Las dos organizaciones tuvieron un protagonismo muy particular en las elecciones locales del 2014 y de ahí imaginaron que ocupar Carondelet solo sería cuestión de tiempo. Y las dos se pusieron a órdenes de Jaime Nebot y las dos lo traicionaron, para ser enfáticos y pragmáticos.

Pero hay algo más: desde ese año para acá de las dos organizaciones se ha ido mucha gente, algunos calladamente y otros haciendo explícitas sus diferencias y revelando los modos y manejos de los altos dirigentes. Sobran los detalles, quizá porque son de la misma naturaleza innata de la partidocracia. Y un elemento más: los líderes de las dos organizaciones no saben cómo explicar que estuvieron muy pomposos para la foto junto a Nebot y ahora Mauricio Rodas luce una sonrisa falsa al lado de Guillermo Lasso, y Ramiro González un rostro de absoluta resignación al marchar solo hacia la conquista de la Asamblea Nacional, incluso sin sus más allegados coidearios que lo acusan de megalómano.

Entonces cabe la pregunta: ¿a qué juegan SUMA y AVANZA en las elecciones del 2017? Y cabría otra más, por si acaso: ¿son efectivamente organizaciones políticas o simples maquinarias electorales? Haciendo una revisión en las páginas web de las dos organizaciones no solo que hay una pobreza de información sino que revelan la poca actividad real, la nula capacitación y algo que habría que pensar con toda frontalidad: cero propuestas de gobierno para las próximas elecciones, ni una sola reflexión seria sobre los comicios para advertir si hay alguna idea sabia y responsable.

Conclusión inicial: no son organizaciones serias, actores políticos orgánicos y apenas si cumplen con los mínimos requisitos para estar inscritos en el registro electoral, por más que algunas de sus figuras, militantes, contrataciones de última hora o colados porque no tuvieron espacio en otra tienda política luzcan en las redes como soberanos intelectuales o supuestos dirigentes sociales.

No cabe ninguna duda de que estamos ante un fiasco político, si es verdad todo lo que dicen sus páginas web, la ausencia de pronunciamientos programáticos sobre muchos temas y la carencia de debate y/o formación y capacitación para su supuesta militancia. Las dos organizaciones traicionaron a Nebot, a la Unidad y a un proceso de la derecha que pudo haber gestado una sostenida campaña con otros ribetes y mejores discusiones.

Claro, en el caso de SUMA todo se reduce a la actividad del alcalde de Quito, sobre él gira su imaginario, aunque ya sabemos la poca popularidad de Rodas en la capital y los múltiples problemas que acarrea con sus propios dirigentes, como la salida de su único asambleísta, Ramiro Aguilar (ahora candidato a vicepresidente con Dalo Bucaram), de su ex vicealcaldesa, Daniela Chacón, de quien se esperaba un rol más interesante y ahora reduce su oratoria a una escasa actividad en redes sociales y de vez en cuando a decirle sus verdades a su antiguo líder en el concejo municipal. Ni qué decir de los aliados de Rodas, que ya están en otro andarivel y ni se acuerdan de su supuesta amistad.

Y en el caso de AVANZA hay otros condimentos que hacen de su actividad un signo de sospecha: se forjó y creó desde la burocracia cuando era aliado del gobierno actual, muchos de sus jóvenes figuras estuvieron en varios cargos y se declararon “correístas” mientras gozaban de sus sueldos merecidos, sin duda alguna, acompañaron campañas, procesos, obras y declaraciones del movimiento Alianza PAIS, pero apenas salieron de ahí (algunos todavía siguen) transformaron su discurso con la misma narrativa de la oposición más recalcitrante, empezando por su máximo líder.

A eso el sentido común le llama traición. Y ahora vemos cómo se desgrana esa organización por las disputas entre sus máximos dirigentes apelando a formulismos y formalismos sobre quién debe o no dirigirla en tiempos de campaña, seguramente para administrar los recursos que les llegan del Estado.

Segunda conclusión: su supuesta organicidad se diluye en las disputas internas y en las (in)decisiones de sus líderes. Y por lo mismo también revelan hasta dónde se equivocaron los electores al votar por esos candidatos que llegaron a las alcaldías, prefecturas y gobiernos parroquiales.

Si el panorama está así es posible que el protagonismo de SUMA y AVANZA pase a un plano secundario y sea una participación precaria. Y por lo tanto su ubicación en el mapa político sea la que debieron tener en el 2014.

Entonces, estamos frente a dos organizaciones con muchas debilidades que solo se hicieron visibles tras la traición (en el caso de AVANZA por doble partida) a un anhelo de unidad en la derecha ecuatoriana que con justa razón Nebot ideó. Bien dice ese sabio refrán: “solo sabes con quién estuviste casado hasta que te divorcias”.

Tercera y última conclusión: vivimos un momento particular para entender cómo funcionan las maquinarias electorales y de qué modo (comparando con lo ocurrido con Trump en EE.UU.) todo eso solo es reflejo de un mundo maniqueo para generar antipolítica, erosionar la efectiva participación de la gente en la toma de decisiones y, aunque duela decirlo, prostituir la acción política de las nuevas generaciones.

SUMA y AVANZA son maquinarias electorales con poca sabiduría y con muchas falencias estructurales, encadenadas a un circuito clientelar y que en un momento ilusionaron a quienes no querían estar con el gobierno. Su rol, como ya comenté en algún momento, será la extinción por inanición y también porque en febrero próximo recibirán el castigo electoral natural y justo.

(*) Director del diario El Telégrafo, Ecuador.