Este fin de semana comienza el XXXI Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) en la ciudad de Rosario, Santa Fe. Las aproximadamente 70 mil participantes discutirán sobre los más variados temas en 69 talleres y la Comisión Organizadora está formada por unas 200 mujeres. Los Encuentros se han instalado en la agenda política y social y ya no pasan desapercibidos, ni para los gobiernos ni para las organizaciones.

Pero no fue siempre así. La historia de los ENM se remonta a 1986. El primero fue en Buenos Aires, pasó por Córdoba y Mendoza y tres años después de su inicio, en 1989, pisó por primera vez la ciudad de Rosario.

Hubo alrededor de 30 talleres y participaron aproximadamente 3 mil mujeres. En este tercer encuentro, se espera una asistencia 20 veces mayor.

Era la primavera democrática y la lucha por los derechos humanos teñía a las organizaciones y movimientos. “La gran marca que dejó el ENM del 89 fue que se convirtió en una gran manifestación en contra de los indultos a los genocidas”, cuenta a Notas Mabel Gabarra, feminista e integrante de la Comisión Organizadora de los tres encuentros rosarinos. Menem había asumido hacía tres meses.

Además, “fue el primer Encuentro en el que se hizo el taller de sexualidad, al que concurrieron más de 300 personas. Y también en ese ENM se hizo el taller de mujeres políticas, que dio origen al Foro de Mujeres Políticas que luego hicieron el proyecto de ley de cupo aprobado en 1991”, repasa.

Pasó la década del ’90 y el estallido social que se llevó puestos cinco gobiernos en una semana. Los ENM vieron crecer su masividad a lo largo de esos años y ya en el de La Plata del 2001 participaron unas 15 mil mujeres. En 2003 la ciudad en la que Belgrano creó la bandera volvió a recibir al evento. Pero las de entonces ya no eran las mismas.

“En los primeros ENM éramos grupos chicos de mujeres feministas que veníamos trabajando hace mucho tiempo y luego se fue ampliando. En 2001 fue la gran irrupción de las piqueteras, de los movimientos sociales y luego el crecimiento de la participación de mujeres de partidos políticos, organizaciones barriales. Pero sobre todo partidos políticos”, dice Gabarra.

El ENM de 2003 fue el puntapié inicial de lo que luego sería la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. “Se hizo la Asamblea por el Derecho al Aborto que presidió Dora Coledesky y también el taller de Estrategias por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que nació como una estrategia para evitar los debates interminables con las mujeres católicas que hacían que cada taller fuera una batalla campal”, cuenta Mabel. También recuerda que “en la gran marcha que se hizo se usaron por primera vez los pañuelos verdes, que llevaron las compañeras de Católicas por el Derecho a Decidir”.

Para Gabarra eso fue “un momento de inflexión” ya que “se puso el aborto como un tema fundamental para las mujeres, en íntimo desarrollo con el derecho a decidir y con la justicia social necesaria para que todas las mujeres tengan los mismos derechos respecto a su salud y capacidad reproductiva”.

Majo Gerez, de la Comisión Organizadora de este año y militante de Mala Junta repasa una anécdota: “Cuando estaban discutiendo la consigna sobre aborto, decían que tenía que ser legal y seguro. Salta una compañera de un movimiento de desocupados y dice: ‘y gratuito’. Ahí se detuvieron a pensar que quizás a ellas, por venir de otras historias, del feminismo con perfil más de clase media, se les había escapado que tenía que ser gratuito”. “Me parece que es una buena síntesis”, afirma.

Año a año esta instancia única en el mundo fue creciendo, multiplicándose y ampliándose. El nutritivo encuentro entre feminismo y organizaciones sociales potenció a ambas expresiones del movimiento de mujeres y las amalgamó. Este fin de semana las plazas hoteleras están agotadas y 33 mil mujeres reservaron lugar para dormir en el piso de las escuelas.

La ciudad a orillas del Paraná también es precursora en realizar el taller de mujeres trabajadoras sexuales. “Solo existió dos veces en la historia de los ENM y la primera fue en 2003 y fue coordinado por Sandra Cabrera, dirigente de AMMAR Rosario que fue de las primeras voces públicas en denunciar la connivencia policial con las redes de trata y con el narcotráfico”, cuenta Gerez. Pocos meses después de ese Encuentro, Sandra fue asesinada. “Cuando recordamos por qué nos propusimos en octubre del año pasado ser sede se hablaba de la situación de Rosario, cómo la narcocriminalidad está tan instalada y la relación con la policía se lleva la vida de los pibes de las barriadas populares, donde son las mujeres, las madres, que se ponen a la cabeza de la lucha por justicia”, explica. “Y una no puede dejar de pensar a Sandra”, afirma.

Los ENM y su impacto social

“Creo que para la sociedad argentina los Encuentros son un gran avance pero todavía en su gran mayoría mira con gran prejuicio y los medios, la propaganda religiosa y algunos funcionarios ayudan en eso”, analiza Mabel.

Por otro lado, para el movimiento de mujeres y feminista los ENM se han convertido en una “asamblea anual”. “Estos Encuentros han sido el lugar donde se imaginó, se debatió y se propusieron todas las iniciativas que luego serían leyes y que significaron un avance en la situación de las mujeres”, consideró Gabarra.

“En 1989 la ciudad no tuvo una reacción muy grande porque fue un Encuentro chico, no había mucha repercusión, aunque en ese momento Rosario/12 lo sacó en primera plana. Todavía no se hacían las marchas”, recuerda Mabel. Y agrega que en 2003 la repercusión sí fue importante: “No se dio especial relevancia a lo que las mujeres discutían. Pero la marcha fue impresionante, causó impacto”.

“Que hayamos incluido un taller de mujeres afrodescendientes o uno de mujeres y cannabis habla de cómo ha crecido la participación de mujeres que hace que, más allá de las contradicciones, el movimiento crezca y es completamente transversal a las otras luchas”, reflexiona por su parte Majo, pensando en este Encuentro.

Para Mabel eso se ha ido completando con la participación de muchas mujeres jóvenes, lo que alegra a las primeras organizadoras de los Encuentros porque saben “que esto va a continuar”. “La lucha por un mundo mejor para las mujeres no se acabó ni tiene un tope porque es la lucha por mejores condiciones para la sociedad en su conjunto en definitiva”, concluye.

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