Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Desde la perspectiva de la oposición y los sectores que la apoyan o que simplemente están en contra del gobierno venezolano, cualquier estrategia es válida para “sacar a Maduro del gobierno”. Recordemos que se trata de un presidente democráticamente electo.

El domingo, la Asamblea Nacional Venezolana, organismo compuesto por una mayoría de partidos opositores al gobierno, decidió entre otras cuestiones, llevar a cabo un juicio contra el presidente Nicolás Maduro, como respuesta a la anulación del proceso de revocatoria del presidente venezolano.

Esta alternativa debe ser leída en el escenario latinoamericano como un experimento más de judicialización de la política, es decir: resolver en los juzgados lo que la oposición no ha logrado resolver en el campo de la política. Algo que se ha implementado ya en Honduras, Paraguay y recientemente en Brasil.

Pero en el caso de Venezuela se agrega una “posibilidad” más para acabar con el chavismo. Se habla con poco reparo de “guerra civil” y de “golpe militar”. La justificación de estas salidas se deposita sobre el gobierno que dejó “en un limbo la posibilidad de remover al presidente Nicolás Maduro por medio constitucionales, pacíficos y electorales”. Así, lo oposición no tendría responsabilidad alguna frente a la eventualidad de plantear estos escenarios absolutamente antidemocráticos y extremadamente violentos. El llamado a la “Toma de Venezuela” realizado por la MUD refleja esta desesperación por lograr resultados ahora, ya mismo, cueste lo que cueste.

La urgencia, la desesperación y los argumentos que catalogan al gobierno como dictatorial, no deben taparnos el escenario de fondo (el bosque detrás del árbol), tal como se expresa en un artículo de opinión del Washington Post, al recordar que Venezuela es “uno de los mayores productores de petróleo a nivel mundial a tres horas de avión de EEUU”. Ante estas condiciones geopolíticas, la soberanía y la democracia a la medida del pueblo venezolano son un lujo imperdonable.

Por eso algunos expertos de la Fundación Carnegie pueden hablar tranquilamente sobre los posibles escenarios en Venezuela, entre los cuales incluyen el del golpe de Estado, que ven como “poco probable pero posible si recrudece la crisis”. En la misma línea, el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, a fines de junio había (supuestamente) ironizado con respecto a la presencia de paramilitares colombianos en Venezuela, “hasta mejor sería tenerlos [allá] a ver si salimos rápido de Maduro y esa tiranía”.

En América Latina es complicado ironizar sobre golpes de Estado militares, más complejo aún es considerar como escenario probable un golpe militar en un país con la posición geoestratégica y geoeconómica de Venezuela. Si en verdad lo que se busca es atesorar la democracia, una de las preguntas es por qué la oposición desde que tiene mayoría en la Asamblea Nacional lo único que persigue es derrocar al gobierno ¿es ese el rol de las oposiciones en una democracia liberal procedimental? ¿Ese es el único objetivo que nuclea a la oposición? ¿Qué puede decirse de las tensiones entre los diferentes partidos y liderazgos?¿Será la falta de cohesión y de un proyecto conjunto lo que justifica que apelen a escenarios extremos?

Silvina Romano. Miembro del Centro Estrategico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG).

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