Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La cercanía de dos partidos de la Selección Colombia de fútbol recuerda la capacidad que tiene este deporte para generar entendimientos, una conversación, sobre un propósito común entre los colombianos: ganar.

Es oportuno recurrir al balompié para dar cuenta de la muy compleja coyuntura que hoy vive el país tras el resultado del plebiscito del domingo pasado. Y en esta línea, afirmar que luego de todo lo ocurrido, incluida la reunión de este lunes del presidente Santos con representantes de todas las fuerzas políticas, excepto el Centro Democrático, el balón está en cancha de Álvaro Uribe.

El exmandatario tiene una oportunidad irrepetible de consolidar su lugar sobresaliente en la historia de Colombia si, como decíamos ayer, entiende que por encima de los suyos están los intereses de la nación, premisa que lo debe llevar a un entendimiento con sus contradictores. Y hacerlo al compás del bien común, ignorando el que señalen sus ambiciones individuales. Ese que en esta ocasión obliga a acelerar el paso, toda vez que la incertidumbre de estos días es a todas luces indeseable y no menos nociva.

Pero así como de Álvaro Uribe se espera una actitud que combine grandeza y desprendimiento, sobre su contendor político, el presidente Juan Manuel Santos, también recaen expectativas. De él se espera la sindéresis que le permita armonizar sus decisiones como gobernante con la realidad política que impone lo expresado por el pueblo a través del voto. Puesto de otra forma: desde la humildad, escuchar con atención a la colectividad que en mayor medida representa a ese sector considerable del país que optó por no refrendar el acuerdo.

En este sentido, en buena hora se dieron ayer los primeros pasos. Gobierno y Centro Democrático designaron comisiones y, lo más importante, expresaron voluntades en un tono y unos términos que alimentan la esperanza de convertir esta crisis en la oportunidad de robustecer el pacto sobre el cual se construya la paz estable y duradera.

Las Farc, por su parte, no pueden cometer el error de echar en saco roto el claro mensaje dirigido a ellas que trae consigo el resultado del plebiscito. Este dice que junto con los millones de colombianos –y entre estos numerosas víctimas– dispuestos a perdonar y que ven como satisfactorio el modelo de justicia transicional diseñado en los acuerdos, hay una cantidad significativa de compatriotas que no lo están. Personas de distinta condición social que han visto las posturas triunfalistas y en ocasiones soberbias de algunos de sus líderes, a la luz del recuerdo de sus crímenes atroces. Como ‘Romaña’, al referirse con desdén a sus víctimas durante la pasada conferencia de esta organización.

Todo lo anterior es necesario para salir de los vientos cruzados que hoy nos golpean y llegar a aguas más tranquilas. Tránsito que requiere de un mapa de navegación claro y preciso y de un Ejecutivo que en ningún momento abandone el timón. Pero, sobre todo, exige celeridad de quienes tienen la responsabilidad de llevar el navío al buen puerto de los acuerdos políticos. Volviendo al fútbol, el reloj juega en contra de Colombia; y no se puede quemar tiempo cuando el partido todavía no está ganado.

El Tiempo