Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Hoy, cerca de 2.9 millones de electores hábiles para votar en Puerto Rico tienen una cita crucial en las urnas para ejecutar el principalísimo mecanismo de participación ciudadana que ha demostrado ser una poderosa herramienta para el logro de importantes reivindicaciones políticas, sociales y económicas.

Esta fuerza electoral, forjadora o heredera del preciado derecho al voto, tiene en este día el mandato constitucional de decidir quiénes están mejor capacitados para forjar los cimientos que reviertan la precariedad social y económica de Puerto Rico y lo dirijan hacia la recuperación.

Desde jóvenes hasta adultos mayores: el voto de cada elector carga consigo el legado de victorias democráticas nacidas del sudor y de la sangre de hombres y mujeres valientes que lucharon por que las grandes decisiones de los pueblos se tomen democráticamente.

En este delicado momento histórico en que el destino económico de Puerto Rico está estrechamente ligado a las decisiones que tome la autoridad de la Junta de Supervisión Fiscal, nuestra gente necesita líderes dispuestos a y capacitados para trabajar por el florecimiento de la actividad económica mediante proyectos viables, y por la paz social.

Hoy, cuando el sistema electoral estrena el escrutinio electrónico con la meta de agilizar el proceso, el electorado tendrá una nueva oportunidad de escoger al liderato local con la responsabilidad de preparar un presupuesto que contemple el pago de la deuda sin desatender los servicios al pueblo y restablecer la credibilidad del gobierno.

Ese liderato tendrá que luchar por la paridad en la asignación de fondos federales para la salud, por solventar y salvar los sistemas de retiro, por desalentar el éxodo migratorio que afecta las finanzas públicas y por iniciativas de desarrollo económico con verdadero potencial de inyección de capital significativo, entre otros grandes desafíos.

Importantes segmentos poblacionales como los trabajadores, los retirados y los desempleados han buscado históricamente en las urnas la oportunidad de influir en la toma de decisiones y en los nombramientos gubernamentales, así como la adopción de legislación que tome en cuenta sus necesidades.

Las mujeres, por ejemplo, dieron la dura batalla por su emancipación electoral. Luego de un proceso impulsado por el movimiento internacional de las sufragistas de finales del siglo 19 y principios del 20, las mujeres pudieron insertarse en la corriente electoral, al votar por primera vez en 1920 en Estados Unidos y en 1929 en Puerto Rico.

De esta forma se fue afianzando en Puerto Rico una democracia que resuelve materias fundamentales consultando a la ciudadanía.

Igualmente, el derecho al sufragio que podemos ejercer libre y secretamente nos coloca en estas elecciones frente al inicio de la desaparición del bipartidismo que ha dominado la realidad electoral de Puerto Rico por décadas. Por primera vez en la historia puertorriqueña, se abre un nuevo espacio político con visos de no dar marcha atrás. Es muy probable que los resultados de estas elecciones muestren la mayor erosión del bipartidismo en el País.

En estos comicios, voces nuevas, desligadas incluso de partidos oficiales, encaminan la despedida al bipartidismo, respaldadas por la nueva generación y otros electores que buscan alternativas a lo que perciben como el desgaste de las ofertas de las colectividades políticas mayoritarias.

Aunque el resultado eleccionario favorezca numéricamente a uno de los dos partidos mayoritarios, los nuevos y fuertes reclamos necesitan atención mediante una reforma al sistema electoral que dé paso a la verdadera transparencia y entierre el mal del inversionismo político. La cuña abierta seguirá viva: ignorarla e impedir su desarrollo sería atentar contra la democracia en nuestro País.

En el día de hoy llamamos a ejercer un voto responsable, libre y secreto, poniendo las urnas al servicio de la democracia y del desarrollo de Puerto Rico.

El Nuevo Día