Las tres vías para refrendar acuerdo de paz, según Santos

El miércoles, en su penúltimo día de visita a Londres, el presidente Juan Manuel Santos abordó el tema de la refrendación de un nuevo acuerdo de paz con las Farc y dejó claro que solo se tomará una decisión sobre el camino por seguir cuando haya un nuevo texto de consenso con la guerrilla.

El anuncio del mandatario se dio luego de su reunión con la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, con quien analizó varios aspectos de la relación entre las dos naciones, especialmente en el frente económico, tomando en cuenta la salida de Inglaterra de la Unión Europea.

Santos realiza una visita de Estado al Reino Unido –la única de un presidente durante este año– la cual lo llevó ayer a reunirse con empresarios ingleses, con el alcalde de Distrito Financiero de Londres y con May, entre otros dignatarios británicos.

Tras esta última reunión el Presidente le explicó a la prensa inglesa algunos de los pasos que seguirá para llegar a la concreción del proceso de paz con las Farc, entre ellos el de la refrendación de un posible nuevo acuerdo.

Según Santos, lo primero es concluir los acercamientos con los promotores del ‘No’ en el plebiscito del pasado dos de octubre –entre ellos el expresidente Álvaro Uribe–, lo cual ocurrió el miércoles, en la sede del Ministerio del Interior, en Bogotá.

Superado este paso, el equipo negociador tiene previsto regresar a La Habana en la tarde de este jueves para concretar con las Farc, en la mesa de negociaciones, los ajustes que se le hagan al nuevo acuerdo para la terminación del conflicto.

“Lo que yo quiero y lo que el país necesita es que todo colombiano esté a bordo de este esfuerzo porque todos antes del plebiscito expresaron su deseo de alcanzar la paz y si eso es cierto creo que estamos ante una magnífica oportunidad para unir al país alrededor de un nuevo acuerdo de paz”, afirmó el jefe de Estado.

Santos explicó que si se hacen ajustes al acuerdo vendría una nueva refrendación, para la cual tiene tres alternativas: “Presentarle el acuerdo al Congreso”, “otro plebiscito” o “preguntarles a nuestros más de 1.100 municipios (…) para ver si estos quieren o no” aprobarlo, fueron las opciones que planteó.

Esta última posibilidad de la que habló el Presidente ha sido interpretada por diferentes observadores como la realización de cabildos abiertos, algo que propuso el exmagistrado de la Corte Constitucional Eduardo Cifuentes.

Dicho esto, el Presidente anunció que se tomará “la decisión” de cuál será la herramienta elegida para refrendar el texto alcanzado con las Farc, en La Habana, “una vez tengamos el nuevo acuerdo”.

Cabe aclarar que el paso de la refrendación es diferente al de la implementación, al cual también se refirió el Presidente en Londres, y este último tendrá que hacerse a través del Congreso.

En ese sentido, el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, afirmó en Bogotá que “no hay vía distinta” al Legislativo para “aprobar los actos legislativos, las leyes estatutarias y las ordinarias para implementar los acuerdos”.

Según el Ministro, una vez se tenga listo el nuevo acuerdo con las Farc, se establecerá un diálogo entre el Gobierno, los opositores y esa guerrilla, para definir si el documento se somete a refrendación popular y qué mecanismo utilizar. Sin embargo aclaró que este paso “no es obligatorio”.

Presentar el acuerdo al Congreso

Sobre esta opción, el representante a la Cámara por ‘la U’ Hernán Penagos explicó que podría hacerse de dos maneras: “La primera sería que el Presidente exprese su deseo de que las mayorías en el Legislativo digan si el nuevo texto es viable o no, y la segunda sería enviar los proyectos para implementar lo acordado”.

Mauricio Lizcano, presidente del Congreso, dijo que si el Gobierno se anima a presentar los proyectos para desarrollar el acuerdo, el Legislativo “mantiene sus facultades intactas” para aprobarlos y que “si se decide implementar los acuerdos, pues se estarían” al mismo tiempo “refrendando”.

No obstante el trámite de estas iniciativas tendría que hacerse con los tiempos normales para cualquier proyecto, es decir, ocho debates para los proyectos de actos legislativo y cuatro para los proyectos de ley.

La desventaja de este camino es que implicaría un mayor tiempo para la implementación del acuerdo, en legislatura ordinaria.

Cabildos abiertos

El artículo 103 de la Constitución y la Ley 1757 de 2015 estipulan la realización de cabildos abiertos en los concejos municipales para la discusión de temas que sean “de interés de la comunidad”.

Según la ley “un número no inferior al cinco por mil del censo electoral” del respectivo municipio debe pedir que se consideren “los asuntos que los residentes soliciten sean estudiados”, que en este caso sería el acuerdo para finalizar el conflicto con las Farc.

Hernán Penagos, representante a la Cámara por ‘la U’, explicó que estos cabildos abiertos son “una especie de audiencia” en la que los ciudadanos de un municipio discuten los temas que les atañen, pero que estos “no tienen efectos jurídicos sino políticos”.

