Por Alejandra Gando

Fernando Cornejo León, ecuatoriano, médico psiquiatra, neuropsicofarmacólogo y adolescentólogo, docente universitario en Ecuador y Argentina, gestor de políticas públicas. Viene desempeñando cargos en la rectoría de Educación Superior, Ciencia y Tecnología en el Ecuador y además participa como tomador de decisiones en los directorios agencias de regulación y control de la salud pública del Ecuador.

En esta ocasión le entrevistamos para conocer su opinión en lo referente a los sistemas de salud pública en América Latina, los procesos políticos en la región y cómo estos impactan en los sistemas de provisión de salud e investigación.

Tenemos países en la región que han decidido por la vía democrática o por extraños mecanismos parlamentarios, un viraje hacia la derecha ¿cree usted que existirá una afectación a la provisión de salud en esos países?

Lo más complejo es una potencial pérdida de los derechos ganados, tales como son la gratuidad de los servicios de salud, el no pago en punto de atención o el acceso a medicamentos y tratamientos.

Está claro que las políticas de los gobiernos de Macri en Argentina o de Temer en Brasil pueden llevar a esos países hacia un retorno a la privatización de algunos servicios de salud que tendría como consecuencia una disminución del acceso a los mismos. Dentro de poco empezaremos a notar que muchos de los indicadores que mostraron avances en está década como la reducción de la mortalidad materna, de morbi-mortalidad  infantil o reducción de la prevalencia de enfermedades contagiosas,  presentarán retrocesos que los ubicarán en niveles similares a los de los años 90.

En Argentina es evidente como un sistema de salud fragmentado, deja en condiciones críticas a los hospitales públicos y ellos a su vez sufren recortes de fondos por parte del gobierno nacional o de los gobiernos locales de corte neoliberal. La dictadura brasileña por su parte, en la decisión de recortar el gasto público no ha tenido empacho en tocar fondos destinados a talento humano y equipamiento, ya veremos imágenes en donde los ciudadanos de escasos recursos no tendrán acceso a las atenciones más básicas.

En Ecuador estamos a punto de entrar en un proceso electoral, ¿qué hacer para que aquí no pase lo mismo? 

La sociedad debe estar consciente de que en está década se ha ganado en derechos mucho más que en varias anteriores, y que los resultados obtenidos por los gobiernos progresistas de la región, son el corolario de lucha por parte de varias generaciones. No podemos quedarnos estancados en la visceralidad de un momento político aupada por los medios hegemónicos, debemos reconocer el camino que ha sido recorrido no sin dificultad, y esa es una responsabilidad de la sociedad y de los actores políticos.

Ya en 1990 el pueblo ecuatoriano en Consulta Popular dijo que no a la privatización del Seguro Social y los servicios públicos de salud, sería lamentable que de un solo plumazo se borren todos estos derechos como lo están planteando los representantes que buscan la restauración de sus privilegios.

Hoy es el momento de profundizar el trabajo con los principales beneficiarios de la gratuidad en la salud, por ejemplo, que deben estar dispuestos a defender estos derechos consagrados en la Constitución.

Hablando de eso, ¿qué hemos ganado? 

El sistema de salud en el Ecuador ha tenido cambios radicales, empezando por la infraestructura pública, abandonada a su suerte durante la década de los 90, hoy podemos decir con orgullo que nuestros hospitales públicos, en algunos casos poseen mejor equipamiento que muchos del sector privado y están abiertos para toda la población.

Adicionalmente, hemos tenido cambios importantes en talento humano se ha  duplicado el personal de salud llegando ahora a 20.3 por cada 10 mil habitantes, lo que nos ubica en los estándares de los países con ingresos medios y altos mostrando como evidente el hecho de que se ha puesto un énfasis en la formación de personal para que se aproveche al máximo la nueva infraestructura.

En general en la región, y en Ecuador en particular, persiste una fragmentación del Sistema de Salud, lo cual impide temas básicos como el cruce de cuentas entre prestadores, lleva a duplicación de tareas y potencia ciertas ineficiencias en el sistema. Si bien hemos recuperado la rectoría y dejado de lado la nefasta autorregulación, hay mucho por hacer en ese aspecto.

