Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Amauri Chamorro*

La firma del acuerdo de paz en Colombia, pese a haber sido ampliamente festejado en el mundo, está lejos de lograrse en la realidad. Es más, inició su fase más difícil. Aún falta una angustiante serie de etapas que pueden dificultar o impedir el inicio del fin de la guerra.

Dentro de todas esas etapas, la que realmente preocupa es que la aprobación del Acuerdo Final deberá ser refrendada por la población colombiana. A primera vista parecería un proceso normal, ya que Colombia parece ser un estado de derecho. Pero la verdad es que Colombia es un país que vive una democracia ficticia, en la cual la paz deberá vencer. En cortas palabras, la paz o la continuación de la guerra se transformarán en opciones electorales, así como decidir quién es concejal, senador o gobernador.

La paz está a merced de presupuestos, encuestas, sondeos, estudios de opinión, entre otros. Y ahora, después de la firma del cese bilateral, los pobres, afros, indígenas, campesinos, desplazados y víctimas de este conflicto, deberán disputar una elección en contra de la maquinaria electoral millonaria y triunfante de sus victimarios.

Es evidente la fragilidad del sistema electoral colombiano. Este país tiene el nivel más alto de abstencionismo en América Latina. A esto se suma el hecho de que históricamente, las víctimas del conflicto no votan. Los millones de víctimas que deben dejar sus hogares por el conflicto armado, simplemente tienen otras prioridades, como buscar refugio, empleo y seguridad en ambientes precarios. En este contexto, la participación política no tiene importancia.

Las encuestas existentes hasta la fecha sobre la intención de voto son tan contradictorias que ponen en duda las diversas interpretaciones. Y esto se debe a que se entremezcla confusamente el índice de aprobación del presidente Juan Manuel Santos, y el índice de aprobación del plebiscito.

La encuesta ‘Colombia Opina’ muestra que, si bien el optimismo por la firma de la paz ha presentado un leve repunte, hay también posiciones divididas sobre si las FARC-EP cumplirán o no el acuerdo con respecto al desarme y la reinserción en la vida política institucional. En esta encuesta, el expresidente Álvaro Uribe, acérrimo opositor a la iniciativa por la paz, tiene una valoración positiva del 53%, 21 puntos porcentuales más que el presidente Santos. Quien trabaja con campañas sabe que es extremamente peligroso cuando el principal auspiciante de la paz está pésimamente evaluado. La mala percepción sobre el trabajo del presidente Santos es resultado de una gestión deficiente en múltiples aspectos.

Este es un nuevo campo de batalla. Disputar y ganar la paz en las urnas exige una serie de nuevas tácticas de promoción de un país imaginario en que el colombiano nunca ha vivido. La izquierda y el gobierno de Santos deben trabajar de manera conjunta para vencer este referendo. De él depende la vida de millones de colombianas y colombianos. Literalmente.

*Comunicador Social, consultor y analista internacional (Universidad de Sorocaba, Brasil)

El Telégrafo