Ecuador: Monocultivo y cambio de comida – Por Fander Falconí

Irlanda, 1845. Los campesinos irlandeses no eran dueños de sus tierras, eran aparceros o lo que nosotros llamaríamos ‘huasipungueros’. Los dueños eran ingleses y lucraban del monocultivo de la isla verde: la papa. El tubérculo andino que ha alimentado al mundo (incluyendo a Rusia) alimentaba a la población irlandesa y se exportaba al resto de Europa.

Una plaga cayó ese año sobre la única variedad de papa de la isla. En pocos años se acabaron los cultivos, murieron dos millones de personas y una cantidad similar emigró a Estados Unidos. La causa: el monocultivo de una sola variedad de papa. Recuerden que en Ecuador también han caído plagas a las papas, pero la diversidad originaria andina nos ha salvado.

El monocultivo es una apuesta codiciosa que puede terminar mal. Hasta en lugares donde hay algunas variedades de un cultivo, las normas de exportación terminan por uniformizar el cultivo de una sola variedad, como en el caso del banano y la variedad Cavendish, tras la caída de la variedad Gros Michel. Ecuador conoce ese episodio muy de cerca. Y algunos lectores recordarán la novela del guatemalteco Asturias El Papa Verde.

Esta desgracia de los países bananeros, por la fragilidad que implica, se explica en un ya comentado artículo del diario homónimo del nuestro (The Telegraph) de Inglaterra (The secret history of bananas, and what it tells us about climate change). Hoy en Londres hay cultivos de toda clase, como si fuera un museo viviente de las especies de plantas, en los jardines botánicos de esa ciudad.

Otro caso: el café. Los grandes mercaderes del café, tras tumbar las exportaciones brasileñas alrededor de 1930, encontraron otros lugares de América donde establecer enormes monocultivos de café, en especial en Colombia y Centroamérica. Por supuesto que eso no le quitó el primer puesto de país cafetero a Brasil, y no solo por sus extensísimos cultivos. Pero el mercadeo se encargó de promocionar el café más suave y más aromático: el de la variedad arábiga. ¿Cuánto tiempo más le queda a ese café en las mesas de estadounidenses y europeos?

Como su nombre lo indica, esta viene de la península arábiga y de Etiopía. Tierras altas y calientes, pero no tanto como las de la otra variedad (que mezclada con la arábiga da el sabor fuerte al café brasileño y ecuatoriano): robusta. La variedad robusta del café es originaria del centro de África y soporta calores extremos. Ahora bien, con el acelerado calentamiento global, ¿cuál variedad creen que sobrevivirá?

Debemos empezar a experimentar con las variedades vegetales que mejor resistan al cambio climático y a guardar semillas de todo. Los verdaderos tesoros deben guardarse en los bancos de semillas o de germoplasma. Quienes conservan riqueza agroecológica y diversidad genética deben ser reconocidos en una sociedad, no quienes acumulan riqueza económica y poder (menos del 1% de la población). Hasta podríamos revisar el tipo de dieta, así como productos que hoy se suelen despreciar, como los nabos. De lo contrario, el cambio climático nos tomará de sorpresa.

(*) Fander Falconí Benítez, es un economista, académico y político ecuatoriano.