Sin mayores desórdenes transcurre la jornada de votación en el país

Transcurridas cinco horas de la jornada del plebiscito las autoridades no han reportado ninguna novedad. La fiesta democrática se ha desarrollado en total tranquilidad y con una continua participación ciudadana. El Ministerio de Defensa reportó que en las diferentes regiones en donde hace presencia la Fuerza Pública garantizando la seguridad no han hecho ningún reporte negativo.

El único incidente reportado oficialmente, se dio en Guaviare luego de que “un puesto electoral sufriera hostigamientos con artefactos explosivos. No hubo víctimas ni daños mayores”, dijo Mindefensa en su cuenta e Twitter.

El ministro del Interior, Juan Fernando Cristo ha dicho que no ha habido necesidad de trasladar ninguna mesa por algún altercado o problema de orden público. En los 11.034 puestos de votación instalados en el país por parte de la Registraduría los colombianos están acudiendo en total tranquilidad.

 “Eso significa que se está cumpliendo todo en orden que estas son las elecciones más tranquilas y seguras de toda la historia democrática”, manifestó Cristo, quien además invitó a los colombianos a salir a votar temprano, no esperar la tarde para hacerlo.

Por su parte la Registraduría ha insistido en que en Colombia 18.047.321 mujeres y 16.852.624 hombres están habilitados para ejercer su derecho constitucional de votar.

Desde el inicio el comienzo de la jornada hubo una inquietud y tenía que ver con la lluvia, con la situación climática. Entre los departamentos que han tenido dificultadas por este aspecto son La Guajira, Magdalena y Chocó.

Las Fuerzas Militares han dicho que sus 130.000 soldados están atentos y que están ejerciendo una vigilancia por tierra mar y aire.

El Tiempo

Más de 34 millones de colombianos están llamados a las urnas para aprobar o no el acuerdo de paz alcanzado entre el Gobierno y las FARC-EP.

Los colegios electorales, dispuestos en toda Colombia, comenzaron a abrir sus puertas este domingo para acoger el plebiscito en el que los ciudadanos votarán en favor o en contra del acuerdo de paz alcanzado entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP).

Cerca de las 08H00 local (13H00 GMT) se dio inicio en Colombia a las primeras elecciones en paz tras más de medio siglo de conflicto armado y social. Se espera que el proceso se extienda hasta las 16H00 local, momento en el cual comenzará el cierre de las mesas.

Para estos comicios están convocados 34 millones 985 mil colombianos y fueron habilitadas 81 mil 925 mesas electorales, distribuidas en 11 mil 34 puestos de votación en toda Colombia que serán conducidos por 83 mil 581 jurados de votación.

¿Apoya usted el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?” será la pregunta que los colombianos deberán responder con Sí o No.

¿Qué pasa si gana el Sí?

Según el analista político Juan Carlos Palou, de ganar el Sí, se abriría una etapa beneficiosa para Colombia, pues se darían pasos para superar un conflicto armado que supera los 50 años en la región.

Asimismo, el sociólogo y periodista colombiano Alfredo Molano asegura que, de se aprobado el acuerdo, las FARC-EP tendrían que acelerar el proceso de pasar de una organización armada a un partido político, trabajar en los puntos del acuerdo de paz y vigilar que el Gobierno respete cada uno de los puntos del documento.

¿Qué pasa si gana el No?

Palou sostuvo que de triunfar la opción del no el proceso de paz iniciado entre el Gobierno y las FARC-EP terminaría y no habría ninguna posibilidad de renegociar los acuerdos y reiniciar el proceso de paz, y añadió que las conversaciones de paz en La Habana fue un proceso muy desgastante para las partes.

Molano destacó que de llegar a ganar el “No” se paralizaría el proceso de paz y la derecha colombiana presionaría al Gobierno a renegociar el acuerdo de paz bajo otras condiciones.

Telesur

¿Qué es lo que se juega el país en las urnas?