Un nuevo plebiscito

El expresidente de la Corte Constitucional Nilson Pinilla afirmó que ese alto tribunal “dejó la puerta abierta” para hacer una nueva votación y refrendar popularmente el Acuerdo Final.

Pinilla explicó que el Presidente podría acudir a la misma ley que le permitió convocar la votación del pasado dos de octubre para citar al nuevo plebiscito. “Esa ley ya existe y ya la Corte Constitucional la avaló”, explicó el constitucionalista.

El representante a la Cámara por ‘la U’ Hernán Penagos afirmó que una nueva votación, en caso de ganar el ‘Sí’, “sería la única que habilitaría de manera directa el ‘fast track’ o vía rápida” para tramitar, de manera abreviada, los proyectos que implementen lo pactado.

El Tiempo


¿Qué ha pasado durante un mes sin acuerdo de paz con las Farc?

Un día como este jueves, hace un mes, el país ya había dormido y despertaba con una noticia que casi nadie se esperaba. Los colombianos habían rechazado en las urnas los acuerdos que se habían firmado entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, el 26 de septiembre en Cartagena y el No superó al Sí por 55.651 votos en el plebiscito.

Empezó un período de incertidumbre porque el Gobierno no tenía un plan B y ni siquiera los promotores del No, encabezados por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, tenían una claridad sobre cómo proceder ante la sorpresiva victoria de los intereses que representaban.

Han pasado un poco más de cuatro semanas y, aunque son muchos los eventos que ha sucedido en ese lapso de tiempo, todavía se discute en la radio y los periódicos el resultado de la consulta, hay acusaciones que van de lado a lado y se arman conjeturas sobre el futuro de los acuerdos. Lo único claro es que se aplazó, indefinidamente, la terminación de un conflicto de medio siglo. Una treintena de días en los que ha pasado de todo.

“No hay propuestas”

Desde la noche del 2 de octubre, día en que se realizó el plebiscito, los medios y los analistas intentaban explicar qué había pasado en las urnas. ¿Por qué, contra todo pronóstico, no había ganado el Sí? ¿Por qué las encuestas se habían equivocado? ¿Había sido el huracán Matthew el culpable de que no salieran a votar en el Caribe?

A la mañana siguiente, el presidente Juan Manuel Santos convocó a las fuerzas políticas, incluidos los promotores del No, a una reunión en la Casa de Nariño, con el fin de escuchar y abrir un diálogo. Pero el ausente de la jornada fue el uribismo.

Una de las razones que expuso el grupo político fue que le quería dar tiempo al Gobierno para reunirse con su bancada, sin embargo, dejó claro su deseo de ser escuchado por Santos y dejar en la mesa sus inquietudes sobre el acuerdo de paz. No obstante, el uribismo aún no contaba con nada concreto para llevar a la mesa, motivo por el que la crítica ciudadana arreció, sobre todo, en las redes sociales.

Días después, el Gobierno designó una comisión, que fue integrada por Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador con las Farc; María Ángela Holguín, canciller; y Luis Carlos Villegas, ministro de Defensa; para que negociara con los voceros designados del No: Óscar Iván Zuluaga, Carlos Holmes Trujillo y el senador Iván Duque.

La indignación ciudadana

El 4 de octubre, molestos por lo que consideraban la dilación del proceso con intereses mezquinos, los estudiantes universitarios convocaron a una movilización que se llamó la Marcha del Silencio, y la tarde del 5 de octubre, miles caminaban con camisetas blancas en varias ciudades del país y llenaron las principales plazas.

Desde lo alto se apreciaba una multitud de blanco en la Plaza de Bolívar, de Bogotá, que con antorchas y arengas pedían un acuerdo pronto. “Acuerdo ya”, gritaban.

A los estudiantes también se unieron, días después, las organizaciones sociales, grupos indígenas, sindicatos y ciudadanos en el extranjero que intentaron presionar a los opositores para que presentaran rápido sus propuestas sobre los puntos que creían necesarios modificar en el acuerdo.

La campaña de mentiras

Los del No aún no acaban de celebrar la victoria cuando uno de sus líderes visibles, Juan Carlos Vélez Uribe, dio unas declaraciones al diario La República que fueron una bomba. El político antioqueño, gerente de uno de los comités que promovía el No, aceptó que la campaña que desarrollaron se basó en la tergiversación de mensajes para que la gente saliera indignada a votar.

“Unos estrategas de Panamá y Brasil nos dijeron que la estrategia era dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación. En emisoras de estratos medios y altos nos basamos en la no impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios”, dijo Vélez.

Las reacciones por la cuestionable estrategia del No llegaron de inmediato y trataron de restarle legitimidad a la victoria en el plebiscito. Generó tanta mella que el mismísimo Uribe regañó a su copartidario, quien terminó renunciando al partido Centro Democrático.

Todavía hoy el tema sale a relucir. De hecho, durante la visita de Estado en Reino Unido, el presidente Juan Manuel Santos señaló que el No había ganado a punta de desinformación y mentiras.

