El vuelo de Susana Malcorra hacia la Secretaría General de las Naciones Unidas se estrelló, antes de lo previsto, contra los votos en contra de siete de los 15 países miembros del Consejo de Seguridad del organismo multilateral, uno de ellos con el poder de veto que corresponde a los miembros permanentes de esa estructura y la abstención de otros dos de ese selecto pentágono.

El oxígeno de su candidatura se había consumido antes, cuando la sobreactuación, la impericia y la falta de respeto por los valores de las relaciones exteriores por parte del presidente Mauricio Macri, nada menos que frente a Gran Bretaña, hicieron que Londres apresurase su voto de censura.

Con la misma liviandad con que se expresa en el país e igual desparpajo que al presentar como representantes sociales a los personajes inventados por su equipo de comunicación, el presidente argentino había afirmado que la premier Theresa May estaba dispuesta a “comenzar a conversar” sobre la soberanía de las islas del Atlántico Sur. A diferencia de lo que implica el blindaje mediático del que disfruta en la Argentina y del grado de tolerancia, ya menguante, de la ciudadanía hacia sus políticas y sus dislates, el ámbito internacionales mueve con lógica implacable y cobra los errores. El paseo hacia la cumbre de la ONU terminó con el fracaso estrepitoso causado por la desmentida del Foreign Office británico a la afirmación de Macri y el consecuente aviso de veto londinense.

Los medios dominantes se apuraron a intentar convertir a la canciller Malcorra en una suerte de víctima británica, tratando de tapar las acusaciones de entrega de los intereses nacionales que recibió por el acuerdo con Londres, en plena campaña de convencimiento yque luego debió transformar en un sencillo “comunicado conjunto”.

Algunos firmas de los diarios de mayor tirada nacional, que además transitan por las pajareras televisivas del escándalo político, llegaron a asegurar que el resultado en la ONU “hizo trizas las teorías en el kirchnerismo que la ingeniera ministra utilizaba su cargo de canciller para seducir a los británicos”; la pluma, que incluso comete un error de redacción, sin embargo decidió ocultar que la declaración redactada por el equipo de Malcorra y firmada con alborozo por su par británico Alan Duncan, abre una brecha favorable a una administración que libere totalmente a Gran Bretaña de trabas para la explotación de hidrocarburos dentro del espacio soberano argentino.

El propio presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, se encargó de confirmar que el Ejecutivo estudia la derogación de la Ley 26.659, que impide a cualquier argentino explotar el petróleo de Malvinas junto a británicos y sanciona a empresas y personas que participen de actividades petroleras en las islas sin permiso del gobierno nacional. De ese modo reconoció que de desmontar la legislación que protege los intereses soberanos.

La votación negativa para Malcorra fue refrendada un día después, cuando el Consejo de Seguridad confirmó que Antonio Guterres, ex primer ministro de Portugal, ex presidente de la Internacional Socialista y Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU será el reemplazante de Ban Ki-moon a partir del 1º de enero próximo.

El plan de mutua conveniencia entre el presidente Macri y Malcorra quedó destruido. Ella no podrá subir al escalón al que aspiraba después de ser Oficial Principal de Operaciones y Directora Ejecutiva Adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA),Secretaria General Adjunta del Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno (DAAT) y Jefa de Gabinete del Secretario General de las Naciones Unidas.

El tampoco podrá decircon la liviandad que su política internacional coronó una dama “propia” en el escalón principal del multilateralismo, lo que para el equipo amarillo del PRO hubiese constituido un equivalente laico al obispo argentino y peronista que se sienta en el sillón de San Pedro. Como se señaló en la columna previa ya citada, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, se había atrevido a decir, con una candidez impropia del cargo que ocupa y escasa fineza diplomática, que “los argentinos ya tenemos a Bergoglio en el Vaticano, a Messi en el Barca y sólo falta Malcorra en Naciones Unidas”.

Se quedó con las ganas de un absurdo que, además, hizo que el país tuviese una ministra de Relaciones Exteriores a tiempo parcial, como ella misma reconoció al señalar que “Hasta ahora tuvieron una Canciller part-time”, al brindar ante los diplomáticos por su día, con una semana de atraso. El Palacio San Martín, siempre receloso con las figuras que ocupan los cargos de conducción sin haber transitado los pasillos del Instituto de Servicio Exterior de la Nación, ya venía expresando malestares por la escasa actividad diplomática genuina, desplazada por la “campaña” de su jefa, concepto que ella misma utilizó a través del cable interno del MRECIC, circulado el 26 de mayo a las 15.21, cuando intentó justificar sus andanzas.

Con un sueldo de 152.908,37 pesos argentinos (más de 10 mil dólares), calculados para una carga laboral full time y no parcial, la ex funcionaria de la ONU también recibió críticas por el gasto presupuestario que costaron sus 14 vueltas alrededor del mundo en 10 meses, con 594.000 kilómetros en 37 visitas oficiales, según el registro de audiencias al promediar septiembre, incluidos las nueve visitas a Nueva York, según el cálculo meticuloso del matutino El Cronista.

Días antes de asumir como presidente, Macri se había rendido ante el currículum de Malcorra y, sobre todo, frente a la hipótesis de un viaje a Nueva York un año después, para lucirse con la designación de una funcionaria propia en el máximo escalón del sistema multilateral y presentar el hecho como un “triunfo” de su gestión, sobre todo de esa “apertura al mundo” de su “nueva Argentina”.

