Por Carlos E. Cué

“En tres semanas tiene que haber alternativas tras el ‘no’ de Colombia”

Joshua Mitrotti es el director general de la Agencia Colombiana para la Reintegración, que se ocupa de devolver a la vida civil a los guerrilleros y paramilitares que deciden dejar las armas. Ahora se preparaba para un intenso trabajo con los miembros de las FARC aún activos, pero todo se frena con el no. Aún “desconcertado” por el resultado, Mitrotti, que ha dedicado toda su vida a preparar la paz, busca soluciones desde Buenos Aires, donde viajó para participar en las jornadas Dialogos Globales organizadas por el Ministerio de Cultura argentino.

Pregunta. ¿Por qué Colombia votó no?

Respuesta. Ha sido una sorpresa absoluta, lo veo con tristeza. Pero hay que mirar en positivo, Colombia demostró que es una democracia sólida, quedó descartada la idea de la manipulación del resultado. El presidente lo ha aceptado y ha llamado a una conversación nacional con la oposición para ver qué puntos se pueden resolver. Es un mensaje alentador. Todas las posturas ideológicas han llamado a la tranquilidad, a buscar consensos, alternativas, a no romper con diálogos que han tomado seis años.

P. ¿Cómo afecta este no a la reintegración de las FARC en la sociedad?

R. En Colombia se han desmovilizado 59.000 personas en los últimos 13 años, 36.000 paramilitares y 23.000 guerrilleros. 49.000 ingresaron a la política de reintegración que dirijo. Ahora iban a entrar otros 10.000 después de la paz. Había una ilusión muy grande entre ellos, sentían que era la gran oportunidad de los colombianos para poner fin a la guerra. Ahora tendremos que poner a prueba toda nuestra madurez como sociedad para no echar al traste la paz.

P. ¿No hay riesgo de que vuelvan a las armas?

R. Afortunadamente creo que a un lado y a otro está claro que la guerra no es la solución. Una vuelta atrás sería trágica para el país. Cada década en confrontación son 200.000 muertos. De eso estamos hablando, de evitar 200.000 muertos en la próxima década.

P. ¿Cómo queda la misión de la ONU?

R. Estamos en un momento de indefinición. En dos o tres semanas tendremos más claro cuáles son las alternativas. Tendremos que acordar ciertos puntos con la oposición y las FARC para salir de este laberinto en el que nos hemos metido.

P. ¿Las FARC son conscientes del rechazo que generan, que explica este resultado?

R. Espero que las FARC entiendan que la sociedad colombiana desprecia esta guerra y ellos están en el epicentro de todo el debate. Necesitamos que las FARC sean conscientes de que va a haber nuevas exigencias. Los pronunciamientos de Timochenko en estos días dan tranquilidad. Está llamando a no volver a la violencia, a la calma, a encontrar salidas.

P. ¿Uribe fue la clave del no?

R. Creo que jugó un papel importante. El miedo ha sido su gran recurso, pero a mí me da más miedo mantenernos en lo que tenemos. Uribe tiene que jugar un papel para pasar a la historia como la persona que fortaleció el papel del Estado pero también la que facilitó el tránsito de esta guerrilla, la más antigua del continente, hacia la vida política.

P. ¿Por qué fue tan baja la participación?

R. En Colombia tenemos siempre una abstención del 50% o 55%. Muchas personas no confían en la política, y los líderes políticos tampoco tenían un interés de fomentar la participación. En la costa atlántica el tema del huracán también influyó. Es la decisión más importante de la democracia colombiana, pero mucha gente no quiso participar, no confió. Es sorprendente pero es lo habitual.

P. ¿Es duro para alguien que le dedicó la vida como usted a buscar la paz?

R. Llevo desde 1999 trabajando en procesos de paz, entendiendo las tragedias que genera la guerra. Para mí el resultado es desconcertante, pero hay que verlo con optimismo hacia futuro, espero que la clase dirigente colombiana sea madura. Creo que veníamos con una visión muy polarizada y esto nos da una oportunidad de encontrarnos como sociedad.

P. ¿Qué hicieron mal quienes promovían el sí?

R. La gente no entendió que esta no era una votación a favor o en contra de las FARC, ni del presidente Santos, sino para poner fin a un conflicto. No gustó el tema de la representación política de las FARC durante dos periodos y la justicia para los máximos responsables. La sociedad no entendió lo que estábamos planteando, debemos hacer autocrítica también desde el Gobierno.

El País