¿Qué falta por hacer en Ecuador? ¿Hacia dónde deberíamos ir? 

Debemos reafirmar la rectoría del Estado con una Ley Orgánica de Salud que tenga vigencia en el tiempo, tenemos que construir un plan decenal de salud que nos oriente la política pública para los próximos años.

Hay que trabajar en una  política de medicamentos que busque el acceso universal a través de un perfeccionamiento de la compra pública pero que a la vez promueva el uso racional. El mercado público y privado de medicamentos en Ecuador, Colombia o Perú por ejemplo, excede con creces mercados de tamaños similares en países desarrollados por la irracionalidad en la prescripción.  En ese mismo sentido es imperante aprovechar de mejor manera el marco normativo ya existente como las licencias obligatorias.

Adicionalmente, se deben potenciar las alianzas público privadas para la producción de medicamentos con enfoque regional.

Desde el lado del talento humano, urge afinar la planificación de la política de formación del mismo, con enfoque a cumplir los derechos de la población e involucrar a la academia como corresponsable de la ejecución de la misma.

¿Cuál considera que debería ser el rol de organismos de integración regional? 

Hay institucionalidad muy importante y potente, en UNASUR por ejemplo, el Instituto Sudamericano de Gobierno en Salud (ISAGS) con sede en Río y cuya presidenta es la ex Ministra de Salud del Ecuador, este tipo de instancias nos pueden ayudar a conjugar políticas disgregadas y a generar estándares regionales en temas de atención y calidad por ejemplo.Otro tema en el que existe experiencia es la compra conjunta de medicamentos, pero debemos ir más allá, una vez identificadas las capacidades nacionales de producción de medicamentos,  públicas y privadas, debemos ir a un gran acuerdo de producción a escala regional y usar el poder de la compra pública para potenciar la industria farmacéutica local como fuente de desarrollo endógeno y abaratando la provisión de medicamentos.Lo que pretende el bloque conservador, es prescindir de este tipo de organismos, porque la falta de coordinación nos vuelve más débiles y proclives a ceder ante los intereses de las multinacionales.

En un escenario con recursos limitados, ¿dónde considera usted que el Estado de priorizar su inversión? ¿En talento humano, en infraestructura, en investigación? 

La infraestructura existe y ha habido una importante inversión en la misma, creo que es fundamental en este momento cimentar los procesos de talento humano en salud sobre todo médicos especialistas, fortalecer el sistema de becas a fortalecer a partir de una adecuada planificación de la formación del talento humano.

Se debe invertir en prevención como herramienta de ahorro de recursos, pero también de mejoría de la calidad de vida, dejamos de atender enfermos y empoderamos a los ciudadanos como actores del proceso de salud durante el ciclo de vida.

Y en referente a investigación?

Hemos tenido una época dorada en lo que se refiere a Educación Superior, Ciencia y Tecnología, programas de becas, repatriación de cerebros y producción científica. Debemos avanzar hacia programas regionales de investigación aprovechando las fortalezas de cada país con el objetivo de lograr que el conocimiento y sus beneficios se queden en la región.  

Un mensaje final a nuestros lectores de la región?

Es fundamental que en los países de la región, sobre todo en los que están sufriendo embates de la restauración conservadora,  se empiece a reestructurar los proyectos políticos de raigambre nacional, popular y democráticos.

No podemos permitir que vuelvan las privatizaciones, que se conculquen los derechos fundamentales como es el caso de Milagros Salas en Argentina o las detenciones a quienes protestan contra Temer y su gobierno de facto,  es el pueblo quien debe defender los derechos ganados y despertar a la dirigencia.

Y quienes estamos en procesos electorales en marcha como es el caso de Ecuador, tenemos que trabajar puerta a puerta, para recordar lo que está en juego, dos modelos de país, uno incluyente y garantista de derechos y otro excluyente en el que volverá a primar el derecho de las élites que tradicionalmente ostentaron el poder político y económico.

Nada es casual y es en los tiempos más duros en los que surge la necesidad de una sociedad organizada para defender los derechos ganados.

Resumen del Sur