La cumbre del Movimiento de países No Alineados, más conocido por su sigla Mnoal, finalizó su XVII reunión con la lectura de un documento y el traspaso de la presidencia pro-tempore de la República Islámica de Irán a la República Bolivariana de Venezuela.

Venezuela es el tercer país latinoamericano en asumir la presidencia del organismo después que lo hiciera Cuba en dos oportunidades (1979 y 2006) y Colombia en 1995.

Venezuela asume en momentos que vive una situación de tensión interna y un intento de Argentina, Brasil y Paraguay de aislarla del Mercosur. Suena como una paradoja que tres países de la región intenten debilitar a Venezuela en un organismo internacional cuando un movimiento que está compuesto por 120 países y un arco ideológico muy vasto lo digne para presidir un movimiento mucho más heterogéneo y complicado que el regional.

Lejos está el Mnoal de representar hoy las ideas de sus líderes fundadores que estaban en procesos de liberación del colonialismo, independencia nacional y la búsqueda de una política que les permitiera distanciarse del conflicto de dos bloques liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética. Hoy las figuras de Nehru de la India, Sukarno de Indonesia, Nasser de Egipto y Tito de Yugoslavia han quedado en el olvido o relegadas a un plano secundario siendo que en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado encarnaban la lucha contra las principales potencias coloniales e imperialistas.

En la famosa conferencia de Bandung en 1955 en Indonesia no hubo representantes latinoamericanos porque su eje eran las luchas de liberación nacional de Asia y África, y -salvo algunos territorios del Caribe o las Guayanas- las principales potencias coloniales europeas ya no tenían dependencias en territorio americano. Por circunstancias de la historia al momento de la conferencia de Bandung Juan Domingo Perón en la Argentina, que había enunciado una “Tercera Posición” en sintonía con los No Alineados, estaba en los tramos finales de su gobierno que sería derrocado por un golpe militar en septiembre de ese año.

No es casual que el primer país latinoamericano en sumarse fuera Cuba en 1961 luego de la revolución de 1959 frente las costas estadounidenses y hostigada por la primera potencia mundial y que participará en la primera conferencia oficial del movimiento en Belgrado, entonces capital de Yugoslavia.

La caída del muro de Berlín, la desintegración del bloque soviético, y la emergencia de los Estados Unidos como única súper potencia representan cambios que el movimiento como tal ha tenido dificultades para definir ya que un gran número de sus miembros tiene alianzas estratégicas justamente con Washington y algunos de ellos están enfrentados entre sí.

La presidencia ahora vuelve a un país latinoamericano que ha ganado notable protagonismo en la arena internacional en los últimos años. Sin embargo, presidir un organismo de 120 países “per se” no garantiza que éste adopte políticas que puedan beneficiar al país que está al frente del mismo aunque le permite maniobrar para que esto así sea.

La declaración final de la cumbre afirma claramente que existe la intención de “revitalizar” el movimiento, un desafío para el conjunto de los países y una oportunidad para Venezuela de marcar su impronta en este proceso. Además, el éxito de la gestión al frente del movimiento puede representar un capital político no desdeñable a pesar de todas las contradicciones del propio movimiento de no alineados.

Pedro Brieger en la rueda de prensa con el Presidente Nicolás Maduro


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