El plebiscito que tiene lugar este domingo es mucho más que aprobar con un ‘Sí’ o desaprobar con un ‘No’ los acuerdos de paz con las Farc.

Lo que está en juego este domingo en las urnas es si Colombia termina de dar el salto al siglo XXI o si se mantiene atado a una guerra del siglo XX que ubica al país como el único del hemisferio con un conflicto armado interno, con todas las limitaciones que esto implica para el crecimiento económico y el progreso social.

No es que los acuerdos alcanzados con las Farc luego de tres años y nueve meses de negociaciones en La Habana sean el pase automático a un nivel superior de desarrollo, pero con una guerra irresuelta a Colombia sí le resultará muy difícil ofrecer a sus ciudadanos niveles aceptables de seguridad y bienestar.

En últimas, la votación de este domingo no es para apoyar o rechazar a las Farc, sino para decidir si el país acaba o no una guerra de 52 años.

El plebiscito no es tampoco para borrar con el voto el daño que hizo esa guerrilla ni para abrirle las puertas del poder. Es para avalar su desarme y su transformación en un partido político legal.

De acuerdo con el Censo Nacional Agropecuario, en el 2014 el 72 por ciento de los jóvenes campesinos no tenía acceso a la educación y uno de cada 10 habitantes del campo, mayor de 15 años, no sabía leer ni escribir. Este domingo los pobres en las zonas rurales de Colombia casi triplican a los que hay en los centros urbanos.

Con la inversión prevista en los acuerdos sobre desarrollo rural y sustitución de cultivos ilícitos con las Farc, Colombia asume, por primera vez, el compromiso de saldar su deuda social con el sector más olvidado: los campesinos, cuya lucha por la tierra y la exclusión política dieron origen a esa guerrilla.

El peligro de la distorsión

Pero la polarización política frente al proceso de paz ha provocado en amplios sectores del país una peligrosa distorsión sobre el plebiscito, a tal punto que hay quienes creen que la votación de este domingo es para respaldar al presidente Juan Manuel Santos o al expresidente Álvaro Uribe.

Nada más lejos de esto. Los acuerdos de paz con las Farc trascienden, por mucho, los proyectos políticos de Santos y Uribe y es lo que tendría que considerar cada votante cuando acuda a las urnas.

De lo contrario, podría pasar en Colombia lo que les ocurrió a muchos votantes desinformados del Reino Unido con el ‘brexit’. Aterrorizados por la idea manipulada de que ese país podía llenarse de inmigrantes y de que le salía muy costoso hacer parte de la Unión Europea, votaron por la salida de esta comunidad y al día siguiente lo lamentaron.

En Chile, en cambio, el plebiscito de 1988 para votar la continuidad o la salida de la presidencia del dictador Augusto Pinochet le permitió a ese país deshacerse de ese lastre, que le había provocado el aislamiento diplomático y que había limitado sus posibilidades de comercio e inversiones.

En Colombia no vamos a votar por el fin de una dictadura, pero sí por el fin del lastre de la guerra.

Es absurdo que así lo entienda el mundo, mientras que un segmento de colombianos, legítimamente indignado por las atrocidades de las Farc, es arrastrado al ‘No’ por los intereses políticos de los opositores a los acuerdos de paz.

Uno de los argumentos centrales de esos opositores de los acuerdos con las Farc ha sido la supuesta impunidad para los crímenes graves, pero ni la Corte Penal Internacional (CPI), encargada de perseguir a los autores de crímenes de lesa humanidad y de guerra, ni los países que acompañaron la firma de la paz el lunes en Cartagena habrían avalado el acuerdo con esa guerrilla si existiera tal impunidad.

Además de 13 jefes de Estado, en Cartagena estaban el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, el enviado especial de la Unión Europea, Eamon Gilmore, y hasta el segundo hombre más poderoso del Vaticano, Pietro Parolin. Es decir, el mundo en pleno.

El mismo papa Francisco anunció ya un viaje a Colombia, siempre y cuando el Acuerdo Final de Paz con las Farc sea “blindado en el plebiscito”.