Las peticiones del No

Una a una fueron llegando las propuestas desde diferentes sectores del No al Gobierno Nacional. La primera que hizo la tarea fue la conservadora Marta Lucía Ramírez, quien, además, había hecho un llamado a los opositores para que presentaran pronto sus peticiones a Santos.

Las objeciones de Ramírez estuvieron enfocadas en los acuerdos de Reforma Rural Integral, Participación en Política, Drogas, Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición y Fin del Conflicto. Una de sus peticiones fue que los responsables de crímenes atroces no pudieran aspirar ni al Congreso ni a la Presidencia.

Luego llegaron las propuestas del expresidente Andrés Pastrana. En 17 páginas, el sector que representa Pastrana pidió, entre otras cosas, que las Farc entregaran todos los bienes que tuviese tanto en el país como en el exterior para que fuesen utilizados en la reparación a las víctimas del conflicto.

Asimismo, se opusieron a que las Farc recibieran 31 emisoras de radio públicas, aunque aceptaron que debía existir un mecanismo de participación tal como sucedió con el M-19. Por otra parte, pidieron que, si bien la intención no era ver a los miembros de las Farc tras los barrotes, hubiese zonas rurales de transición para limitar la movilidad de los condenados.

A su turno, el grupo que representa el expresidente Uribe sugirió que los responsables de crímenes atroces no pudiesen aspirar a cargos de elección popular o que las condenas se pudieran pagar en sitios alternativos a las cárceles, como “granjas agrícolas”, algo que ya estaba en el acuerdo.

Agregó el uribismo que se tramitara en el Congreso se tramitara una norma de “alivio judicial” para policías y militares. La propuesta del Centro Democrático contempla penas que no superen los cinco años.

El nobel para la paz y la comunidad internacional

Cuando el reloj marcaba las 4:15 de la mañana del viernes 7 de octubre, del otro lado del mundo, en Noruega, se anunciaba que el ganador del premio Nobel de la Paz 2016 era para el presidente Juan Manuel Santos, una opción que había sido descartada por muchos a raíz del resultado del plebiscito.

En el comunicado, la organización señaló que el premio se entregaba al primer mandatario colombiano como un reconocimiento por su “esfuerzo para llevar al final de una guerra civil de más de 50 años”.

Aunque la entrega del galardón no cayó muy bien en la oposición, este se convirtió sin duda en un espaldarazo a Santos para afrontar el proceso que se venía luego de la derrota en el plebiscito. Un apoyo irrestricto que ha tenido el mandatario por parte de la comunidad internacional que siempre se mostró a favor de la firma del acuerdo con las Farc.

La tal “ideología de género” no existe

Aunque bastante tarde, y a pesar de que muchos siguen incluyéndola en su discurso, la Conferencia Episcopal Colombiana señaló que la llamada “ideología de género” no fue incluida en el acuerdo de paz. De hecho, monseñor Luis Augusto Castro dijo que sólo fue utilizada por los del No para “asustar a la población”.

Este concepto, uno de los principales caballitos de batalla de los promotores del No durante la campaña, fue confundido (no hay claridad si con intención o no) con el enfoque de género de los acuerdos que lo que buscaban era desarrollar una diferenciación de mujeres y población LGBTI víctimas del conflicto para que pudieran acceder, a través de la implementación de lo acordado, a beneficios a los que, históricamente, los hombres habían accedido con mayor facilidad, como la tierra.

Ante la arremetida de los cristianos, por lo que consideran que desdibuja el concepto que usan de familia tradicional, las mujeres y la comunidad LGBTI han pedido que no se excluya del acuerdo el enfoque de género y que cualquier cosa que se pacte en este punto no puede traducirse en el menoscabo de los derechos de ningún grupo social.

Las Farc, abiertas a escuchar

No solo por el lado del Gobierno hubo atención a las propuestas de los promotores del No. Las Farc, en La Habana, también recibieron durante este mes varios grupos sociales del país, como cristianos y LGBTI, para escuchar lo que tiene que decir de cara a la modificación del acuerdo.

Han dicho que muchas de las propuestas se llevarán nuevamente a la mesa de negociación con el Gobierno para la construcción del nuevo acuerdo que, se espera, esté listo antes de finalizar noviembre.

Puntos en común

La última reunión entre los del Sí y del No fue el miércoles 2 de noviembre y, grosso modo, se puede decir que hay optimismo por parte de ambos bandos. Según dijo el senador Roy Barreras, la mayoría de las propuestas del No serán llevadas a la mesa.

En temas espinosos, como la participación en política, una de las salidas planteadas es que los responsables de crímenes atroces solo puedan aspirar a cargos de elección popular una vez saldadas las condenas, por lo que no podrían participar en las elecciones de 2018.

Aún quedan temas por debatir, como si habrá un nuevo plebiscito (camino que parecería estar descartado por el Gobierno) para refrendar los acuerdos y la forma en que se implementará, que según ha señalado el presidente del Senado, Mauricio Lizcano, se haría vía Congreso. Lo cierto es que, más allá de los opositores, el tiempo se convierte en el mayor enemigo del presidente Juan Manuel Santos y su intención de darle la estocada al conflicto con las Farc.

El Espectador