Las leyes heredadas de la dictadura fascista del general Augusto Pinochet sobre el régimen de privatización de los seguros sociales propiciados por la escuela de los “Chicago Boys”, deja en evidencia, en este país, que millones de trabajadores, hoy se encuentran bajo el régimen de jubilaciones e ingresos miserables, mientras que han significado una enorme capitalización para el suculento negocio del capital financiero en las zonas más importantes del mundo. Chile cuenta hoy con unos 10 millones de trabajadores afiliados al sistema. Muchos de los trabajadores que confiaron sus ahorros a esos fondos están jubilándose y no están contentos con el monto de pensión que reciben.

Actualmente, los jubilados del sistema de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) suman un millón 188 mil personas, quienes reciben una pensión mensual promedio de 220 mil pesos chilenos, equivalente a unos 336 dólares, cuando el salario mínimo está calculado en 257 mil 500 pesos, unos 393 dólares. Mientras que los trabajadores se jubilan pobres el enorme capital que administran las (AFP), que proviene de las cotizaciones (obligatorias) del 10 % del salario, supera los 167.000 millones de dólares, casi el 70 % del producto nacional.

Siendo promocionado en su momento como el gran combustible que alimentaba lo que se dio en llamar el “milagro chileno”. Enormes fortunas invertidas en grandes empresas, bancos, multinacionales, mineras, puertos, supermercados, centros comerciales, etc., y utilizada para enriquecer a accionistas y dueños: en efecto durante el año 2015, hubieron 266 ejecutivos que ganaron el equivalente a 130.000 pensiones.

Sin duda, que el sistema de las AFP en Chile, comparable con las AFAP en Uruguay, muestra en forma explícita, la aplicación de las políticas económicas y sociales que se vienen dando en nuestros países hace ya varias décadas, con resultados, más que negativos desde el punto de vista social y que comprende a los trabajadores y sus familias. Hoy luego que han vaciado largamente lo aportado por los trabajadores del país primero en dictadura y después en “democracia”, el horizonte de la mentira queda plasmado en ese mar de dudas, con todo el sabor amargo para los trabajadores chilenos, y sin duda Uruguay no escapara a esa regla.

Tampoco es una novedad, la pesada herencia que ha tenido este país hasta nuestros días donde hemos visto en forma constante durante los últimos tiempos hasta el presente, movilizarse a decenas de miles de estudiantes por sus derechos conculcados por las políticas de privatizaciones y restrictivas que pretenden marginar a los más humildes de su derecho a la educación sin restricciones económicas.

Llama en parte la atención entonces, la semejanza de la aplicación del modelo que se ha seguido en estos países, (Chile y Uruguay) convertidos en laboratorios del capitalismo que tiene diversos puntos de contactos, más de los que a veces parece o sugieren la superficialidad que genera las buenas cifras macroeconómicas que producen las políticas dominantes. Haciendo de Chile y Uruguay los ejemplos económicos a seguir, en la región.

Tampoco es una casualidad que ello se mantenga, y se profundice desde los gobiernos que fueron dictatoriales, luego “democráticos” de derecha y más tarde los llamados progresistas, o siendo generosos con los términos de “seudo izquierda”, pues así llegaron pero no han superado su propia naturaleza vacilante en el comportamiento político, entre las viejas oligarquías cómplices con el capital financiero y sus instrumentos los bancos internacionales.

La concertación política de las décadas anteriores, ha promovido los actuales planes económicos y sociales, sin desarrollo económico independiente, sin salarios ni jubilaciones dignas, y con un conflicto permanente con la enseñanza (docentes y estudiantes), que han sido durante estos años una importante base social de resistencia lúcida contra las políticas del BID, del Banco Mundial y la impunidad.

Aunque ello todavía no es suficiente, a pesar del desarrollo que han obtenido en ciertos momentos. La enorme demostración que se ha producido en Chile evidencia, que las movilizaciones populares y la lucha de los pueblos no sólo está latente sino que además se expresa en una nueva situación histórica que va entrando nuestro continente. Y aunque esta lucha sufra reveses tarde o temprano como el “topo” asomara la cabeza.

En Uruguay las AFAP, han extraído con las complicidades de los gobiernos, y sus juegos democráticos, los aportes de los trabajadores, también aquí es necesario erradicarlas y mantener una previsión estatal, sin padrinazgos y transparente, favoreciendo en primer lugar a los más sumergidos. El negocio de las AFP, parte de las principales privatizaciones impuestas en dictadura, hoy ha empezado a ser repudiado en las calles de Santiago, y poniendo a la defensiva a sus defensores, que buscan hacer “contraofensiva” para defender el cuestionado “modelo”. Para aumentar la polémica recordaremos un hecho que caracteriza el sistema, la ley que creó esos fondos eximió de participar en ellos a los integrantes de fuerzas militares y otros funcionarios estatales, que al jubilarse siguen recibiendo generosas pensiones “de las de antes”, más cercanas al ingreso que tenían cuando “trabajaban”.

(*) Periodista uruguayo, fue director del semanario Siete sobre Siete y colaboró en otras publicaciones uruguayas y de America Latina. Corresponsal en Naciones Unidas y miembro de la Asociacion de Coresponsales de prensa de la ONU. Redactor Jefe Internacional del Hebdolatino en Ginebra. Miembro de la Plataforma Descam de Uruguay para los Derechos Economicos sociales y medio ambientales. Docente en periodismo especializado sobre Organismos Internacionales.