Aquellos que creían que esta es historia pasada, deberían estar más atento a toda la nueva parafernalia puesta en marcha por el gobierno uruguayo con el objetivo claro de volver a impulsar todo tipo de Tratados de Libre Comercio, ahora sí, con la venia del Mercosur. En realidad diremos que hoy la picardía consiste en lograr a través de acuerdos bilaterales un conjunto de normas relativas a inversiones, que incluye el uso de la tierra, servicios y política industrial. Se trata de un instrumento que dispone un espacio de libre circulación de capitales y de recursos ya sean estadounidenses, europeos o chinos.

La gran mayoría de la población uruguaya ‑y posiblemente la de toda la región- poco o nada ha oído ni leído sobre estos Tratados de Libre Comercio. Y lo poco que habrá leído u oído le habrá parecido que es un tema que debería favorecernos, pues un tratado con este título seguro que aumentará el comercio entre los dos lados del Atlántico Norte, o el Pacifico y con ello la actividad económica y la creación de empleo. Además todo esto fomentado y avalado por los medios de información y persuasión, en manos de grandes grupos financieros y empresariales, o bajo el control de opciones políticas próximas a estos intereses, seguro que proveerán las cajas de resonancia para que el lector, el oyente y el televidente de tales medios saque esta percepción de dicho tratado.

Además hoy es normal encontrarnos con afirmaciones provenientes de distintos ámbitos de las ciencias sociales, que actúan como los nuevos referentes de la vida política y social en nuestros países. Creando un manto adulador donde surgen los mecanismos de explicación psicológica, que nos indican que la felicidad completa, es decir el placer y la eliminación del sufrimiento terrenal, se manifiesta cuando participamos de los beneficios derivados del progreso de la dinámica mundializadora, y quedarnos afuera de la misma es no entender nada es propio de los retrógrados o viejos pensadores marxistas.

Abro un paréntesis, para recordar que recientemente y a propósito del Tratado Trans atlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) que se está negociando entre los EEUU y la Unión Europea, acarreo una considerable ola de protestas en varias ciudades alemanes, sin olvidar que “los marxistas” del Gobierno francés de François Holande exigieron a los negociadores de la UE suspender las mismas por las condiciones draconianas que estaban implementando e imponiendo los EEUU.

Y ahí está el problema, pues tal tratado afectará a la gran mayoría de la población en términos desfavorables a sus estándares de vida y al nivel de protección social que ha adquirido, protección que por otra parte, se debilitará considerablemente con la aplicación de ese tratado. Y la causa de que ello ocurra así y no de otra manera es consecuencia del enorme poder que los grandes conglomerados económicos y financieros tienen sobre el Estado federal de EEUU y sobre los Estados miembros de la Unión Europea. Y existe evidencia muy robusta de que ello será así. Solo basta mirar otros tratados semejantes para ver quién se ha beneficiado de ellos y quién ha salido perjudicado.

La formación de estos acuerdos de Libre Comercio es un instrumento que busca apalancar el control hegemónico de los grandes centros de poder de la globalización y apropiarse de las fuentes excedentes de las actividades primarias de América Latina.

No debemos olvidar por ejemplo que por medio de este acuerdo EEUU pretende institucionalizar los instrumentos de control de corte policiaco y militar en la región; acentuar el saqueo de los recursos naturales del continente, regulando de manera racista los flujos de migración; extender el libre flujo de capitales, pero impidiendo el libre mercado laboral; destruir la incipiente cadena industrial y productiva de los países de la región, privatizar el petróleo, el agua y la biodiversidad; mantener el control de la inversión científica de la región, etc. Con este tipo de acuerdo e independientemente del nombre que lo sustente se pretende dar a las compañías multinacionales y a los bancos un acceso incontrolado a los mercados, las materias primas y a la mano de obra.

En síntesis, estas áreas de libre comercio, que de libre no tienen nada, lejos de impulsar el desarrollo de los países latinoamericanos, representan un asalto a su economía. Debido a los tantos compromisos que los Gobiernos de América Latina tienen con EEUU, usualmente se siguen de manera servil sus posiciones en los foros internacionales, proporcionando fuerzas militares nominales para sus excursiones intervencionistas, y suministrando así una hoja de parra para lo que en realidad son acciones unilaterales, muchas veces con la complicidad de la ONU o en la nebulosa de la comunidad internacional del “mundo libre”. O casualidad que el terreno de las conflagraciones armadas son en aquellas naciones que desbordan de materias primas.

Por eso debemos estar muy atentos a la recolonización de América Latina y el Caribe que es un objetivo estratégico para Estados Unidos y sus socios europeos que cuenta para ello con los exacerbados mecanismos de dominio y superexplotación económica que propone estos mecanismos de inserción; con la creciente e intensa militarización regional; y con el omnipresente poder del FMI y del Banco Mundial, agentes del interés imperial sobre la multitud de países entrampados por la deuda externa.

Detrás de cualquiera de esos proyectos de dominación está el afán de apropiarse y controlar en el máximo grado los potenciales energéticos del continente.

En América Latina y el Caribe se localiza el 11 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y se produce cerca del 15 por ciento del crudo que se extrae en el planeta.

Además, América Latina cuenta con cerca del 6 por ciento de las reservas internacionales de gas natural, grandes reservas de carbón mineral –suficientes para unos 288 años de explotación– y abundantes recursos hidro-energéticos, calculados en más del 20 por ciento del potencial mundial. Parecería poco si se compara con el Medio Oriente, donde se ubican dos terceras partes de las reservas petroleras mundiales, pero esa es un zona de interés para todos los países industrializados e históricamente conflictiva, mientras el área de América Latina y el Caribe continúa viéndose como el patio trasero de los Estados Unidos y su riqueza energética está mucho más cerca geográficamente y es supuestamente más segura.

Por todo lo anterior, el interés por la energía latinoamericana no puede ser menospreciado, porque las menguadas reservas petroleras de EE.UU. apenas alcanzarían para pocos años más, y porque es evidente la intención imperial de controlar al mundo a través de la total monopolización de las fuentes energéticas.

Es obvio que uno de los pilares del “área de libre comercio” promovida por los EE.UU. y sus socios, aunque se oculte en las negociaciones, es el avance sin límite alguno en la privatización y desregulación de los sectores energéticos, y en el desplazamiento total de los Estados nacionales en el manejo de ese sector.

Frente a los sembradores de tinieblas, la verdad actúa siempre como la luz de la razón, pero no a todos le gusta la luz y se comprende, alumbrar el raciocinio humano significa ver muchas cosas en el, tal vez algunos indicadores económicos o las guerras que producen nos enseñan mas sobre las razones irrazonables, locas y forzadas que las retoricas de estos dirigentes.

(*) Periodista uruguayo, fue director del semanario Siete sobre Siete y colaboró en otras publicaciones uruguayas y de America Latina. Corresponsal en Naciones Unidas y miembro de la Asociacion de Coresponsales de prensa de la ONU. Redactor Jefe Internacional del Hebdolatino en Ginebra. Miembro de la Plataforma Descam de Uruguay para los Derechos Economicos sociales y medio ambientales. Docente en periodismo especializado sobre Organismos Internacionales.