A su colega, con paso por IBM y Telecom, créditos no le faltaban, tampoco apoyos, como el de Ban Ki-moon y hasta del propio presidente Barack Obama. En los conciliábulos internacionales, dignos de la Florencia de los Medici, se afirmaba que, en cumplimiento de un pacto no escrito, era el turno de instalar en la ONU a un europeo, preferentemente del Este por ser la única región del mundo que no ha ocupado el puesto de Secretario General.

De no concretarse esa expectativa, la posibilidad se desplazaría hacia América y, entonces sí, Malcorra correría con buenos caballos, tan buenos como lo son los que provienen del establo del comisario. Estados Unidos, en ese caso, hubiese tenido otro resorte multilateral a cargo de alguien dócil a sus intereses.

Todo se sabe

A partir de 2004 Susana Malcorra ejerció como Oficial Principal de Operaciones y Directora Ejecutiva Adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA), supervisando operaciones humanitarias y de emergencia. De ese organismo pasó al DAAT, encargado de cooperar con el despliegue de las “misiones de paz” de la ONU en todo el mundo, con un presupuesto de u$s 7.000 millones y manejo sobre más de 120 mil personas, entre militares, policías y civiles.

Cuatro años después se convirtió en jefa del gabinete del secretario general, Ban Ki-moon. A lo largo de ese recorrido fue significativo el vínculo que logró con Susan Rice, entonces embajadora de Estados Unidos en la ONU y luego consejera de Seguridad Nacional del presidente Barack Obama.

Las filtraciones de Wikileaks, a partir de 2008, permitieron confirmar el acercamiento de la funcionaria hacia los intereses de Washington, a pesar de distintos problemas logísticos y de irregularidades administrativas registradas en diferentes misiones de paz, en particular en la de Darfur, Sudán, donde la ONU, a instancias del gobierno estadounidense de George W Bush, intentó desde 2007 contener un conflicto armado que desembocó en un proceso de “limpieza étnica” de la población negra, con entre 300.000 y 400.000 muertos y más de dos millones de desplazados de sus hogares.

Los malestares británicos, alemanes e italianos con la gestión Malcorra, al punto de proponer saltear la coordinación con la ONU y operar de modo directo, y la aceptación de las propuestas de los EEUU por parte de la funcionaria argentina, quedaron documentados en veinte despachos del Departamento de Estado fechados entre 2008 y 2009, que mencionan a la actual canciller argentina, insertados en su sitio por wikileaks.orgen 2012.

A pesar de esas opiniones en su contra, Malcorra llegó a la Jefatura de Gabinete de la Secretaría General ONU, tal vez gracias a diferentes nombramientos de estadounidenses en altos cargos de la DATT, como fueron, a solicitud de la influyente Susan Rice, los de Tony Banbury como subsecretario General Adjunto en el Departamento de Apoyo a las Actividades en el Terreno, que ocupó hasta el 5 de febrero de 2016 o a su propio ofrecimiento de llenar las direcciones recursos humanos, logística, tecnología y finanzas con funcionarios de Estados Unidos.

Los tiempos de la elección se acabaron antes de lo previsto para la fórmula Macri-Malcorra. La diplomacia argentina filtraba a los diarios que acompañaron la candidatura de su jefa versiones acerca de que “ninguno de los países que ´desalentaron´ la candidatura de Malcorra” era uno de los miembros permanentes, a pesar de que ella ya había sumado evidencias acerca de que una de esas papeletas efectivamente pertenecía a uno de “los cinco” y que otros dos avanzaban en la misma dirección.

Los que más preocupaban a la rosarina era Rusia e Inglaterra. El primero trató de sostener a los candidatos el Este hasta el final, aunque siempre estuvo dispuesto a avanzar en una negociación que llevase a Guterres hasta el sillón principal de la ONU, a pesar de que su país forma parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), dirigida desde Washington, sobre todo ante la certeza de que EEUU vetaría a la búlgara Directora General de la UNESCO Irina Bokova.

Todo el tiempo y en todos los miembros del Consejo pesó además la certeza de que el tema que abarcará la próxima década del mundo internacional será el de los refugiados, especialidad de Guterres, que se desempeñó como Alto Comisario de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) desde junio de 2005 hasta el 15 de diciembre de 2015.

Cuando ya se veía la imbatibilidad del portugués, hubo un intento más del equipo gubernamental argentino, que trató de instalar que cualquier rechazo que recibiese sería pura misoginia y no tendría que ver con las acusaciones en su contra por el supuesto ocultamiento de casos de abuso sexual a menores perpetrado por Cascos Azules franceses de la ONU en República Centroafricana, ni por su mala gestión durante el despliegue de las tropas de paz en Darfur, Sudán, situaciones que pesaban en contra de su interés. Del mismo modo que lo fue para muchos países su alineamiento con Estados Unidos. Con el europeo ya triunfante por unanimidad, se atrevió a despedirse con el tweet “Nos queda una asignatura pendiente con respecto al género”.

A lo largo de los primeros once meses de gobierno, Macri recorrió el mundo a caballo del conocimiento que los gobiernos tenían de Malcorra. Puede ser que crea haber llegado a la cima, del mismo modo que, en esos mismos meses, condujo el país a su “pobreza cero”.

*Sicólogo, periodista e investigador argentino. Investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico