Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Diego Sanguinetti (*)

Apelar a una hipótesis unicausal para explicar el próximo desembarco de Donald Trump en la Casa Blanca constituiría un error mayúsculo en el terreno de las Ciencias Sociales. Partiendo desde la asumida creencia de que todo fenómeno social se explica por diversas y multitudinarias causas, es posible dispersar la multiplicidad de factores que coadyuvaron en la victoria de quien será el presidente de los Estados Unidos desde enero próximo y enfocarse en algunos pocos elementos que adquirieron centralidad en el proceso electoral del 8 de noviembre.

Por tratarse de una de las potencias mundiales claves del siglo XX y XXI, cualquier cambio en la administración del Estado supone un hecho político de peso a nivel global. Por lo tanto la historia política, económica y social de Latinoamérica se vinculó y vincula con la geopolítica de este país del norte del continente americano. Pese al acercamiento chino a la región,  Estados Unidos ostenta hoy un lugar de privilegio para la mayoría de los países latinoamericanos. A diferencia de los gobiernos de Clinton, Bush y el de Obama, el de Trump supone un desafío distinto para las naciones americanas por sus promesas de campaña. La espera, por ahora, es la mejor herramienta que poseen los disímiles gobiernos de la región.

Una de las principales características de la campaña de Trump fue la configuración de un enemigo concreto, visible y, sobre todo, repudiable por amplios sectores sociales:

“Nuestro movimiento es para reemplazar a un fallido establishment político corrupto por un gobierno controlado por ustedes, el pueblo americano”

Esta frase, extraída de un spot oficial, encierra una de las llaves del triunfo de Trump. El adversario no es el inmigrante, no es el negro, tampoco la mujer. Tampoco lo era Hillary, a quien felicitó por la campaña realizada. Quien objeta el crecimiento, quien obstaculiza el desarrollo, quien impide los beneficios del  American Way of Life quien, en fin, torna imposible el sueño americano, no es una persona ni una minoría con determinadas características. El principal oponente del pueblo norteamericano interpelado por Donald Trump es la propia casta política que, bajo su óptica, gobernó durante demasiado tiempo y no quiso resolver los problemas del ciudadano.

Hillary Clinton fue tan solo una representante del status quo, y al igual que la población negra y el ya histórico auto-muro mexicano es tan solo una arista o consecuencia de un poder corporativo que privilegia las finanzas por sobre el empleo estadounidense. La promesa de restituir la Ley Glass Steagall[1] justificó el apoyo de Wall Street hacia la candidata demócrata. Incluida en la plataforma del Partido Republicano, la reimplantación de este artilugio legal redundaría en el divorcio de la banca de inversiones y la de depósito[2], acotando la especulación financiera. Sobran los análisis que encuentran en esta unión el principal fenómeno explicativo de la crisis de 2008-09.

En ese contexto la globalización fue interpretada como una extensión del sistema financiero norteamericano. Tendiendo puentes en común con el Brexit y su espíritu anti modernidad, el triunfo de Trump puede ser asociado a un descontento poblacional con los efectos globalizantes. Algunos de los ejes discursivos se centraron n el cierre o relocalización en el extranjero de más de 60.000 fábricas en los últimos años. Pese a los esfuerzos de Obama, en el denominado Cinturón Industrial[3] el desempleo, la desigualdad y los bajos salarios se tradujeron en electores favorables a Trump. El ataque frontal lanzado contra los TLC como el Nafta o hacia el TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación) debe ser entendido bajo esta lógica.

Los posibles cambios en la participación norteamericana en la OTAN se pueden analizar de igual manera: Trump sostuvo que los Estados Unidos no deben intervenir en la soberanía de otros países. El desarrollo de su mandato permitirá saber hasta donde cumple con estas palabras, no obstante, esta postura desnuda una vez más el núcleo del pensamiento del nuevo presidente estadounidense. La recomposición de su país es, ante todo, interna ya que surge desde adentro y hacia afuera. En otras palabras, la cuestión exterior debería quedar relegada siempre y cuando no tenga elementos que tonifiquen la interioridad norteamericana.

Es necesario recalcar que no estamos frente a un movimiento de constitución identitaria, sino por el contrario, de uno que remueve el pasado y busca situarlo en el presente y proyectarlo a futuro. “Make America Great Again”  fue la marca registrada de Donald Trump en estas elecciones. La interrogante que marcó el pulso de la campaña electoral del candidato republicano fue en qué momento Norteamérica fue grande. La respuesta es sencilla y compleja a la vez. El país del norte alcanzó su esplendor cuando no se encontraba globalizada y tomada por la corporación financiera.

Otra de las variables del triunfo fue el propio Trump, quien con su excéntrica, frontal y confrontativa diatriba logró imponerse no sólo al Partido Demócrata ,sino también al propio republicano[4]. Pese a los intentos de los medios de comunicación, intelectuales, políticos y figuras influyentes, Donald Trump instaló su estilo como una virtud. Le bastó simplemente con recordar la naturaleza política de Clinton para reducir a su rival. Frente a las variadas demandas sociales por respuestas, Trump no forma parte del desgastado círculo político. Su característica de outsider entonces, fue un factor determinante entendiendo el hastío de una franja importante de la población.

El devenir de su gobierno es una incógnita y lo será incluso al momento de asumir su mandato. esta definir si será él quien se adapte a los requisitos parlamentarios y políticos del Partido Repúblicano o si, como indicó la lógica expuesta hasta ahora, serán los republicanos quienes cumplirán una función de acompañamiento del mandatario. La propuesta de una reindustrialización mediante el cierre de importaciones y la vuelta al territorio de las empresas que en la actualidad operan en el exterior, parece una apuesta de difícil concreción en la actualidad. Estados Unidos, por mencionar un condicionamiento, forma parte de la Organización Mundial del Comercioademás, repercutirá en las cadenas productivas de todo el mundo. El telón de fondo de un proceso de fortalecimiento del mercado interno norteamericano puede ser una potencial guerra de monedas global. Sin embargo, no será de sencilla resolución la cuestión en torno al encarecimiento de los productos que, según Donald Trump, los Estados Unidos comenzarán a producir a nivel local. La amenaza de encarecer los productos importados a fin de fomentar los locales quizás encuentre una resistencia por parte de los consumidores de Norteamérica. Actualmente el mundo produce en cadena y esto significa que más de un país interviene en el proceso productor de una manufactura. La apuesta de producir localmente no sólo encontrara resistencia por parte de otros Estados, sino que también probablemente deba enfrentar obstáculos a nivel local, debido al ya mencionado aumento de costos que supone un teléfono fabricado no ya gracias al bajo salario de un trabajador chino, sino a un salario norteamericano más alto[5].

En el plano político argentino mucho se puso en juego en esta elección y por ello el gobierno de Macri hizo explícito su apoyo a Clinton en campaña. Si la ex Secretaria de Estado proponía un una continuidad macroeconómica en línea con la administración Obama, el plan económico de Trump puede incluir un aumento de la tasa de referencia del sistema de la Reserva Federal (FED) lo que impactaría de forma negativa en el precio de las commodities. El endeudamiento dispuesto por el presidente argentino podría transformarse rápidamente en un problema en caso de que el próximo gobierno estadounidense mueva influencias en la FED. Los limones de Tucumán que durante años no pudieron ingresar al país del norte, no podrán tener ese destino de exportación de cumplirse el plan de gobierno expuesto por el magnate de Nueva York.

El modelo económico dispuesto por Cambiemos puede mostrar sus limitaciones si la nación estadounidense elige darle fomento al consumo interno de esta manera. La estructura productiva de nuestro país no ha encontrado soluciones duraderas para la dependencia agroexportadora, aunque las consecuencias podrían ser otras con un Estado proteccionista e impulsor de la industria nacional.  Procurando remediar la pronta toma de posición por parte del gobierno de Mauricio Macri, Susana Malcorra intentará tender puentes de comunicación con el nuevo gobierno norteamericano.

Trump representa sin lugar a dudas un desafío para América del Sur en general. La región al sur de América desde finales del año pasado se encuentra en un proceso de reconfiguración interno a partir de la asunción de Macri y la llegada al poder de Temer. Junto con Cartes, los mandatarios de Argentina y Brasil impulsan cambios en la integración regional, tensan la relación con Venezuela e intentan otorgarle un perfil netamente económico al Mercosur. Si Clinton representaba la continuidad de la política continental de Barack Obama, el nuevo gobierno republicano se cierne como una incógnita aún difícil de develar. Para Rafael Correa el efecto Trump será positivo para la región ya que generara una nueva oleada de gobiernos progresistas. En una entrevista recordó, también, que hace una década vaticinó la continuidad de la globalización en tanto reportara beneficios para los Estados Unidos.

Evo Morales saludó la victoria de Trump en Twitter y activamente propuso una agenda compartida que incluyera medidas contra el racismo, la xenofobia y a favor de la soberanía de los pueblos. Kuczynski hizo referencia al TPP y propuso la conformación de un bloque similar pero ya sin la participación de EEUU, al tiempo que adelantó la voluntad peruana de votar de forma negativa en la ONU la construcción del muro entre México y Estados Unidos. Colombia es, para Estados Unidos, el primer receptor de asistencia financiera y polítca, por lo que la promesa de cerrar EUA puede tener un impacto mayor para el gobierno de Santos. No obstante en el caso colombiano la incertidumbre sobre el significado de Trump en la región se vincula también con la nueva negociación de paz entablada entre el gobierno y las FARCS, tras el fracaso del referéndum de octubre.

Venezuela y México por motivos políticos y económicos, respectivamente, forman parte esencial de la política exterior estadounidense. Es aún incierto saber si realmente Trump se alejará del Nafta o si en el caso de Venezuela continúa con la política desplegada por el tándem Obama-Hillary Clinton. En caso de cumplir con sus promesas de campaña, el repliegue de la intervención en la coyuntura interna de los países puede redundar en una mejora en el vínculo con Venezuela. No por acción sino más bien por su reverso, la omisión. Aunque los intereses centrados en el país gobernado por el chavismo exceden por lejos a los designios presidenciales y responden a otro tipo de poder.

El Caribe por su parte, en un año atravesado por el Brexit, deberá adoptar una posición de recaudo hasta tanto Trump no digite sus primeras medidas regionales.

En tanto la relación comercial con China y un endurecimiento de la misma puede llevar a una merma del intercambio agropecuario entre las 2 potencias. Esta hipótesis podría significar una posible mayor demanda de productos sudamericanos hacia el país asiático. Aunque la aparente buena sintonía con Vladimir Putin puede jugar un papel importante en el vínculo de los Estados Unidos y el gigante asiático.

Para finalizar este análisis, urge aclarar que no se buscó minimizar el carácter misógino, xenófobo y racista del discurso de Donald Trump. En todo caso es este un intento por contextualizarlo para entender su complejidad. La principal astucia de Trump fue la de amalgamar todos estos conceptos y otorgarles un nuevo sentido que puede resumirse en la siguiente ecuación: porque hay globalización, hay deslocalización productiva e inmigración y porque hay globalización, deslocalización productiva e inmigración hay desempleo. El triunfo republicano de 2016 es un triunfo de la idea de la vuelta a las raíces, las cuales fueron profundamente contaminadas por la globalización.

Se trata, en pocas palabras, de América para los (Norte) americanos.

(*) Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

[1] Que data del año 1933 y bajo el mandato de Bill Clinton derogada. Huelga aclarar, sin embargo, que fue Ronald Reagan quien comenzó disminuír las regulaciones estatales para con el sistema financiero.

[2] Es decir, los bancos tradicionales.

[3] En inglés RustBelt.

[4] A semanas de las elecciones varias figuras republicanas decidieron no apoyar a Trump, apostando a un triunfo personal.

[5] Vale aclarar que no se abona aquí a la explicación ortodoxa de la inflación como producto de los salarios, sino más bien a la idea heterodoxa que fija su análisis en la puja distributiva, entre otros factores causales del aumento de precios.