Veronika Jesús López podría haberla hecho fácil y vestirse del “varoncito” que todos querían hacerle creer que era para ingresar sin problemas a un terciario.

Pero eligió el camino difícil, no estaba dispuesta a cursar la carrera de sus sueños desde otra identidad. Esta sancarlina, que recibió desde insultos hasta tomatazos camino al Instituto de Eugenio Bustos y que varias veces no llegó a rendir porque se la llevaba presa la Policía, hoy es la primera docente transexual del Nivel Superior en Mendoza.

“Los sueños que se cumplen son los que se intentan”, comenta la joven, y relata sus padecimientos pasados con la frescura de quien pudo superarlos.

En un pueblo tradicionalista como San Carlos todos saben de su lucha y en el IES 9-010 Rosario Vera Peñaloza es conocida como la profe de Prácticas y Residencias de 4to año, en el Profesorado de Lengua y Literatura.

Se recibió hace dos años y se siente satisfecha con su docencia en Educación Superior y su trabajo como locutora en la FM Fantástica 106.9 de San Carlos. También escribe para medios locales, es cantante y recorre distintas instituciones de la provincia dando charlas y talleres sobre género.

También fue profesora de Letras en la primer aula para la diversidad sexual, 15 de Julio. “Fue muy bueno enseñar a mis compañeras, también aconsejarlas para que no sufran lo mismo”, dice.

La lucha librada por Verónika inspiró a un director de cine de La Consulta, Cristian Pellegrini, quien comenzó filmando un cortometraje y terminó estrenando semanas atrás en Cinemark la película “La pasión de Verónika”. “Ahora queremos adaptarla para poder presentarla en distintas instituciones”, anuncia la sancarlina.

Derribando prejuicios

“Los prejuicios son las balas que nos matan”, reza el final de un corto que la docente realizó con sus alumnos. Es el resumen de su historia: Verónika ha dedicado su vida a luchar contra los prejuicios.

Recuerda que desde pequeña enfrentaba en soledad el dolor de no ser aceptada. “El gay nace gay, que la familia trate de ocultarlo es otra cosa”, opina sin complejos.

Cuenta que por años sufrió en silencio el discernimiento de su identidad sexual. Tuvo etapas más calmas y otras convulsionadas, como la mitad de la secundaria que cursó en un colegio confesional de San Carlos.

Paradójicamente, asegura que su familia recién aceptó su condición cuando ganó trascendencia a nivel provincial. Y esto fue al presentarse como candidata de la Vendimia Gay en 2009.

“Valoro a este IES porque me abrió las puertas cuando todavía hay muchos que no reciben a chicas trans o le ponen obstáculos para que no ingresen”, señala Verónika.

Pese a la apertura de la institución, la profesora cuenta sin tapujos y con un entusiasmo que contagia, las peripecias por las que tuvo que pasar hasta llegar a tener el título en sus manos.

Comenzó a cursar en 2005, cuando todavía no existía la Ley de Identidad de Género en el país y la Policía se llevaba a las travestis por “simular sexo en la vía pública”, según exponía el derogado artículo 80.

Varias veces debió posponer la mesa para rendir Morfología, por ejemplo, porque en el trayecto de 2 kilómetros hasta la escuela la detenían los efectivos. “Yo venía con mis carpetitas, pero igual me subían al móvil. Mi mamá tenía que ir a sacarme de la comisaría y justificar mi falta”, relata.

Para la docente, también los registros discriminan. “Hoy con la Ley podemos tener nuestros DNI. Pero antes te inscribían con un nombre y vos presentabas los prácticos con otro”, señala. Incluso, el ir al baño era un dilema.

“No me dejaban entrar al de mujeres y en el de varones me insultaban y acosaban. En los inicios, iba al de la casa de una amiga”, recuerda. También debió presentar una nota al municipio para que le permitieran utilizar los sanitarios de mujeres en la Terminal de Ómnibus.

“Yo todo lo conseguí a base de la insistencia”, se ríe Verónika. No le fue fácil tampoco conseguir una escuela donde hacer sus residencias superiores. Finalmente, le abrieron las puertas en el CENS Laguna del Diamante, pero previamente los padres de los alumnos debieron autorizar su presencia en el establecimiento.

“La experiencia fue muy buena. Incluso me teñí de morocha para verme más seria”, comenta con soltura.

Aunque en su paso por los colegios tuvo excelentes calificaciones -fue escolta-, aunque es buena con las letras, aunque continúa perfeccionándose permanentemente, Verónika siempre siente que debe estar “dando pruebas”.

Ella acepta su historia como se le presenta y la comparte para ayudar a otros que pasan por lo mismo. “En las charlas hay madres que me preguntan, preocupadas, cómo pueden ayudar a sus hijos”, confiesa.

Educación y diversidad

Una de las razones por las que Verónika eligió ser docente es para poder incluir en la enseñanza una nueva mirada sobre la diversidad. “Hoy la educación ha dejado de lado lo diferente, lo considerado ‘extraño’, sostiene, y agrega: “Yo trabajo acá porque me conocen, pero en otras instituciones te ponen obstáculos para tomarte aunque tengas 40 de puntaje”.

Dice que muchos jóvenes terminan prostituyéndose o en la calle, porque “cuando exponen su condición son expulsados de la casa, de la escuela y del grupo de amigos”. De allí que considere que el sistema educativo debe estar más “atento” a estas situaciones y ser más “contenedor” de las diferencias.

“Hay maestras de jardín de infantes que me dicen no saber cómo manejarse cuando sus alumnitos varones eligen muñecas para jugar o son discriminados por sus modales”, asegura.

Los Andes