Este lunes a la noche falleció el ex presidente de la República Jorge Batlle, un día antes de su cumpleaños 89, tras permanecer más de una semana internado en el CTI, luego de sufrir un fuerte golpe en la cabeza. Sobrino nieto de José Batlle y Ordóñez, había sido candidato a cinco veces a la Presidencia. Por su parte, el Poder Ejecutivo decretó duelo oficial el martes 25 de octubre con honras fúnebres y bandera a media asta.

Batlle sufrió una caída el pasado 14 de octubre mientras participaba de una actividad política en Tacuarembó, en cuyo hospital fue intervenido quirúrgicamente.

Luego, el ex mandatario fue trasladado al Sanatorio Americano, donde permaneció en el Centro de Tratamientos Intensivos, hasta este lunes cuando dejó de existir, a raíz de las graves heridas a nivel cerebral, producto de la caída.

Duelo Oficial

Por su parte, el Poder Ejecutivo decretó duelo oficial el martes 25 de octubre con honras fúnebres y bandera a media asta en todas las reparticiones del Estado, tanto dentro del país como en el exterior. Incluye honores fúnebres de Presidente de la República a sus restos mortales, que serán velados en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo.

Además, el Pabellón nacional permanecerá a media asta en todos los edificios públicos, Embajadas de la República en el exterior, cuarteles, fortalezas, bases aéreas y buques de guerra.

Asimismo, el Gobierno destacó la “defensa de los valores democráticos del ex mandatario y legislador de amplia trayectoria, así como su compromiso por el país”.

Presidencia recordó que Batlle fue el primer presidente uruguayo del siglo XXI, para el período marzo de 2000 a marzo de 2005, y resaltó su “trayectoria política que incluye una labor parlamentaria como representante nacional y senador de la República en varios períodos”.

El Ejecutivo, manifiesta que “tanto en el ejercicio de los cargos públicos como en su vida política en general, fue defensor de los valores democráticos y tuvo una intensa y comprometida labor a favor del país”.

Una dinastía de políticos

Jorge Batlle perteneció a una destacada dinastía de políticos del Partido Colorado y presidentes de la República.

Nació el 25 de octubre de 1927, era hijo de Matilde Ibáñez y de Luis Batlle Berres, quien también fue presidente de la República, entre 1947 y 1951, presidente del Consejo Nacional de Gobierno en 1955 y consejero nacional en el período 1956-1959.

A su vez, Jorge Batlle, fue sobrino nieto de José Batlle y Ordóñez, presidente de la República en dos ocasiones (en el período 1903-1907 y 1911-1915), quien a su vez era hijo de Lorenzo Batlle, presidente de la nación entre 1868 y 1872.

Vinculado desde siempre al mundo de la política, Jorge Batlle ejerció el periodismo en radio Ariel y en el diario Acción, el cual había sido fundado por su padre en el año 1948.

En 1956 se recibió de doctor en Derecho, profesión que no llegó a ejercer. Dos años después resultó electo diputado por la Lista 15 para el período 1959-1963 y fue reelecto para el período 1963-1967.

Pasó a liderar la Lista 15, tras la muerte de su padre, y ocupó la dirección de radio Ariel y del diario Acción.

Fue candidato a la Presidencia de la República por primera vez en las elecciones nacionales de 1966.

Si bien fue derrotado por la fórmula también colorada compuesta por Óscar Gestido y Jorge Pacheco Areco, de todos modos triunfó su propuesta de eliminar el Consejo Nacional de Gobierno y de restaurar el presidencialismo.

Uno de los episodios más oscuros de su carrera política la constituyó la denuncia en su contra de haberse beneficiado por disponer de información calificada sobre una inminente devaluación del peso, que ocurrió en 1968. El hecho se conoció como “la infidencia”.

En el año 1970 se batió a duelo con sable con el también colorado Manuel Flores Mora, por las denuncias sobre “la infidencia”, ambos recibieron heridas leves.

Jorge Batlle, volvió a ser candidato a la Presidencia en los polémicos comicios de 1971, instancia en la que resultó electo el colorado Juan María Bordaberry.

Un año después fue procesado por la justicia militar por el delito de “ataque a la fuerza moral del Ejército” y permaneció dos meses en prisión.

Tras el golpe de Estado cívico-militar, del 27 de junio de 1973, los militares le impidieron la distribución del diario Acción el cual cerró. También cerró diario Ariel. Fue proscripto por la dictadura en 1976.

Desde la clandestinidad hizo campaña contra la reforma constitucional de 1980 que impulsó el régimen militar para perpetuarse en el poder. Logró la desproscripción política en noviembre de 1983.

