El dolor que se transformó en lucha colectiva

Familiares, amigos, militantes de los derechos humanos, algunos legisladores y pocos funcionarios, llenaron ayer el teatro ND Ateneo que, desde las 19, se convirtió en albergue de la celebración por los 39 años de trabajo, militancia, garra y búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo. “Lo maravilloso de toda esta historia es que pudimos transformar un inmenso dolor en lucha colectiva”, dijo Estela de Carlotto desde la pantalla gigante que ofició de única escenografía.

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo habló desde el nuevo video institucional del organismo, realizado por la Escuela de Experimentación y Realización Cinematográfica, en el que también aparecieron otras abuelas contando “su” historia. Ellas se miraban con la risa florenciente desde la primera fila. Desde allí también festejaron las cargadas cariñosas que les regalaron dos de sus más cercanos “nietos recuperados”, Leonardo Fossati y Manuel Goncalves, a cargo del acto; celebraron los chistes del artista Conrado Geiger, aplaudieron el pasaje del musical “El Parador de Valeria” y se emocionaron con cada saludo que les dedicaron desde el escenario en poco menos de dos horas de homenaje. “Estamos acá porque estas mujeres nos han buscado con enorme amor, y nos han encontrado”, inauguró Goncalves el festejo.

El teatro se llenó por completo. El ambiente fue de fiesta y agradecimiento. “Todos nos sentimos un poco nietos de las Abuelas”, dijo el diputado del Parlasur Jorge Taiana, mientras aguardaba la apertura de la sala. El secretario general del Partido Solidario, Juan Carlos Junio, sumó elogios: “Son un símbolo notable para la sociedad democrática argentina”.

Ambos fueron destacados desde el dúo conductor del acto, junto a los secretarios de Derechos Humanos de la Nación y de la provincia de Buenos Aires, Claudio Avruj y Santiago Cantón, las juezas Martina Forns y María del Carmen Roquetta, y el ex magistrado Carlos Rozansky. Taiana desató los primeros aplausos estruendosos en la sala. Rozansky puso al público de pie y lo hizo cantar: “Vamos a volveeeeer, a volver, a volver, vamos a volveeer”. También fue de la partida el titular de la unidad fiscal especializada en casos de apropiación de niños durante la dictadura, Pablo Parenti, quien destacó que la de las Abuelas fue “una lucha que abrió camino” y que “no solo enseñó a todos como sociedad, sino que generó los mecanismos que hoy el Estado utiliza para llevar a cabo la búsqueda de los nietos, que es la de todos”.

Los nietos fueron llegando de a poco. A Horacio Pietragalla, secretario de Derechos Humanos de Santa Cruz, Victoria Montenegro, Guillermo Pérez Roisimblit y Jorge Castro Rubel se los vio llegar contentos. “Es importante festejar. El trabajo de Abuelas es largo, importante y trascendente para nosotros y para la historia del país”, opinó Castro Rubel, que recuperó su identidad en 2014 y agradeció a las Abuelas “la oportunidad de poder acceder a una parte de la historia que de no ser por ellas no hubiera sido posible”. La misma intención tuvo el mensaje que, desde el escenario, ofrecieron a las homenajeadas Claudia Castro Domínguez, que recuperó su identidad en 2015, y Maximiliano Menna, el último “nieto” identificado hasta el momento. El y su hermano fueron los más requeridos para fotos profesionales y “selfies” de la noche. Josefina “Cotita” Casado, tía de Sebastián Casado Tasca, quien supo que era hijo de desaparecidos en 2006, también les leyó un mensaje a las Abuelas en el que se preguntó “qué clase de país hubiéramos sido si nos hubiera faltado su lucha”, y remarcó que “lo mejor de este país se parece a ustedes”.

Bajo las luces, Lita Boitano, de Familiares de Desaparecidos, y Carlos Pisoni, de Hijos, tiraron besos que las Abuelas agarraron al vuelo. “Vida para seguir adelante”, les deseó Boitano. “Que no se mueran nunca”, propuso Pisoni. Montenegro fue la encargada de entregarles a las homenajeadas el regalo de los nietos recuperados, de los bisnietos y de los hermanos, primos y tíos de los que aún falta hallar: un ramo de flores blancas y un cuadro con fotos que recorren la historia, esa en la que las abuelas convirtieron un dolor inmenso en lucha colectiva.

Página 12