Y no solo eso. El papa tomó partido. “El presidente Santos –dijo– está arriesgando todo por este proceso de paz, pero también hay otra parte que también está arriesgando todo por continuar la guerra”.

El margen importa

Como la implementación de los acuerdos de paz va a requerir de consensos políticos, no solo es importante que se imponga el ‘Sí’, sino que lo haga con contundencia.

En este sentido, la opción del ‘Sí’ debería obtener un amplio margen de diferencia frente a la opción del ‘No’.

El triunfo de un ‘Sí’ con un margen apretado frente al ‘No’ daría aire a los opositores de los acuerdos para perfilarse hacia las elecciones del 2018 con el mismo discurso que han usado para desacreditar lo pactado entre el Gobierno y las Farc en La Habana.

En consecuencia, haría más difícil poner en marcha los cambios que el país necesita para abrirse de lleno a las distintas posibilidades de la economía del siglo XXI.

También complicaría la obtención de los recursos que requiere la implementación de los acuerdos. Solo el acuerdo para el desarrollo rural costará unos 8 billones de pesos al año, según estimaciones de Fedesarrollo.

Por todo esto, el plebiscito de este domingo trasciende al Gobierno, a las Farc y al expresidente Uribe.

Este domingo es el día para pasar la página y darle una nueva oportunidad a Colombia o para dejarla atrapada en un conflicto armado del siglo XX. Esa es la trascendencia del voto que cada colombiano dejará en las urnas.

Publicado en El Tiempo

Los 10 argumentos de los que defienden el ‘Sí’ y el ‘No’

‘Fin a 52 años de guerra’

Por primera vez en sus 52 años de historia, y después de tres intentos fallidos en los últimos 30 años, la guerrilla de las Farc acepta desmovilizarse, entregar sus armas y someterse a la justicia transicional, que implica compromisos de verdad, justicia, reparación y no repetición. Es un paso fundamental para el país porque se trata de la guerrilla más antigua del hemisferio y del principal actor de uno de los conflictos más antiguos del mundo. Derrotadas en el campo militar por los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, las Farc tienen aún capacidad de daño en varios de los departamentos más pobres y atrasados del país.

En medio del proceso, departamentos como Cauca, Putumayo y Caquetá, tradicionales escenarios de la guerra, pudieron disfrutar de la relativa tranquilidad que, por lo menos en lo que toca a la violencia del conflicto, ya vive el 90 por ciento del país.

El fin de la ‘marca’ ilegal más poderosa en el conflicto no supone que termine de inmediato la violencia en el país, pero es un paso fundamental para cerrar una guerra que deja más de 267 mil muertos en cinco décadas.

Según datos del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), el país ya siente la reducción de la violencia: van más de 1.250 días sin un ataque de las Farc a una población, 250 días sin secuestros atribuidos a ese grupo, casi 600 sin retenes ilegales, más de un año sin emboscadas y 371 días sin atentados contra la infraestructura petrolera o torres de energía.

Por el acuerdo, deben acabarse el narcotráfico y las extorsiones de las Farc. La ONU vigilará el cumplimiento de esos compromisos.

‘Se generará más progreso’

Se generará un revulsivo para la economía del país. El Gobierno calcula que en el posconflicto, el Producto Interno Bruto (PIB) crecería a ritmos del 6 por ciento anual, más del doble del actual. Habrá más empleo e inversión para el desarrollo del campo. Pero, además, el país, que en 60 años ha destinado 411 billones de pesos a seguridad, sobre todo al conflicto, podrá liberar recursos para desarrollo y para enfrentar otros retos de seguridad, como la delincuencia común.

‘El mundo, con el proceso’

Como nunca antes, el mundo entero acompañó la actual negociación y su Acuerdo Final. La Unión Europea, el Vaticano, el Gobierno de los EE. UU., la ONU, el Fondo Monetario Internacional, el Comité Internacional de la Cruz Roja, el Banco Mundial y el BID, además de la OEA y los gobiernos de toda la región, apoyaron el proceso. La Corte Penal Internacional dijo que el acuerdo satisface las exigencias de justicia.

