Uruguay: ofrecen degustaciones a turistas en clubes cannábicos de Punta del Este

Las “degustaciones” se ponen de moda en los exclusivos clubes cannábicos de Punta del Este

“Acá no se compra ni se vende marihuana: se convida. Se catan como en una degustación de vinos, algunas de las 27 variedades genéticas de cannabis que se cultivan.” El que informa sobre la novedad es el emprendedor Alexander “Sasha” Hauptmann, mientras muestra las amplias instalaciones de su flamante club social a la altura del balneario La Caracola: el José Ignacio Social Club. Así comienza un artículo del dario argentino La Nación sobre los clubes cannabicos en Puna del Este y como crece un negocio que cada vez mueve más dinero.

José Ignacio Social Club es una chacra marítima de cinco hectáreas de campos quebrados, donde pastorean vacas y caballos, que también alberga en ese predio uno de los 120 clubes cannábicos que hoy se esparcen por Uruguay, abierto sólo a socios charrúas.

Austríaco, residente en Buenos Aires, junto con socios locales, Sasha Hauptmann impuso este verano el “turismo sensorial” para extranjeros. Copió la modalidad de los tours cannábicos que desde hace dos años se ofrecen en Montevideo y le sumó servicios premium. No sólo por la calidad orgánica de Cannabis sativa e indica que se convida en los tours. También por las actividades recreativas que ofrece la sede social: pileta, cancha de fútbol, cabalgatas, DJ, tragos de autor y platos gourmet preparados por un chef italiano.

La gran piscina del club acoge a una veintena de socios europeos, estadounidenses, argentinos, brasileños y uruguayos entregados al desprejuiciado ocio veraniego. Todos fuman la marihuana proveniente de seis plantas, que autocultiva en la sede uno de los socios uruguayos. De esa manera, los extranjeros sortean las limitaciones de la ley 19.172. La clave radica en la acción de convidar. Y es ese atajo también el que les franquea a los extranjeros la posibilidad de interiorizarse sobre el mundo cannábico y visitar el club contiguo: un invernadero con tecnología de punta que alberga 99 plantas con 27 variedades de Cannabis sativa e indica en proceso de floración.

La uruguaya Camila Giannastasio es la secretaria del club cannábico, que cuenta con 16 socios que pagan una membresía anual de US$ 800 y el derecho de obtener 40 gramos mensuales de las 27 variedades cultivadas, que cuestan de US$ 6 a US$ 12 adicionales el gramo, dependiendo de la genética. En marzo obtendrá su primera cosecha y para entonces aspiran a completar las membresías a 45 socios.

A 30 kilómetros de allí, en La Barra, Humos del Este es uno de los 33 clubes cannábicos organizados como asociaciones civiles sin fines de lucro ya aprobados en Uruguay por el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca). Lleva funcionando ya tres temporadas, tiene su cupo completo, una lista de espera de 10 aspirantes y una producción de 21,600 kilos de marihuana al año en 12 variedades.

“El 40% de los miembros son mujeres y aquí se paga una cuota mensual de US$ 280 que permite retirar 40 gramos mensuales o 480 gramos anuales a cada socio”, cuenta su presidenta, Carolina de los Santos.

El club, una casa cerca de la laguna de La Barra, luce como una fortaleza. Está monitoreado por cámaras de seguridad y circuito cerrado de TV remoto, y vigilado por un californiano, Sky, que también oficia de cultivador y responde a un director técnico responsable de la producción.

“Todos los veranos -dice Carolina- tengo que adoptar una actitud de perro bulldog. Los turistas de todas las nacionalidades tocan timbre y preguntan si pueden comprar. La respuesta es siempre la misma: «No, éste es un club para socios». También preguntan si elaboramos aceites y me cuentan que lo necesitan para un familiar.” Desde su apertura, Humos del Este recibió tres fiscalizaciones del Ircca, que revisó las plantaciones, la seguridad y los registros de los retiros de los socios.

Oliver Cano, miembro fundador del club y promotor de los Punta High Tours, a través de una alianza con una agencia turística local, AGT, asegura que la regulación del cannabis aportó aspectos positivos para los 55.200 consumidores habituales de cannabis, según cifras oficiales. Respecto de los tours para extranjeros, señala que las degustaciones y catas “se emparientan con el mundo del vino”. Para los neófitos, supone canalizar un interés en los procesos de cultivo con semillas o esquejes con información correcta. “Hay gente que jamás vio una planta, cree que lo que se fuma es la hoja y no la flor”, explica.

Gabriel Montiel limpiaba baños en la Península cuando llegó desde Montevideo. Hoy es el presidente del Club Cannábico Punta del Este, el primero en abrirse en Maldonado. Ya patentó su propia genética, con sabor a naranja, que se ha alzado con varios premios en certámenes regionales.

Abre el club a visitantes y degustaciones sólo por recomendaciones de amigos. “No me interesa lucrar con los tours. Un inversor me ofreció este verano US$ 300.000 por la patente de nuestra genética y la rechacé, porque estoy arriba de un negocio de US$ 6 millones a partir de la extracción de cristales para aceite medicinal con las semillas que nosotros mismos creamos”, cuenta.

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