Cada vez que un fenómeno climático afecta a Haití deja a su paso muerte,  desolación y las denuncias de los negocios que se hacen con el país más pobre de América. Pocos días después de que el huracán Matthew pasara por Haití numerosas agencias internacionales de noticias -entre ellas la prestigiosa británica Reuters- dijeron que habían muerto unas mil personas aunque el Ministerio del Interior de Haití divulgara cifras mucho menores. La diferencia entre las cifras motivó que el presidente interino Jocelerme Privert denunciara públicamente que se exageraban las cifras de muertos para engrosar el negocio de varias organizaciones no gubernamentales (las famosas ONG) y lucrar con el desastre, como sucedió después del terremoto del año 2010. ( http://www.nodal.am/2016/10/haiti-el-gobierno-habla-de-300-muertos-y-cuestiona-el-negocio-detras-de-la-ayuda-internacional/)

El gobierno de Haití ha dicho que no rechaza la ayuda humanitaria pero sostiene que en vez de agua necesitan infraestructura para potabilizarla, y que –en vez de arroz- necesitan que los ayuden a mejorar los canales de riego, medidas que podrían arreglar los problemas estructurales del país. Estos reclamos de los haitianos se repiten cada vez que aparecen las campañas internacionales de recolección de fondos para Haití porque numerosos artículos escritos en los últimos años aseguran que la mayor parte del dinero que se recauda va a las ONG y a organismos internacionales de todo tipo y que muy poco llega a las arcas del Estado. Juan Gabriel Valdés, el ex canciller chileno que entre 2004 y 2006 estuvo al frente de la Minustah (la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití) se atrevió a decir que “Haití no puede seguir siendo el paraíso de las asociaciones no gubernamentales (…) Las ONG han invadido Haití de una manera que resulta atentatorio contra los intereses del pueblo haitiano”. (http://www.sciencespo.fr/opalc/content/entretien-avec-juan-gabriel-valdes-sur-haiti-et-le-chili)

Según Valdés, las ONG habían invadido el país, se habían convertido en un Estado paralelo fuera de todo control como si el Estado no existiera y con una agenda propia que -en muchos casos- no coincide con las necesidades planteadas por las autoridades. Por esta razón el gobierno haitiano actual insiste en brindar cifras oficiales para que de una vez por todas se deje de lucrar con los más pobres del continente. Desde ya que es muy difícil saber la cantidad exacta de muertos y los desastres naturales no eximen a los diferentes gobiernos locales de las responsabilidades por no haber podido erradicar la pobreza.  Pero resulta asombroso que el Fondo Monetario Internacional en su informe de 2015 sobre Haití elogie que “mantuvo la estabilidad macroeconómica después del terremoto, el crecimiento positivo, que la inflación siga moderada y los niveles de reservas adecuados”.  El informe también sostiene que se busca “profundizar las reformas estructurales” en un lenguaje calcado de otros informes del FMI para cualquier país y aunque Haití se desangre. (https://www.imf.org/external/pubs/ft/scr/2015/cr15157.pdf)

Haití parece un paraíso para los que lucran con la pobreza.  Para los haitianos, orgullosos herederos de la primera revolución antiesclavista del continente, se parece al infierno.