‘No habrá impunidad para crímenes de la guerrilla’

El acuerdo no implica impunidad. Para recibir la pena alternativa –que en los casos de máxima colaboración con la justicia contempla que no haya cárcel, aunque sí otras medidas restrictivas–, los victimarios deben cumplir compromisos de verdad, justicia y reparación. Si vuelven a delinquir, se les aplican las penas normales: más de 20 años de prisión.

‘Víctimas, en el centro del pacto’

El centro del acuerdo son las víctimas. El sistema de justicia transicional establece que para quienes reconozcan su responsabilidad y aporten a la verdad habrá sanciones restrictivas de libertad que tienen un componente restaurativo para satisfacer derechos de las víctimas. Representantes de las víctimas estuvieron en La Habana. Una de las víctimas emblemáticas de las Farc, Emperatriz Castro, madre del coronel Julián Ernesto Guevara (que murió secuestrado por la guerrilla), le dijo a EL TIEMPO que si el acuerdo va a servirle a la paz del país, ella lo apoya.

‘Combate a crimen no va a disminuir’

Ningún punto del acuerdo implica que el Estado deje de cumplir su obligación de combatir el crimen. Así, los bienes ilícitos de la guerrilla, si es que no son entregados en el proceso para la reparación, siguen siendo perseguidos y quienes los oculten perderán los beneficios. En cuanto a los cultivos ilícitos, que han aumentado, el compromiso de las Farc es contribuir a la erradicación manual. Pero si esta no es posible, el Estado se reservó el derecho de utilizar todas sus posibilidades, incluida la fumigación aérea.

‘Reintegración, con ruta clara’

La ayuda económica para cada exguerrillero –2 millones en el momento de desmovilizarse, 8 millones que recibirían para proyectos productivos y 620.000 pesos durante 24 meses– es necesaria para permitir la reincorporación a la vida civil y evitar la reincidencia. Es una suma equivalente a la que en el gobierno de Álvaro Uribe recibieron los ‘exparas’. La reintegración está en cabeza de la ACR, institución que ha logrado mantener en la civilidad a 8 de cada 10 ex-Auc.

‘Arreglo realista’

El Gobierno asegura que se logró el mejor acuerdo posible tras cuatro años de arduas negociaciones. Tanto el Estado como las Farc insisten en que la posibilidad de renegociar lo pactado en La Habana es una “utopía”.

‘Foco en el género’

El enfoque de género cumple con resolución de Naciones Unidas que establece que los Estados deben motivar la participación de mujeres en acuerdos de paz, y reconoce que las mujeres son víctimas del conflicto. El acuerdo persigue los crímenes de género en el conflicto.

‘Reglas claras’

En 180 días, como máximo, las armas de la guerrilla estarán totalmente destruidas. Ayer empezó ese proceso, y a lo largo de estos meses hay fechas claras para la entrega paulatina a la ONU, que verificará el proceso. Las Farc estarán concentradas en zonas específicas, también bajo supervisión.

NO

‘Las Farc no entregarán dinero’

Las Farc niegan poseer grandes sumas del dinero dentro o fuera de Colombia, pero eso no es muy creíble a la luz de años de secuestros, minería ilegal, extorsión, vínculos con el narcotráfico y otras actividades ilícitas. No hay en los acuerdos mecanismos que garanticen que estos recursos sean usados en su totalidad para resarcir a las víctimas y a las comunidades afectadas por el conflicto, como debería ser.

‘Solo el Estado hará reparación’

Los acuerdos de La Habana abren la puerta para que la reparación material de las víctimas la asuma solamente el Estado colombiano. También se cuestiona que en lo pactado en Cuba se habla de víctimas de un conflicto en general y no específicamente de las Farc.

