la población total de Ecuador) en el mundo. Y apenas el 14 por ciento se alberga en países ricos. Ecuador, por ejemplo, mantiene decenas de miles de refugiados colombianos.

Como la ONU advierte que se trata de proteger los derechos humanos de todos los refugiados y migrantes, sin importar su estatus, se esperaría que se hablara de los migrantes latinoamericanos a Estados Unidos. También dice la organización que rechaza los discursos de odio, lo cual podría parecer una alusión directa a Donald Trump.

Las propuestas de Trump, para detener la inmigración irregular que llega a Estados Unidos, consisten en deportaciones masivas y en levantar un muro en la frontera con México… ¡pagado por los propios mexicanos! En un contexto así, resulta repudiable que el actual presidente mexicano haya recibido al aspirante republicano en la Residencia Oficial de los Pinos.

La misma ONU no transpira optimismo. La misma ciudad que alberga a la sede de Naciones Unidas, Nueva York, fue víctima el fin de semana pasado de varios atentados terroristas que dejaron decenas de heridos. Las intervenciones en varios países extranjeros repercuten en casa. El terrorismo ya está incrustado en el corazón de Manhattan.

Así mismo, el multilateralismo, que es la esencia de la razón de ser de Naciones Unidas, ha empezado a fallar desde hace algunos años. Muchas decisiones favorables para la mayoría de la humanidad se vetan por los intereses de las grandes potencias.

La regla del consenso es, al final de cuentas, la dictadura de una minoría. Trabajar en conjunto ya no atrae a algunos países ricos, a menos que involucre beneficios, pero esto no es una novedad. Ya en 2009, el secretario general casi saliente (acaba su mandato este diciembre) de la ONU, Ban Ki-moon, escogió al multilateralismo como tema de la 64ª Asamblea General.

Tampoco sorprenden los pocos resultados que se esperan de la cita internacional. Los países ricos, especialmente, no son muy entusiastas en comprometerse a favor de toda la humanidad.

(*) Fander Falconí Benítez, es un economista, académico y político ecuatoriano.