Nicaragua, Venezuela y Osetia del Sur – Por Ignacio E. Hutin (Especial para Nodal)

A fines de 2016 se cumplirá el primer cuarto de siglo de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y el final del corto siglo XX que describe el pensador Eric Hobsbawn. El cierre de una historia que dio a luz otras nuevas, algunas que dejan el pasado atrás y otras cuyos conflictos irresolutos o congelados las anclan a ese 1991 en que cambió todo. En Osetia del Sur un reloj que parece demasiado distante a nuestras tierras latinas se detuvo entonces.

El pequeño y montañoso territorio de Osetia del Sur formaba parte de la República Socialista Soviética de Georgia desde su creación en 1921, pero osetios y georgianos nunca tuvieron buenas relaciones. El país caucásico fue el tercero en declarar su independencia antes de la caída de la unión, lo hizo en abril de 1991 luego de establecer al idioma georgiano como único oficial y cancelar la autonomía de Osetia del Sur dentro de su territorio. Las tensiones étnicas dieron inicio a una guerra que duró un año y medio e incluyó una declaración de independencia que sería recién reconocida por primera vez 17 años más tarde. Hoy son apenas cuatro los miembros de las Naciones Unidas que reconocen a Osetia del Sur como nación independiente: Rusia, Nicaragua, Venezuela y Nauru.

Desde el desmembramiento soviético, Rusia ha sido el principal aliado de los osetios, los apoyó en lo que éstos últimos llaman Guerra de la Independencia (1991-92) y económicamente desde siempre, pero también en el brevísimo enfrentamiento bélico de apenas cinco días en agosto de 2008, cuando Rusia invadió el territorio y luchó contra el ejército georgiano que buscaba recuperar el control de la región. No es casual que Rusia haya sido el primer país en aceptar que Osetia del Sur y Georgia no se corresponden. Lo hizo el por entonces presidente Dmitri Medvédev apenas a dos semanas de finalizado el conflicto. Para el Gran Oso era no sólo una forma de debilitar a la Georgia de Míjeil Saakashvili, muy cercana a la OTAN, sino también una respuesta ante la declaración unilateral de independencia por parte de Kosovo, apoyada por Estados Unidos, en febrero de ese mismo año. Medvédev buscó entonces que sus aliados de la Comunidad de Estados Independientes (CIS) siguieran sus pasos, pero no lo hicieron ya sea por presión de la Unión Europea o la OTAN o por falta de interés. La respuesta vendría del otro lado del océano.

A principios de septiembre Nicaragua se sumó a Rusia y reconoció la independencia de Osetia del Sur. El presidente Daniel Ortega dijo entonces que durante el conflicto de agosto no le había quedado más camino a Rusia que desplazar sus fuerzas para garantizar lo que era la voluntad del pueblo osetio. Aprovechó también para describir como “nazi” al intento de Georgia de apoderarse de territorios con apoyo de Estados Unidos. Las relaciones entre Nicaragua y Rusia se fortalecieron a partir de entonces. Ortega visitó el Kremlin en diciembre de 2008 y firmó una serie de convenios en materia de agricultura, comunicaciones y educación. Medvédev anunció entonces inversiones y apoyo económico para el país centroamericano.

Recién un año más tarde un tercer estado respondería al pedido de Rusia. Venezuela anunció el reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur el 10 de septiembre de 2009 en el marco de una visita de Hugo Chávez a Moscú. Durante esos años la república bolivariana y Rusia estrecharon sus relaciones a fuerza de numerosos acuerdos de cooperación en diversas áreas, ejercicios militares conjuntos y la compra de armas rusas por más de cinco mil millones de dólares. Luego del encuentro con Chávez, Medvédev dijo: “proveeremos a Venezuela con las armas que nos pida ¿Por qué no tanques? Sin dudas nosotros tenemos buenos tanques. Si nuestros amigos necesitan de nuestros tanques se los enviaremos”.

La pequeña nación insular micronesia de Nauru, con poco más de diez mil habitantes, reconoció a Osetia del Sur en diciembre de 2009. Para lograr este apoyo Moscú aportó una importante suma en materia de ayuda humanitaria. Un diario ruso publicó entonces que se trataba de 50 millones de dólares.

El caso de Osetia del Sur no es el único en que un territorio se declara independiente en forma unilateral y no logra mayor reconocimiento por parte de miembros de las Naciones Unidas. Lo mismo ha sucedido con diversos grados de apoyo en Palestina, Taiwán, Kosovo, Nagorno Karabaj, Somalilandia, Chipre del Norte, Abjasia o, más recientemente, Crimea. Países como Argentina o España tradicionalmente sostienen el principio de integridad territorial para oponerse a estas declaraciones unilaterales, pero son pocos los que mantienen posturas coherentes en casos tan comparables como Osetia del Sur y Kosovo. Cabe preguntarse entonces si Venezuela y Nicaragua, que han apoyado fuertemente a la Argentina en su lucha por restablecer el control sobre las Islas Malvinas, no han caído en una contradicción al apoyar la autodeterminación del pueblo osetio, o qué pasaría si en un territorio latinoamericano hubiera intentos secesionistas como los hubo en Bolivia en 2008, o aún una declaración de independencia concreta, como promueven algunos movimientos políticos al sur de Brasil.

El principio de autodeterminación recae en las poblaciones originarias de un territorio, lo que excluiría a los británicos en Malvinas pero no, por ejemplo, a los catalanes. Pero en algunos casos resulta algo sumamente complejo de establecer. Cuando los habitantes de Kosovo, Osetia del Sur o Crimea declararon su independencia en forma unilateral expusieron razones ligadas a conflictos étnicos y peligro para los ciudadanos. Aunque se trataba de situaciones comparables la respuesta internacional no fue coherente, dividiendo las aguas en dos sectores: OTAN y aliados de Rusia, incluyendo a Venezuela y Nicaragua. Este año el gobierno de Osetia del Sur ha anunciado un referéndum de anexión a Rusia para el 2017, muy similar al que realizó Crimea en 2014 o al que buscan diversos grupos políticos en Kosovo para unir a este territorio con Albania, y es probable que las reacciones ante tal referéndum también sean sumamente polarizadas.

Un cuarto de siglo después de la declaración de independencia de Osetia del Sur, el caso deja ver la complejidad de las relaciones internacionales, en donde el apoyo político, militar y económico suele pesar más que la coherencia.

*Escritor e historiador argentino.