Respaldó el Pacto del Club Naval de 1984, para lograr una transición “en paz” y en las elecciones nacionales de noviembre apoyó la fórmula Sanguinetti-Enrique Tarigo, que resultó triunfadora. En dicha instancia Batlle resultó electo senador de la República.

Para las elecciones de 1990, también fue candidato a la presidencia, pero perdió con el nacionalista, Luis Alberto Lacalle.

Asimismo, en 1994 volvió a ser candidato presidencial y perdió nuevamente, pero esta vez con su correligionario, Julio Sanguinetti.

Resultó electo senador y respaldó la reforma constitucional de 1996 que estableció la candidatura única por partido, la segunda vuelta electoral y separó en el tiempo las elecciones departamentales de las nacionales.

Para las elecciones de 1999 se presentó a las elecciones junto a Luis Hierro López como candidato a la vicepresidencia y logró derrotar en el balotaje a la fórmula del Frente Amplio compuesta por Tabaré Vázquez y Rodolfo Nin Novoa.

Luego de intentar en cinco oportunidades acceder al Gobierno, luego de medio siglo de persistencia, lograba la máxima magistratura.

El siglo XX había comenzado y terminaba un Batlle como presiente de la República.

Luces y sombras

La presidencia de Jorge Batlle estuvo marcada por luces y sombras. Una de sus primeras medidas de Gobierno fue crear la Comisión para la Paz, que investigó el destino de 26 desaparecidos durante la dictadura militar, una medida que fue bien vista desde la izquierda.

Sin embargo, su oposición a los monopolios estatales generó una fuerte discusión a nivel político. A través de un referéndum, la ciudadanía decidió rechazar una Ley de su gobierno que permitía a ANCAP asociarse con privados.

Otros de los aspectos negativos de su administración, fue el ingreso de la fiebre aftosa al país y la ruptura de relaciones con Cuba.

Mantuvo una relación tumultuosa con el Gobierno argentino y fue muy cuestionado al afirmar “of de record” a un periodista que lo estaba filmando que los “argentinos son una manga de ladrones del primero al último”. A raíz de ello viajó al país vecino a pedir disculpas en un episodio muy recordado porque lo hizo con lágrimas en los ojos.

Pero uno de los momentos más críticos de su administración fue la crisis económica y financiera de 2002.

Tras la devaluación de Brasil y la grave crisis económica en Argentina, comenzó a generarse una corrida bancaria en Uruguay, hecho que se agravó por los fraudes ocurridos en los bancos Comercial, Montevideo y Caja Obrera.

El 30 de julio de 2002 ocurrió el “feriado bancario” en Uruguay y la intervención de varias instituciones y la retención de depósitos, cuya devolución se reprogramó en el tiempo.

No obstante, Batlle logró evitar la quiebra del sistema bancario al obtener un crédito, de parte del Tesoro de Estados Unidos, de unos 1.500 millones de dólares.

Fueron años donde el salario real cayó a niveles históricos, creció la desocupación a un 20% y se devalúo la moneda. Ello llevó al cierre de empresas e industrias y a que Uruguay registrara los más elevados niveles de emigración.

Batlle debió cambiar a parte de su equipo económico. Alejandro Atchugarry fue designado como nuevo ministro de Economía y Julio de Brun asumió la presidencia del Banco Central, ambos lograron evitar que el país cayera en default.

La Red 21


Mujica: “un liberal de vieja usanza”

El ex presidente José Mujica expresó también sus condolencias ante el deceso de Jorge Batlle a quien describió como “un liberal de vieja usanza”. “Siento profundamente que el Dr. Batlle haya terminado su vida así en un accidente”, declaró anoche a Canal 4. “Creo que en la coincidencia o en la diferencia siempre puso su talento y su ingenio a favor de lo que él pensaba del destino y del rumbo como país. Y en este momento cabe tender un abrazo a sus familiares íntimos, a sus partidarios y en general a todo nuestro pueblo porque fue nuestro presidente, porque más de una vez seguramente pasó la preocupación que significa la responsabilidad del país. Y porque además a su modo, con su estilo, luchó una vida casi entera. Por eso, honor y solidaridad en este momento y el respeto de todo el pueblo oriental, sobre todo de aquellos que en algún momento estuvimos con él en la vereda de enfrente”.

Mujica indicó además que Batlle era “chispeante, talentoso, entretenido, soportaba también las bromas y era un liberal de vieja usanza según él pertenece a una familia que ha sembrado mucho en el Uruguay (…)Merece nuestra estima, nuestro recuerdo”.
Recordó que en su juventud conoció a su padre porque “su familia vivía (siendo presidente don Luis Batlle) en el barrio donde yo nací” y también conoció a su madre “y aunque siempre estuve en otras tiendas no puedo tener otra cosa que afecto a pesar de las diferencias políticas”.

