Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El avión de la fuerza aérea colombiana que sobrevoló Cartagena durante el discurso del Comandante Timochenko, en la firma del Acuerdo de Paz era una señal clara de que algo estaba fuera del script. Según fuentes del mismo gobierno, Santos no sabía del sobrevuelo. Ni las delegaciones internacionales, mucho menos la Comandancia de las FARC habían sido informadas de que un bombardero haría un vuelo rasante sobre el evento.

Para quien trabaja de cerca a las Presidencias sabe claramente que este hecho lleva a dos deducciones; o el Presidente Santos no tiene bajo su control a los militares; o él estaba mintiendo. Conociendo la decencia política de la élite colombiana del cual Santos es uno de sus principales representantes, creo en la segunda opción.

Es que la derecha colombiana nunca buscó, y ni siquiera necesitó, la paz. ¿Entonces, por qué viabilizar? Esa pregunta nunca tuvo respuesta.

Que Santos llame a elecciones nacionales para refrendar la paz, sin haber colocado todo el dinero y esfuerzo para lograr la victoria, ayuda a explicar el motivo de que ahora la misma esté en manos de Uribe y Pastrana. La decisión de incluirlos en el proceso permite que políticamente Santos no traicione la oligarquía colombiana con esa tal Paz. El No ganado por Santos en las urnas, permite hacer valer el acuerdo de paz apenas si Pastrana acepta la restitución de tierras y Uribe se trague el acuerdo de justicia transicional. O que las FARC abran mano de ambas. La legitimidad ganada en las urnas está del lado de Uribe y Pastrana, no más de las FARC, que fueron parte de la mesa en Cuba.

Quien acompaña mínimamente la política colombiana sabe que ambos no cederán. Y la salida es simple, Santos podría aplicar los mecanismos constitucionales que le dan la facultad para tomar de una vez por todas la decisión de implementar el Acuerdo de Paz, sin tener que negociar con la extrema derecha. Sí, Santos puede, a partir de un plumazo, implementar el Acuerdo ¿porqué no lo hace? Porque es de su esencia aristocrática, oligarca, reaccionaria, opresora y conservadora. Ahora el tiene lo que necesita, la decisión soberana del pueblo, para acorralar a las FARC.

Después de casi un mes del referendo por la paz en Colombia, tengo la sensación de que era una trampa. Desde que se hizo público que las FARC y el gobierno de Santos se sentarían en una mesa yo me cuestionaba el real interés de concluirla ¿Cuáles eran los intereses de la élite colombiana para querer de verdad terminar la guerra? Desde la Independencia de Colombia, nunca ha existido paz. Los dueños del país siempre han lucrado con la guerra, sea por medio del dinero que llega de los EE.UU., o del desgobierno que les permite continuar robando las tierras, así como usar el Estado para garantizar el asalto a los recursos naturales, y mantener millones de explotados en las zonas urbanas bajo control militar.

Con la jugada del referendo quedó más fácil aún. Santos y la derecha colombiana consiguieron hasta un premio Nobel para diz-que, quisieron la paz. Me hacia bulla que las FARC no hayan recibido el galardón. Yasser Arafat – Isaac Rabin, Nelson Mandela – De Klerk, pero en el caso de Colombia, solo Juan Manuel Santos. Digamos que relevamos el hecho, ya que ridículamente fueron premiadas la Unión Europea y Obama con el Nobel de Paz. Pero volviendo al trágico y actual momento en que las mariposas amarillas fueron atrapadas por el real politik, vemos que la victoria de la decisión soberana del pueblo es para volver la guerra. Nadie podrá reclamar.

El pueblo dijo, sí, queremos el conflicto armado. Santos está liberado de toda culpa para enviar sus bombarderos, contando con una amplia ventaja militar, obtenida a partir del fallido Acuerdo: todo el alto comando de las FARC está en Cuba, al mismo tiempo que toda la tropa, debidamente identificada, desmovilizada, desarmada y a merced del Ejercito. Esto será una masacre. Masacre ésta que supera lo militar y se consolida en la moral de los combatientes. ¿Cómo no sentirse traicionado por los mecanismos políticos? Santos, Uribe y Pastrana permiten que prospere nuevamente en el pueblo la sensación de que solo por las armas se puede resistir a la falsa democracia colombiana. Entonces, ¿deben volver al monte?

*Analista político.

El Telégrafo