‘Justicia pierde autonomía’

Se ha hablado de un “golpe de Estado” a la Rama Judicial porque tanto la justicia ordinaria, constitucional como la administrativa no van a tener protagonismo en el juzgamiento de los hechos ocurridos en el conflicto, creando un sistema paralelo que está por encima de las altas cortes. Se ha cuestionado que se tiene claro cuándo comienza a funcionar la justicia especial para la paz, pero no es claro cuándo termina. Esta falta de definición genera que no haya garantías para la seguridad jurídica de los procesados que ingresen a este sistema de justicia transicional.

‘Impunidad para grandes crímenes’

Los cabecillas de las Farc y responsables de los delitos más graves deben pagar cárcel y no pueden participar en política. Se cuestiona que no debe haber una “relativización de los delitos” en la que unos crímenes reciben sanción y otros no. El sistema de justicia planteado, dicen los del ‘No’, atenta contra el principio de proporcionalidad con relación a los otros delitos que están en el Código Penal colombiano. “El acuerdo premia a criminales. Deben tener un castigo ejemplar para enviar mensaje de que ser pillo no paga”, dicen.

‘No se penaliza el narcotráfico’

El narcotráfico no puede ser un delito conexo al delito político. Cuestionan que en el desarrollo de los acuerdos o Ley de Amnistía se establece que delitos como este hicieron parte de la lucha de la guerrilla contra el Estado, por lo que no se les podría juzgar por ello, algo que consideran inaceptable, pues las Farc se financiaron y lucraron con el narcotráfico. De igual manera, cuestionan que quede prohibida la extradición de los jefes de la guerrilla.

‘Farc no se han regido por el DIH’

Si se tienen en cuenta consideraciones del Derecho Internacional Humanitario (DIH) para juzgar los más graves delitos, los del ‘No’ aseguran que las Farc no se han regido por el sistema del DIH, normas globales que tienen como fin tratar de ‘humanizar’ las guerras en el mundo. Por citar algunos ejemplos, el uso sistemático de minas antipersonas en los campos, el reclutamiento de menores de edad en las filas guerrilleras o los ataques sistemáticos a la población civil van en contravía de las normas del DIH.

‘No existen garantías de que el desarme sea total’

Ni la comunidad internacional ni los negociadores hicieron un verdadero y riguroso inventario de la cantidad de combatientes en las filas de las Farc y de qué cantidad de armamento hay hoy en su poder. Con lo cual, cuando llegue la hora de la entrega de armas y la desmovilización, se estará a merced de la buena fe de las Farc, que bien podrían guardarse algunas armas: como ‘seguro’ o para venderlas a otros grupos armados, del país o del mundo.

‘Debilita la Constitución’

Se cuestiona que lo que fue acordado en La Habana se incluya en el bloque de normas de la Constitución y que en un futuro no se pueda modificar, lo que iría en contravía de la misma Carta Magna y la debilita. Por eso, se habla de que el acuerdo es “ilegítimo” y constituye, en la práctica, capitulaciones para la guerrilla de las Farc. Algunos artículos de la justicia especial para la paz son inconstitucionales, como por ejemplo que una persona condenada por la justicia (el secretariado de las Farc) pueda participar en política.

‘Desequilibrio para partidos’

El acuerdo otorga a las Farc curules por elegibilidad inmediata y plataformas de comunicación que no han tenido o tienen otros partidos, generando un desbalance político, lo que va en contra de la Constitución y de las leyes que hoy rigen el país, por lo que, en la práctica, es una reforma política que, dicen, es “abiertamente inconstitucional”.

‘Gobierno puede renegociar acuerdo’

Los de la campaña del ‘No’ han dicho que quieren la paz, pero no con las concesiones que se les otorgaron a las Farc. También dicen que los acuerdos se pueden modificar y corregir. El senador Álvaro Uribe ha manifestado que el Presidente de la República tiene la facultad de volverse a reunir con las Farc para renegociar aspectos de los acuerdos que considere inconvenientes.

El Tiempo