Declaración del PS

“Un político de fuste, honesto en sus planteos”

El Partido Socialista señaló que “en las coincidencias pero sobre todo en las diferencias los y las socialistas reconocemos en Jorge Batlle a un político de fuste, quien pese a tener un proyecto de Uruguay diferente, fue siempre honesto en sus planteos, desafiante y un eterno provocador. Hoy el país despide parte de su historia y la política uruguaya a un protagonista de su tiempo. El Partido Socialista saluda a su familia y Partido Colorado”.

La República


Jorge Batlle, una lección de grandeza – Por Julio María Sanguinetti

Nació soñando con el porvenir y cayó en esa misma lucha, predicando. En su comienzo estaba su final. En él estaba su principio, la razón de su vida, a la que dedicó la peripecia de 88 años vividos con inusual intensidad.

Cuarto de los Batlle que llegaron a la Presidencia de la República, fue Jorge, sin embargo, siempre dueño de sí mismo. No lo ataba la historia, ni lo condicionaban intereses; no lo arrastraba la gritería y nunca temió afrontar la impopularidad por sostener una idea de la que estaba convencido. Su linaje lo sentía como responsabilidad, no como mérito, y todo lo que alcanzó fue por su prolongado esfuerzo.

Siempre oteó el porvenir y lanzó ideas novedosas, sin pensar en aplausos o deslizarse a caídas demagógicas. Promovió la reforma constitucional del 1967 cuando sentía crujir las instituciones y pensó que se requería fortalecer la gobernabilidad democrática. Reconfiguró la doctrina batllista con un aliento liberal, que sin desvirtuar sus esencias, la adaptó a estos tiempos de apertura y competencia comercial.

Enfrentó el desborde militar cuando, aún bajo la normalidad institucional, se insinuaba ya su quiebra. Sufrió la prisión y la proscripción. Mantuvo vivo al partido en esos años difíciles, integrando con Amílcar Vasconcellos y Raumar Jude un triunvirato clandestino. Luchó con denuedo en el plebiscito de 1980, pese a las restricciones que nos imponía la dictadura. Y luego de la elección interna de 1982, nos acompañó a Tarigo y a mí en el esfuerzo de llevar adelante el “cambio en paz”, del que fue sostén fundamental.

Los traspiés políticos nunca lo resintieron ni le hicieron dudar de su lucha. Siempre convencido de lo que hacía, cada vez que le tocó caer, se levantó al día siguiente para continuar su prédica. Disputó cuatro veces la presidencia sin éxito y en su quinta oportunidad la alcanzó. Tuvo entonces que soportar el drama de una crisis económica que vino de afuera y que enfrentó con profundo sentido de responsabilidad, evitando el default en que había caído la Argentina. Los que muchos entonces no entendieron, o no quisieron entender, reconocen hoy que el honrado gobierno que presidió preservó al país de una larga agonía, al punto que, un año después de esa crisis, el país estaba creciendo nuevamente. Y así lo entregó, en paz y libertad, a un Presidente de otro partido.

Desde entonces, ni un día dejó de predicar, de hablar, de lanzar ideas, de provocar el debate. A nadie dejaba indiferente. Su imaginación bullía y se estimulaba en la controversia.

Fue un colorado convencido. Admiraba la audacia política y, sobre todo, el valor humano de Fructuoso Rivera. Sentía al gobierno de la Defensa, como la configuración de la ideología liberal y humanista que el Partido le impregnó al país. Se inclinaba ante la magnitud de Don Pepe y sentía su continuidad en la obra de su padre. Esa visión histórica se asentaba en una constante curiosidad, en la búsqueda de documentos, de libros antiguos, que arrojaran alguna nueva luz. Vivía en el futuro, pero buscando raíces en el pasado.

Soñaba un Uruguay con altura y universalidad. Le indignaba la demagogia. Le entristecía la mediocridad. Admiraba la Argentina de Alberdi y el Brasil de los “gaúchos”, pero quería un país que no se alejara del empuje norteamericano y la sabiduría británica. Conversador fecundo e interminable, podía pasar horas con un académico como otro tanto con un chacarero al que por casualidad encontraba al costado de un camino. Cuidó siempre amorosamente de sus hijos como respetó y quiso a las dos grandes señoras con las que dividió su vida.

Convivimos con él sesenta y dos años, desde aquel lejano día en que detrás de Don Luis entramos a la 15 para dar nuestras primeras batallas periodísticas en Canelones. En ese largo periplo, vivimos horas de gloria y de infortunio, momentos de mancomunidad y también de competencia, siempre en la búsqueda de los mismos ideales.

Sentimos que con él se va también parte de nuestra propia vida. Dejándonos, sin embargo, ese legado de patriotismo y grandeza que, aun en la controversia, le hacía admirable.

(*) Expresidente uruguayo.

El País