Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En aquella sentida reflexión sobre el carácter de nuestra revolución, las tareas pendientes y el cambio de curso que se requería para cumplirlas, nuestro Comandante Chávez reivindicaba la victoria del 7 de octubre de aquel año por haber garantizado estabilidad y haber abierto el horizonte político del país.

Ciertamente era así, pero lamentablemente su partida física nubló el horizonte y se abrió un periodo de turbulencia política y económica en el cual estamos sumergidos. En medio de la tormenta, las ideas que parecían certezas para todos y todas cuando se navegaba en aguas tranquilas y con el viento a favor, pasan a entrar en cuestión y revisión.

En medio de un huracán, quien tiene el timón en la mano no le toca fácil mantener el rumbo trazado en la carta de navegación, ya que tiene que lidiar con los más conservadores de la tripulación que piden, a veces exigen, volver a puerto seguro, es decir retornar al punto de partida.

La práctica aconseja, según he escuchado, mantener el rumbo pero maniobrando con destreza para que el barco no se parta en medio de la tempestad, hasta que se abra el horizonte. La revolución bolivariana atraviesa por esas circunstancias.

Mantener el rumbo trazado en el golpe de timón dado por el Comandante en aquel octubre de 2012, implica confianza en lo logrado, consecuencia con el mapa de navegación, nuestra Constitución Bolivariana y el Plan de la Patria y unidad de mando en torno a quien lleva el timón para despejar el horizonte en disputa, el Presidente Nicolás Maduro.

Hoy, la disputa por el horizonte no solo es con el adversario histórico, las élites oligárquicas y el imperialismo; la disputa cultural también es en el seno del proceso revolucionario. Nadie se asuste, las contradicciones de clases se dan también a lo interno, ya lo explicaba Vladimir Lenin a principios de siglo pasado, y lo hemos vivido nosotros en estos 18 años de nuestra revolución en el gobierno.

Algunos claman por el puerto seguro de la socialdemocracia autoritaria, en una novedosa combinación de hegemonía neoliberal en lo económico con protección social para preservar el poder político. Ya Chávez nos advertía de la tamaña ingenuidad que esto suponía, en el Golpe de Timón hacia un balance de lo logrado por la Revolución Bolivariana hasta ese momento y concluía categóricamente “Nada de esto existía en Venezuela y nada de esto existiría en Venezuela si se impusiera el capitalismo”. El capitalismo, citando nuevamente a Chávez es “como una gigantesca amiba que todo se lo traga”, pero además con una gran capacidad de seducción, agregaría yo.

A los que acompañamos al timonel, en la búsqueda del horizonte trazado en la carta de navegación, no podemos amilanarnos, sólo que debemos entender la magnitud del desafío y seguir empeñados en convencer haciendo, que el tránsito democrático hacia el socialismo trazado por Chávez es válido, pertinente y necesario:
En lo ético, combatiendo contra la naturalización de la corrupción y el enriquecimiento como un hecho con el cual tenemos que coexistir los revolucionarios. La corrupción corporativizada amenaza la vida de la revolución y de eso debemos tener plena conciencia y confrontarla como una agresión contrarrevolucionaria.

En lo político, haciendo Política, con P mayúscula, es decir convencer que nuestra revolución es el proyecto del pueblo trabajador de Venezuela, que el poder le pertenece y no es de un grupo de acomodados, a través de un audaz proceso de democratización de las decisiones y la ejecución de las políticas públicas. Entender que el Chavismo y lo popular es más grande que un partido y la Revolución Bolivariana la hemos construido entre todos y todas.

En lo económico productivo, gobernando el mercado y no como está pasando que el mercado está gobernando a la sociedad. Impulsando un modelo transparente, no un reparto secreto de activos del Estado, de asociación mixta con el sector productivo privado y comunal. Ejecutando el plan de transferencia a formas de propiedad directa comunal y obrera de activos estatales de pequeña y mediana escala, con acompañamiento técnico y económico. Desarrollando el Sistema de Empresas Socialista donde las mismas tengan una política especial de precios o subsidios; garantía de materias primas, insumos, repuestos y de colocación de su producción.

En lo territorial, Logrando y garantizando recursos e inversiones para la continuidad de las obras de infraestructura económica productiva, de servicios vitales y de transporte masivo que nos permitan hacer viable la permanencia poblacional en toda la extensión del territorio nacional. Avanzar sin temor, confiando en el pueblo, en el autogobierno popular en territorios determinados a través de la trasferencia de competencias y atribuciones a las comunas.

En medio del temporal es correcto “proteger” al pueblo, pero no olvidemos que nuestro horizonte es que el pueblo tenga el Poder frente a las elites de cualquier signo, como garantía de su porvenir.

Quiero culminar expresando que en medio de la turbulencia podemos debatir y podemos disentir pero cuidando y preservando la unidad de los revolucionarios y revolucionarias, como garantía de colocar el viento a nuestro favor, a favor de la Independencia y de la democracia, es decir del socialismo bolivariano del siglo XXI. Se lo debemos a Chávez. El que persevera, vence y ¡Venceremos!

Elías Jaua. Político y sociólogo venezolano.

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