Pegame… y decime populista – Por Laura Iturbide (Especial para Nodal)

El populismo en Suramérica del nuevo siglo adquiere características propias y representa uno de los dos proyectos políticos que se disputan la región, aunque con un difundido uso peyorativo del término.

Es por eso que indagando acerca del populismo, conoceremos aquellas estructuras de poder que legitiman los discursos predominantes y masivos que denigran el término.

El populismo, históricamente ha identificado a todos los procesos políticos que priorizaron la incorporación de sectores masivos de la sociedad que permanecían en la exclusión y marginalidad. Enrique Dussel en 20 Tesis de Política sostiene que es la negatividad de las necesidades, lo fundamental para gestar procesos en donde los sectores marginados –desocupados, sin tierra, pueblos originarios, mujeres y grupos víctimas del machismo, inmigrantes pobres, niñez, ancianidad, etc.- se reconocen comunes y fracturan la comunidad política conformando un bloque anti-élites políticas y económicas. (Dussel; 2006)

En nuestros días, gran parte de actores políticos, intelectuales y referentes de la opinión pública con fuerte presencia en medios masivos de comunicación, se refieren al populismo como sinónimo de autoritarismo, de demagogia, y de despilfarro de las cuentas públicas nacionales. Sabemos que el agravio y la descalificación atentan con la violencia verbal, pero además esconden estructuras y relaciones instaladas en las sociedades.

Adriana Hernández en Insultos Injurias y Agravios observa palabras de agresión en el contexto educativo para descubrir y evidenciar aquellos discursos que se construyen en todos los aspectos de la vida para los y las jóvenes. La autora analiza insultos personales e incorpora conceptos de procesos colectivos como feminismo y populismo, que utilizados como objeto de agravio, construyen posicionamientos en las discusiones sociales y políticas, legitimando y deslegitimando posiciones dicotómicas. (2015)

“Entendidos como lenguaje, los insultos/agravios/injurias pueden ser analizados en su relación con procesos de discriminación, dominación y desigualdad que remiten a relaciones sociales más complejas atravesadas por relaciones de poder.” (Hernández, 2015: 2)

El autoritarismo, se utiliza para atacar al populismo aunque es una variable fácilmente verificable. Los casos de populismo en la región en el nuevo siglo han sido procesos electorales libres y transparentes, llevados adelante en el marco de cada legislación electoral. Los resultados de las elecciones en Venezuela (1998), Brasil (2002), Argentina (2003), Ecuador (2006), Bolivia (2005)-, han sido reconocidos por todos los Estados y Organismos Internacionales. Incluso en Venezuela y Bolivia se han incluido importantes mecanismos de participación ciudadana para incrementar decisiones cívicas en circunstancias y temas específicos, a partir de reformas constitucionales.

El populismo también es acusado de demagogia, lo cual parece arremeter contra los ejes que defienden los gobiernos populistas, y la reivindicación de esos derechos que emergen tras las necesidades o demandas históricas no resueltas. Dice Laclau: “Otra forma de desestimar al populismo, como hemos visto, es relegarlo a mera retórica. Pero como también hemos señalado en movimiento tropológico, lejos de ser un mero adorno de una realidad social que podría describirse en términos no retóricos, puede entenderse como la lógica misma de la constitución de identidades políticas”(2005: 34)

Los gobiernos populistas emergidos en el siglo XXI en la región han reivindicado derechos postergados, resistidos e invisibilizados por gobiernos anteriores a partir de la ausencia de derechos en los discursos hegemónicos, en las historias oficiales, en los medios masivos de comunicación, y en la censura de los referentes políticos y sociales. Los derechos de los pueblos originarios, los reclamos sindicales, las banderas ambientalistas, y la cobertura de sectores sociales excluidos como demandas feministas, de diversidad, niñez, ancianidad y discapacidad, han sido incorporados a los programas de gobiernos populistas, en producción legislativa, en diseño e implementación de políticas públicas, y todo ello por supuesto en una reasignación de recursos presupuestarios para desarrollarlo.

Finalmente, el despilfarro y vaciamiento de recursos públicos que se adjudica al populismo puede analizarse en el crecimiento de las economías (observado a partir del PBI per cápita) junto al decreciente nivel de desigualdad, en los últimos años.

El PBI per cápita[1] según datos publicados por Banco Mundial[2] en tiempos de gobiernos populistas:

Venezuela: 97,974 mil millones en 1999 /371,337 mil millones en 2013

Brasil: 507,963 mil millones en 2002 / 1,775 billones en 2015

Argentina: 127,587 mil millones en 2003 / 583,169 mil millones en 2015

Bolivia: 9,549 mil millones en 2005 / 33,197 mil millones en 2015

Ecuador: 32,433 mil millones en 2005 / 100,872 mil millones en 2015

Observemos a continuación los datos publicados también por Banco Mundial de variación del índice de Gini[3] para conocer la reducción de la desigualdad en los populismos suramericanos:

Venezuela: 50 en 2003 – 46.9 en 2006 (falta información hasta 2013),

Brasil: 58 en 2003 – 52 en 2013,

Argentina: 53 en 2003 – 42 en 2013,

Bolivia: 58 en 2005 – 48 en 2013,

Ecuador: 54 en 2006 – 47 en 2013.

Enrique Dussel considera que luego del desarrollismo -plan fracasado en el desarrollo de las economías emergentes pero exitoso en el ingreso de los actores económicos de multinacionales-, el Consenso de Washington ingresa en la región con una fuerte reduccióndel rol del Estado para que el mercado sea el gran redistribuidor a partir de la privatización, la desindustrialización y la recesión económica.

“Ahora populismo significa toda medida o movimiento social o político que se oponga a la tendencia de globalización tal como la describe la base del Consenso de Washington que justifica la privatización de los bienes públicos de los Estados periféricos, la apertura de sus mercados a los productos del capital del centro, y que niega la priorización de los requerimientos, de las necesidades de las grandes mayorías de la población, empobrecidas por las políticas adoptadas por las dictaduras militares (hasta aproximadamente 1984)” (Dussel, 2005:4)

Si los populismos se consolidaron a partir de regímenes democráticos; representan a los sectores históricamente postergados materializando los derechos humanos de primera, segunda y tercera generación en leyes y políticas públicas y; no demuestran un deterioro de las cuentas nacionales, entendemos que los discursos hegemónicos anti populistas repudian la masividad, las inclusiones sociales y la redistribución de la riqueza.

Acceder al Estado democráticamente, para saldar las demandas de sectores sociales históricamente postergados que se agrupan preservando las diferencias y la heterogeneidad, y que se posicionan contra los neoliberalismos excluyentes de políticas recesivas, es lo que no se le perdona al populismo. Sólo que en tiempos de democracia, no puede decirse abiertamente.

Referencias

Dussel, Enrique (2005). 5 Tesis sobre Populismo. Universidad Autónoma de México (UAM), México.

Dussel, Enrique (2006). 20 Tesis de Política. Universidad Autónoma de México (UAM), México.

Hernández, Adriana (2015). Insultos, Injurias y Agravios. El Sujeto Curricular en Disputa en “Género es más que una palabra”. Compiladora Kaplan, Editorial Dávila y Miño, Buenos Aires.

Laclau, Ernesto (2005). La cuestión populista. FCE. Buenos Aires.

[1]El PBI per cápita es la sumatoria de todos los productos que se generan en un país en dólares.

[2]http://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.GINI?end=2013&locations=BO&start=1990&view=chart&year=1997

[3] El coeficiente de Gini es una de las herramientas que permite observar grados de igualdad y desigualdad de los países, considerando el 0 como total igualdad y 1 como total desigualdad. El índice de Gini, es el mismo valor multiplicado por 100 para verificar las variaciones del mismo.

*Politóloga y docente argentina