Padres de Ayotzinapa encabezan la marcha del 2 de octubre

Justicia: Ocho letras que engloban un añejo reclamó que se acumula con el paso del tiempo. Han pasado 48 años de la matanza de decenas de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, aquel 2 de octubre de 1968, sin que hasta ahora esos hechos hayan sido esclarecidos y sancionados.

Miles de personas tomaron las calles de la zona centro de la Ciudad de México. Lo hicieron como cada 2 de octubre y una vez más alzaron la voz en demanda de justicia por aquellos hechos, castigo para los responsables y que el pueblo conozca la verdad tras la decisión de asesinar a los jóvenes de aquella época.

Pero los reclamos y la “represión” se han ido acumulando, dijeron. Así, ayer, en la marcha conmemorativa por el 48 aniversario del crimen en Tlatelolco convergieron en la principal plaza del país, el Zócalo, dos de los movimientos que comparten la exigencia de justicia: el 68 y los padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos desde hace dos años.

Justo al mediodía, los integrantes del Comité 68 –conformado por muchos de quienes participaron en el movimiento estudiantil de 1968, que puso en jaque por un par de meses al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz– dieron la indicación de arrancar la marcha, la cual siguió la ruta histórica de Tlatelolco al Zócalo. En la plaza mayor, la bandera nacional se izó a media asta, en señal del luto no sólo oficial, sino de todo el país. Pero ese acto oficial fue criticado por los manifestantes, quienes lo calificaron de “acción hipócrita” del gobierno federal ante la impunidad casi alcanza la media centuria.

La movilización –en la que, de acuerdo con fuentes del gobierno de la ciudad, participaron 5 mil personas, pero según los organizadores fueron 10 mil– culminó con un mitin en el Zócalo capitalino, donde Félix Hernández Gamundi, ex integrante del Consejo Nacional de Huelga en aquel movimiento, habló a nombre del Comité 68. Recordó que se trató de un movimiento popular, estudiantil y nacional que buscaba la democracia, pero el gobierno no entendió que se trataba de “una aspiración de libertad”.

En lugar de atender con el diálogo público que exigían los estudiantes, la administración de Díaz Ordaz respondió “planificando a sangre fría la represión (…) Usaron todas las fuerzas policiacas y al Ejército mismo, cometieron un genocidio, crímenes de lesa humanidad”.

Cuarenta y ocho años después, Hernández Gamundi delineó tres demandas añejas, pero aún vigentes: que se reabran los procesos judiciales contra el ex presidente Luis Echeverría Álvarez (quien era el secretario de Gobernación durante el gobierno de Díaz Ordaz); juicio a todos los que planearon crímenes cometidos en la llamada guerra sucia y la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Y es que, enfatizó, la represión del Estado no se ha detenido. Por el contrario, hay una larga cadena de hechos violatorios a los derechos humanos y que no se han resuelto: las matanzas de estudiantes en 1968 y la de 1971 (el halconazo), Acteal, Aguas Blancas, El Charco, Tanhuato, Nochixtlán, Ayotzinapa, entre tantos otros, como lo ocurrido en Michoacán, hace dos días, otra vez contra jóvenes normalistas. “La impunidad es un fantasma que galopa sobre nosotros”.

La figura del líder histórico del Comité 68 Raúl Álvarez Garín, quien falleció hace poco más de dos años, acompañó en todo momento a sus camaradas de lucha en la búsqueda de justicia. En un gesto solidario e inédito, los miembros del comité decidieron que los padres de los normalistas de Ayotzinapa encabezaran la marcha. Por primera vez en la historia de estas movilizaciones anuales cedieron la vanguardia.

Hernández Gamundi aseveró que tanto la matanza del 68 como los hechos contra los normalistas de los días 26 y 27 de septiembre de 2014 son muy similares. Se trata, subrayó, de crímenes cometidos por el Estado y que están impunes.

La nutrida movilización transcurrió sin incidentes. “Una vez más demostramos que una marcha sin custodia policiaca es una marcha pacífica”.

En sus casi dos horas de duración no hubo un solo momento sin estruendosas consignas por la justicia.

Al inicio del mitin, ya en el Zócalo, se pidió un minuto de silencio en memoria de los caídos a manos del gobierno priísta en la Plaza de las Tres Culturas hace 48 años.

En una lista de varios oradores, el segundo en tomar la palabra fue Felipe de la Cruz, vocero de los padres de los normalistas, quien aseveró: “Hoy no hay nada que conmemorar, pero sí mucho que protestar y exigir”. Señaló que el país necesita que el actual mandatario federal, Enrique Peña Nieto, renuncie: “Es momento de decirle que se largue”.

Posteriormente, en entrevista, De la Cruz afirmó que el sufrimiento que hoy viven los padres de los normalistas de Ayotzinapa es el mismo que vivieron las madres y padres de los estudiantes masacrados en 1968.

La Jornada